La fe en la cultura del siglo XXI

Ante una sociedad donde el catolicismo ha dejado de ser una fuerza cultural influyente, los cristianos estamos llamados a esforzarnos por inculturar la fe cristiana en el mundo. 

9 de diciembre de 2021·Tiempo de lectura: 2 minutos
Joven leyendo en público.

La cultura del siglo XXI parece sometida a una inercia que la va alejando del cristianismo. Mantiene, ciertamente, en países de tradición cristiana como España unos vínculos que se manifiestan en fiestas y tradiciones populares. Sin embargo, la fe no es, como en otros tiempos, motor de creación cultural, intelectual o artística. Lo cual es particularmente preocupante, si se recuerda aquel pensamiento de san Pablo VI que también hizo suyo Juan Pablo II: “Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida”. La fe aspira a encarnarse en la cultura, a alentar un ecosistema moral también más humano.

Como recientemente subrayaba el catedrático de la Universidad de San Diego Steven D. Smith en su ensayo Pagans and Christians in the City, el hábitat espiritual dominante en Occidente es un nuevo paganismo inmanentista. La teoría crítica en sus distintas versiones (incluido el movimiento woke) propone una pseudo religión gnóstica, con nuevos pecados originales, dogmas y cultos, cuyo objetivo es el desmantelamiento de toda una civilización. ¿Puede sobrevivir el occidente de raíces cristianas a este reto, o está condenado a morir como presagiaba Oswald Spengler?

Es difícil adivinar el futuro. Además, el cristianismo no está irremediablemente vinculado a ninguna civilización. Sin embargo, no es menos cierto que en estos primeros años del siglo XXI se han formulado propuestas esperanzadoras respecto del papel que el cristianismo juega en un renacimiento cultural de Occidente.

Rob Dreher en su Opción Benedictina propone un modelo que marca distancias del mundo paganizado para preservar una recia identidad frente a la hostilidad circundante, comunidades fuertes que viven a contracorriente. Por su parte, Benedicto XVI retomaba tiempo atrás la idea de las “minorías creativas” integradas por creyentes y no creyentes que encuentran en el cristianismo (la religión del Lógos) una fuente de inspiración de primer orden para revitalizar la cultura. En fin, en algunos círculos intelectuales americanos se ha formulado otra opción inspirada en las enseñanzas de san Josemaría: The Escrivá Option. En un escrito fechado en 1934, este santo comparaba a los cristianos corrientes con una “inyección intravenosa, puesta en el torrente circulatorio de la sociedad”, una transformación sanadora desde dentro. Eso sí: una transformación que sale de una fuerte vida espiritual y una formación intelectual profunda y exigente.

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