Sobre el informe del Defensor del Pueblo

La Iglesia es bien consciente hoy de que los abusos sexuales son, además de un pecado grave, un delito que debe ser castigado en el foro canónico y que debe colaborar con las autoridades judiciales de los Estados para su investigación y resolución también en el foro civil.

4 de noviembre de 2023·Tiempo de lectura: 2 minutos
abusos

A propósito del informe del Defensor del Pueblo sobre abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia, y, sobre todo, en relación a las extrapolaciones que se han realizado a partir de los datos que presenta la encuesta de GAD3 adjuntada al informe, sólo deseo exponer estas tres consideraciones:

Primera: la Iglesia –fieles laicos, religiosos, jerarquía– quiere y busca sólo la verdad, el amor y la justicia. La verdad consiste en hechos, no en “estimaciones” demoscópicas, que suscitan perplejidad, alarma social, descrédito, vilipendio y grave peligro de difamación, en un asunto tan doloroso y delicado para todos. Gracias a Dios, hay mucha gente, tanto fuera como dentro de la Iglesia, que no se deja llevar por este tipo de especulaciones. 

Segunda, la Iglesia mira a las víctimas y sólo desea escuchar, sanar y reparar, en la medida de lo posible, sus heridas. Son hijos e hijas suyos, que han sufrido una grave injusticia y que les ha condicionado muy dolorosamente la vida entera. La Iglesia desea tratarlos con el amor de Jesucristo. Pide y ha pedido perdón repetidamente por actuaciones pasadas de algunos de sus hijos, que no supieron ver y valorar la gravedad e injusticia que se cometía sobre víctimas inocentes. La Iglesia es bien consciente hoy de que los abusos sexuales son, además de un pecado grave, un delito que debe ser castigado en el foro canónico y que debe colaborar con las autoridades judiciales de los Estados para su investigación y resolución también en el foro civil. 

Tercera, la Iglesia mira también con piedad y dolor a los victimarios, ayudándoles -salvaguardando siempre la presunción de inocencia, mientras no se pruebe el delito– a que asuman su dolorosa rehabilitación. Ellos son también sus hijos y desea que, en la medida de lo posible, lleguen a una sanación personal y a una reparación de las víctimas. 

La luz y la vida de la Iglesia es el Evangelio, que nunca puede ir de la mano de la injusticia y de la falta de amor y de verdad.  

El autorCelso Morga

Arzobispo de la diócesis de Mérida Badajoz

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