TribunaJosé Carlos Martín de la Hoz

Los primeros 500 años del Evangelio en Filipinas

En 1521, hace quinientos años, se celebró en Filipinas la primera Misa, y comenzó un proceso de evangelización que produciría grandes frutos, tanto en ese país como en otros lugares de Asia y de todo el mundo. El autor explica el significado histórico de esta fecha.

1 de mayo de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos

El 31 de marzo de 1521, domingo de Pascua, se celebró la primera misa en Filipinas, y desde entonces la Palabra de Dios se ha ido extendiendo por aquellas islas, a las sucesivas generaciones y en las tierras del lejano Oriente, hasta el día de hoy. Se han cumplido a la letra las palabras de la Sagrada Escritura: “Por sus frutos los conoceréis” (Lc 6, 43), pues no solo existen comunidades fieles de filipinos en el archipiélago, sino por el mundo entero, evangelizando tantas naciones con su ejemplo y su palabra. 

El Papa Francisco ha querido unirse a la alegría de toda la Iglesia con una solemne celebración eucarística en la basílica de san Pedro, el 14 de marzo. En la homilía quiso destacar dos grandes rasgos de aquella tarea evangelizadora, que involucró a toda la Iglesia en España.

En primer lugar, se refirió a la alegría y a la confianza en Dios como parte del Evangelio de Jesucristo, que han arraigado en el alma del pueblo filipino: “Habéis recibido la alegría del Evangelio: que Dios nos ha amado tanto que dio a su Hijo por nosotros. Y esta alegría se ve en vuestro pueblo, en vuestros ojos, rostros, canciones y oraciones”. Inmediatamente, señaló cómo la llamada de Jesucristo a predicar a todas las gentes encontró pronto eco en el pueblo filipino, que desde el principio se convirtió en el pueblo misionero de Asia, y expresó así su agradecimiento: “Quiero daros las gracias por la alegría que traéis al mundo entero y a las comunidades cristianas”

(CNS photo/Cristian Gennari)

Hubo dos hechos muy significativos en la ceremonia de la basílica de San Pedro: los representantes de la Iglesia en Filipinas peregrinaron a Roma con el Santo Niño de Cebú y con la cruz procesional que llevó a las islas Magallanes. Precisamente, la evangelización de esas islas se caracterizó por el impulso de las devociones y de la piedad popular: advocaciones de la Virgen en todas las ciudades, a san José, a los santos, así como la constitución de cofradías. Respecto a la cruz procesional de Magallanes, se trata de es un gesto de agradecimiento a España y, en concreto, al Patronato de Indias, que movilizó los medios materiales y las personas para llevar la fe a Filipinas mediante el envío de misioneros del clero regular y secular, y de obras de arte, retablos, orfebrería, para decorar dignamente los primeros templos cristianos, así como la construcción de hospitales, orfelinatos y asilos para ancianos. Asimismo, el nombre de Magallanes recuerda a los marinos españoles que dirigieron las naves hasta aquellas apartadas tierras y que, gracias a Legazpi y Urdaneta, encontraron las corrientes marinas que permitieron abrir una ruta marítimas desde México a Manila en 1565.

Desde entonces, la evangelización cobró un nuevo impulso y fueron llegando misioneros de diversas órdenes religiosas desde España, vía México: los agustinos, que en 1572 ya habían edificado en Manila su primer convento; y, en 1579, los franciscanos. En 1579 se erigió en Manila la primera sede episcopal y fue consagrado el primer obispo del archipiélago, el dominico Fray Domingo de Salazar. 

Finalmente, llegaron los jesuitas al archipiélago. A finales del siglo XVI ya había casi quinientos misioneros de diversas ordenes trabajando junto a sacerdotes del clero secular. El método evangelizador que siguieron fue el mismo que se había puesto en marcha en América años atrás: el llamado de los doce apóstoles, consistente en aprender la lengua de los nativos y sus costumbres e, inmediatamente, hablarles en directo de Jesucristo y su doctrina salvadora, para finalmente invitarles a creer en Él y, en caso positivo, prepararse para recibir el bautismo, y luego los demás sacramentos. A mitad del siglo XVII había en Filipinas dos millones de cristianos nativos.

El Papa Juan Pablo II recogía en 1987, en su Exhortación Pastoral Redemptoris missio, los diversos pasos de la evangelización hasta la implantación de la Iglesia diocesana, la aplicación de los Decretos Tridentinos, la puesta en marcha de los Sínodos diocesanos y de los primeros Seminarios diocesanos. 

Los altos cargos que gobernaban aquellas tierras -virreyes, presidentes de las Audiencias, gobernadores- eran seleccionados por el Consejo de Indias entre personas honradas y de buen nivel intelectual y, pasados unos años, regresaban a España tras someterse al llamado juicio de residencia. Gracias a estos mecanismos y a otras experiencias incorporadas a las leyes de Indias hay que reconocer que fue una colonización mucho menos controvertida que la americana.

Por otra parte, las leyes de Indias se aplicaban según el espíritu del testamento de Isabel la Católica, y se trataba a los nativos como verdaderos hombres libres y súbditos de la corona de Castilla, evangelizados según requerimiento de la donación del Papa Alejandro VI en las Bulas Inter Coetera de 1503 a los Reyes Católicos. Finalmente, otro hito en la evangelización de Filipinas, en continuidad con la de América, fue la pronta erección (1611) de la Universidad de Santo Tomás de Manila, una señal de la importancia que se daba a la educación universitaria y a la alfabetización.

El autor

José Carlos Martín de la Hoz

Miembro de la Academia de Historia Eclesiástica de Madrid.

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