Firmas invitadasÁlvaro de Juana

Los nuevos ‘Teóforos’ de 2021

¿Cuál es la identidad del cristiano? Ser ‘teóforos’, ‘portadores de Dios’, que iluminaban a la sociedad entera y cuya fe llevaban hasta el extremo. 

5 de abril de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
cristianos teoforos
Foto: Diego Ph/ Unsplash

Es un paso, o un salto, pero uno de esos que marcan profundamente. De la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, de Egipto a la Tierra Prometida. Eso es lo que, en definitiva, significa “Pascua”, que viene del hebreo “Pésaj”. Y en eso se resume, o se debería resumir, la experiencia del cristiano.

La propia vida del cristiano, la de todos los cristianos. O al menos es a lo que se debería aspirar. Porque la meta a la que estamos llamados y nos invita la Iglesia cada Pascua es la vida eterna. El anuncio de la Buena Noticia, el Kerygma se nos presenta estos días de forma concreta en este tiempo litúrgico con una invitación concreta a “ir a Galilea”, es decir, a evangelizar y a testimoniar que hemos dado ese salto a la vida y a la libertad que nos ofrece la muerte y la resurrección de Cristo.

Habrá quien piense que no estamos para pascuas, que la pandemia tienetodavía muchos coletazos que dar y mucho con lo que golpear. Y seguramente no se equivoque. Pero, por eso, mismo es urgente ser conscientes de lo que significa. De lo que conlleva que Cristo haya resucitado y esté vivo. Como ha dicho el Papa Francisco en la Vigilia Pascual de este año, la resurrección de Cristo “nos invita a empezar de nuevo, a no perder nunca la esperanza”. En la homilía de la Vigilia del año pasado lo dijo de otro modo: “en esta noche conquistamos un derecho fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza; es una esperanza nueva, viva, que viene de Dios. No es un mero optimismo, no es una palmadita en la espalda o unas palabras de ánimo de circunstancia, con una sonrisa pasajera”.

Los problemas no desaparecerán como por arte de magia, el sufrimiento seguirá ahí y la enfermedad y la muerte quizás nos toquen de cerca. Los efectos de la crisis quizás se recrudezcan y la inestabilidad política y social seguirá alcanzando cuotas máximas. Pero todo ello es posible elevarlo a una nueva dimensión. Es posible ‘caminar sobre las aguas’. Así al menos lo han testimoniado a lo largo de la historia millones de cristianos en todo el mundo. Así lo hicieron los primeros cristianos. Así lo demostraron los cristianos perseguidos en la Iglesia primitiva, y también lo hacen los perseguidos por su fe en la actualidad.

Una de las obras maestras más destacadas de la apologética cristiana, escrita posiblemente en el siglo II, es la Carta a Diogneto en la que se ofrece una radiografía precisa de lo que significa ser cristiano: “Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble”.

Y continúa: “Viven en la carne, pero no según la carne. Viven en la tierra, pero su ciudadanía está en el Cielo. Obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida”. 

Es decir, los cristianos eran verdaderos ‘Teóforos’, ‘portadores de Dios’, que iluminaban a la sociedad entera y cuya fe llevaban hasta el extremo. 

¿Es posible volver a esta fe de los primeros cristianos? La Pascua es una nueva ocasión de enarbolar la bandera de una esperanza basada en el acontecimiento por excelencia del hombre: la resurrección de Cristo. Y así los cristianos de 2021 se transformará en los nuevos ‘Teóforos’ de una sociedad que necesita embalsamar sus heridas.

El autor

Álvaro de Juana

Periodista y presentador de TRECE. A lo largo de su amplia trayectoria ha trabajado y colaborado en diferentes medios como el Alfa Omega, la revista Misión o la revista Vida Nueva. Ha sido corresponsal en Roma para ACIPrensa y EWTN, así como para La Razón, diario en el que también cubrió información social y política de Italia.

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