Salmones a contracorriente

Si no queremos traicionar a nuestros jóvenes, sabemos que hemos de pedirles que den lo mejor de sí mismos, que no se conformen con la mediocridad, que ellos naden también contracorriente.

2 de junio de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
salmones
Foto: Unsplash

El educador debe tener auténticamente alma color salmón. Porque, más que nunca, hoy la educación es un constante nadar contra corriente, río arriba, como hacen los salmones. Creo que esta sensación la compartimos todos los educadores. Profesores, padres, madres de familia…sentimos muchas veces que vamos a contracorriente al educar a los jóvenes. Y no pocas veces nos asalta la tentación de ceder, de dejarnos llevar por la corriente, que es ciertamente más fácil.

Educamos a contracorriente de la sociedad en la que vivimos. Sus parámetros no tienen nada que ver con los del evangelio. Vivimos en un mundo autosuficiente, consumista, hedonista, con una antropología que rechaza que haya una naturaleza humana, viviendo al margen totalmente de Dios. Todavía quedan algunos resquicios de lo que fue una sociedad cristiana, pero cada vez más débiles, apenas sustentan una civilización que se derrumba por momentos. Una nueva cultura, al margen de las fecundas raíces del cristianismo, impregna todo nuestro ambiente.

Vivimos en un mundo autosuficiente, consumista, hedonista, con una antropología que rechaza que haya una naturaleza humana, viviendo al margen totalmente de Dios.

Javier Segura

A contracorriente de la pedagogía actual. También sus principios son lejanos a los que proponemos nosotros. Es el niño el autor de su propio ser, el que construye su vida, sin más referencia que su propia libertad. El educador pasa a un plano secundario, casi como mero observador de ese proceso. La naturaleza del niño es buena y no hay que interferirla. No hay ni atisbo de algo parecido al pecado original. Todo es lúdico. El esfuerzo, el trabajo, la propia responsabilidad, el fracaso, quedan al margen. Y un igualitarismo sofocante quiere anegarlo todo.

Y también nadamos a contracorriente del propio ser del joven. Porque sus pasiones le inclinarán a lo fácil. Y la dispersión en la que vive, fruto de esta sociedad de la imagen, de lo inmediato, le hará más difícil afrontar un trabajo serio, a veces duro, que no tiene frutos inmediatos. Sencillamente, crecer es gozoso, pero no necesariamente agradable. A veces duele.

Y, sin embargo, si no queremos traicionar a nuestros jóvenes, sabemos que hemos de pedirles que den lo mejor de sí mismos, que no se conformen con la mediocridad, que ellos naden también contracorriente. Que sean jóvenes con el alma color salmón.

Hay un bello poema de Pedro Salinas, ‘Tu mejor tú’,  que nos recuerda lo que es verdaderamente amar. Ese amor del que participa el educador.

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.

Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.

Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.

Y que a mi amor entonces le conteste
a nueva criatura que tú eras.

Es verdad, los educadores contamos con un poderoso aliado, por muy mal que esté el mundo, por desastre que sea la pedagogía actual, por mucho que las pasiones asalten al joven. Ese aliado es su propio corazón y sus ansias de verdad, belleza y bien. Hay que bucear en diálogo profundo con cada joven y ayudarle a descubrir que no llena el deseo de amor todo lo que le ofrece el mundo. Que aspira a más, a mucho más. Más, más y más.

Hay que bucear en diálogo profundo con cada joven y ayudarle a descubrir que no llena el deseo de amor todo lo que le ofrece el mundo.

Javier Segura

Y el otro gran aliado es Dios mismo. Educamos contracorriente, pero Dios es el padre de cada joven, y le ama con un amor entrañable. Él es el más interesado en salvar a su hijo, en que llegue a la plenitud para la que él le soñó. Y por eso se va a emplear a fondo. No le van a faltar ni su cuidado providente ni su gracia.

Educamos contracorriente, sí. Habrá trabajo, habrá pelea. Pero esta batalla la hemos ganado ya.

El autorJavier Segura

Delegado de enseñanzas en la Diócesis de Getafe desde el curso 2010-2011, ha ejercido con anterioridad este servicio en el Arzobispado de Pamplona y Tudela, durante siete años (2003-2009). En la actualidad compagina esta labor con su dedicación a la pastoral juvenil dirigiendo la Asociación Pública de Fieles ‘Milicia de Santa María’ y la asociación educativa ‘VEN Y VERÁS. EDUCACIÓN’, de la que es Presidente.

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