La Cuaresma os hará libres

La Cuaresma nos pone ante esas cositas pequeñas: el cafecito, el cigarrito, la comprita…. que son poca cosa materialmente, pero quizás, resulten ataduras más fuertes que una cadena.

16 de febrero de 2021·Tiempo de lectura: 2 minutos

Este miércoles comienza la Cuaresma 2021, aunque muchos tenemos la sensación de no haber salido aún de la Cuaresma 2020. Ésta trajo consigo las más exigentes prácticas ascéticas que ninguno hubiéramos imaginado nunca que nos pudiera imponer un Gobierno. Tras semanas confinados en nuestro domicilio, como modernos estilitas, se nos permitió salir con el cilicio de la mascarilla, aunque con la prohibición de tocarnos y besarnos y de acudir a bares y restaurantes, además de la obligación de realizar numerosas abluciones hidroalcohólicas.

Las medidas de contención frente al Covid-19 son un desierto de privaciones que todos hemos aceptado en beneficio de nuestra salud corporal y de la de quienes nos rodean. Sufrir un poco no está mal si lo que se pretende es proteger la vida. Pero ¿y la vida eterna? ¿Merece la pena cuidarla?

La Cuaresma nos ayuda a descubrir las cadenas que nos atan a los pequeños placeres del día a día, al cafelito, a la cervecita, al cigarrito

La Cuaresma nos recuerda cada año que sí, que la salud espiritual, como la corporal, requiere cuidado y mantenimiento. Es un tiempo de penitencia, de oración, de ayuno, de limosna… Un tiempo de renuncias que no las busca en sí mismas sino en vistas a un bien mayor: dar solemnidad a la Pascua, la fiesta en la que celebramos la liberación de la esclavitud de Egipto, la victoria de Cristo sobre Faraón.

Y es que, ¿cómo celebrar la libertad sin saber que somos esclavos? La Cuaresma nos ayuda a descubrir las cadenas que nos atan a los pequeños placeres del día a día, al cafelito, a la cervecita, al cigarrito…. Los nombramos en diminutivo, pero son gruesos sus grilletes. ¡No digamos la cartillita de ahorros!

El ayuno y la limosna vienen en nuestra ayuda como un reto de autoevaluación ¿seré capaz de renunciar a mis gustos, a mi dinero? ¿seré capaz de ver al pobre, no como un objeto molesto sino como un hermano que sufre y me necesita?

La oración más intensa nos hará salir de nuestro ego para ponernos en presencia del gran Ego –Ego sum qui sum (Yo soy el que soy (Ex 3, 14))– y darnos cuenta de nuestra pequeñez ante el misterio del que Es eterno, del amor infinito. Estos cuarenta días nos desvelarán que vivimos condenados a entregárnoslo todo y que necesitamos la libertad verdadera para poder llegar al otro, para poder amar. 

En su mensaje para esta Cuaresma, el papa Francisco afirma que, «en el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación». ¿No es estupendo un poco de rock and roll entre tanta aburrida balada en que los hombres y las mujeres de hoy hemos convertido nuestra autocompasiva existencia en medio de la pandemia? Esperar en Dios, confiar en que Él nos sacará de esta como sacó al pueblo de Israel llevándolo a la Tierra Prometida, vivir este tiempo de desierto conscientemente, no como una imposición, no como el último decreto anticovid, sino como experiencia de encuentro con Dios; nos hará auténticamente libres.

Es tiempo de creer, de esperar, de amar. Es tiempo de libertad. 

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos “hilos” en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

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