San Ignacio de Loyola y el multitasking

En nuestro mundo tan frenético y que busca el mayor rendimiento posible, el multitasking nos da una sensación falsa de eficacia y hasta de importancia. Pero, en realidad, nos vamos configurando como personas con menos capacidad de concentración y de interioridad.

22 de enero de 2023·Tiempo de lectura: 2 minutos
multitask

Hoy se presenta el multitasking, el hecho de realizar varias tareas al mismo tiempo, como una capacidad positiva que mejora el rendimiento de nuestro trabajo. Algo que, supuestamente, a los jóvenes, por su estrecha relación con la tecnología, les resultaría más fácil que a las anteriores generaciones.

Así podemos ver a personas que están en una reunión, pero a la vez están respondiendo mensajes de whatsapp por su teléfono móvil o contestando a correos electrónicos. Asisten a clase, pero además están revisando algunas de sus redes sociales. Están charlando contigo y sacando fotos para alimentar sus perfiles.

La pregunta obvia es si realmente las personas podemos hacer bien varias tareas a la vez. Los científicos apuntan a que no. René Marois, experto en neurociencia, señala que «nuestro cerebro no maneja bien situaciones de multitasking. En cuanto dos tareas necesitan nuestra atención, la productividad se resiente».

Así es. En realidad, con la multitarea lo que hacemos es o bien realizar una de esas tareas de manera automática, o bien pasar de una a otra tarea, conectando y desconectando constantemente. Esto, lejos de mejorar nuestro trabajo tiene una serie de consecuencias negativas: una menor eficacia, el empeoramiento de la memoria, mayor riesgo de errores, aumento del estrés…

Es una forma de trabajar, y de relacionarnos, que nos da la sensación de eficacia, de estar aprovechando el tiempo, pero en realidad lo que hace es descentrarnos y fragmentarnos. Justo lo contrario a lo que nuestra psicología y nuestro espíritu necesitan.

San Ignacio de Loyola acuñó aquella frase de ‘haz lo que haces’ y que podría repetírnosla a los hombres y mujeres del siglo XXI con mayor actualidad. Realizar solo una tarea y entregarse a ella con toda el alma es la mejor manera de realizarla correctamente. Una idea que, de una manera u otra, está en las diferentes tradiciones culturales y religiosas. La concentración, vivir el momento presente, hacer lo que haces… son versiones distintas de esa unidad de mente y acción.

En nuestro mundo tan frenético y que busca el mayor rendimiento posible, el multitasking nos da una sensación falsa de eficacia y hasta de importancia. Pero, en realidad, nos vamos configurando como personas con menos capacidad de concentración y de interioridad. Y justo por ello nos hacemos menos reflexivos y críticos. Funcionamos en gran medida por estímulos externos.

Todo esto tiene una consecuencia también en la dimensión espiritual y en nuestra relación con Dios. Nos cuesta concentrarnos, y por ello, la oración se hace un ejercicio arduo. Necesitamos de estímulos externos que muevan nuestra sensibilidad, pero nos es difícil entrar en un diálogo interior con quien habita en nosotros que es, como decía san Agustín en las Confesiones ‘más interior que lo más íntimo mío y más elevado que lo más sumo mío’. Dios habita en nuestro interior que es donde podemos encontrarle.

No es un mal propósito de año nuevo acoger el consejo del militar guipuzcoano y hacer, sencillamente, aquello que debemos hacer. Y hacerlo bien. Una tarea detrás de otra. Esperando su turno.

Y sin empujar.

El autorJavier Segura

Delegado de enseñanzas en la Diócesis de Getafe desde el curso 2010-2011, ha ejercido con anterioridad este servicio en el Arzobispado de Pamplona y Tudela, durante siete años (2003-2009). En la actualidad compagina esta labor con su dedicación a la pastoral juvenil dirigiendo la Asociación Pública de Fieles 'Milicia de Santa María' y la asociación educativa 'VEN Y VERÁS. EDUCACIÓN', de la que es Presidente.

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