Elogio de la excelencia

La opción por una educación que reniega de la exigencia y del esfuerzo traerá, inevitablemente, un descenso en el nivel educativo de los alumnos, con todo lo que ello implicará para la sociedad del futuro.

4 de abril de 2022·Tiempo de lectura: 3 minutos
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El Gobierno acaba de aprobar los Reales Decretos en los que se regulan las enseñanzas de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). A la prensa ha saltado el tema por lo más pintoresco, como es la desaparición de un estudio cronológico de la Historia, o la tan manida educación emocional y feminista que ha de impregnar todas las áreas, incluyendo el estudio de las matemáticas con perspectiva de género. También se ha subrayado repetidamente la sangrante desaparición de estudios filosóficos en la ESO y la mengua hasta la inanición de la asignatura de Religión.

Cada uno de estos aspectos son vitales y merecen la pena ser tenidos en cuenta a la hora de analizar la presente reforma pedagógica. Pero hay un aspecto que subyace a toda la ley y que tiene un gran calado social. Es la opción por una educación que reniega de la exigencia y del esfuerzo, que inevitablemente traerá un descenso en el nivel educativo de los alumnos, con todo lo que ello implicará para la sociedad del futuro.

El que no se indique un número de suspensos máximo (dos hasta ahora) para que un alumno pueda pasar de curso, no es algo anecdótico. Ahora es el claustro el que decidirá si promociona  de curso a pesar de tener el número de suspensos que sea. Obviamente a las familias y a los alumnos les queda claro que la ley lo permite y que el ‘culpable’ de que no promocione no será el alumno por no estudiar, sino el centro, los profesores por no permitirlo, estando en su potestad el poder hacerlo. En la misma línea discurren los eufemismos por los que un alumno no ‘repetirá’ curso sino que ‘permanecerá’ en él.  O la eliminación de exámenes de recuperación.

En el fondo hay una mentalidad pedagogicista de no estigmatizar al alumno. A ello le  acompaña un planteamiento social que es altamente preocupante, que es el del que nadie asume la responsabilidad de lo que hace. Los culpables siempre son otros. Quien me tiene que resolver los problemas siempre es otro. En última instancia, por supuesto, ese otro que ha de velar por mi bienestar es el Estado.

Adulto es aquel que asume la responsabilidad de lo que hace. Pero parece ser que vivimos en una sociedad de adolescentes y que ese modelo se perpetuará con esta propuesta educativa.

Vamos hacia una sociedad cada vez más distanciada entre las personas que hayan recibido dos tipos de educación.  Por un lado nos encontraremos con los que opten por una educación que con esfuerzo les haga sacar a los jóvenes lo mejor de ellos  mismos, que forme hombres libres, autónomos, adultos. Y por otra parte una educación basada en un igualitarismo a la baja que les haga quedarse en su mediocridad,  que es la propuesta de nuestros actuales dirigentes en esta reforma educativa.

Habrá colegios que acojan una petición esos padres que buscan la exigencia y el esfuerzo para sus hijos, y otros que, forzados por el Gobierno  con sus equipos de inspección a la cabeza, que optarán por una educación en la que todos pasen de curso, en la que no pase nada.

Con Pedro Salinas no puedo sino recordar que quien ama, el buen educador, no se conforma con la mediocridad de la persona amada, sino que quiere que saque la mejor versión de sí misma, aunque le cueste, aunque le duela.

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.

Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.

Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.

Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.

Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eres.

Pedro Salinas. La voz a ti debida. 1933

El autorJavier Segura

Delegado de enseñanzas en la Diócesis de Getafe desde el curso 2010-2011, ha ejercido con anterioridad este servicio en el Arzobispado de Pamplona y Tudela, durante siete años (2003-2009). En la actualidad compagina esta labor con su dedicación a la pastoral juvenil dirigiendo la Asociación Pública de Fieles ‘Milicia de Santa María’ y la asociación educativa ‘VEN Y VERÁS. EDUCACIÓN’, de la que es Presidente.

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