Editorial

Vocaciones sacerdotales. Formar pastores misioneros

Omnes·1 de marzo de 2020·Tiempo de lectura: 2 minutos

El mes de marzo tiene una marca de referencia para las vocaciones sacerdotales, puesto que el Día del Seminario se celebra cada año en la solemnidad de san José. El Santo Patriarca es patrono de la Iglesia universal, y en torno a su fiesta se cultiva en todas partes la oración por las vocaciones y se promueve la posibilidad de la llamada entre los jóvenes. Es también la fecha en que suelen publicarse los datos relativos a número de candidatos al sacerdocio y de ordenaciones en las diferentes diócesis. Son datos interesantes y pueden señalar alguna tendencia, aunque el simple número no es lo más importante, y las variaciones pueden deberse a condiciones circunstanciales y habrían de ponerse en relación con otros indicadores como práctica religiosa, de evolución demográfica, etc. 

Una relevancia decisiva tiene, sin duda, el esfuerzo que requiere una adecuada formación de los llamados al sacerdocio, ajustada tanto a las exigencias intrínsecas del sacerdocio como a las necesidades de cada tiempo y a la misión que han de cumplir los sacerdotes. Tiene relación directa, en consecuencia, tanto con lo que el Papa Francisco en la exhortación apostólica Querida Amazonia señala como “lo más específico del sacerdote, aquello que no puede ser delegado”, el Orden sagrado, que lo configura con Cristo sacerdote, al servicio de la santidad de los fieles, como con la dimensión misionera de la vida sacerdotal (cfr. Querida Amazonia, nn. 89 y 90, sobre el marco señalado por Evangelii Gaudium, n. 27: “La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad”).

Este número recoge dos textos relativos a la formación sacerdotal. El primero se refiere a la dimensión misionera, a la que el nuevo Plan de formación sacerdotal para los seminarios españoles alude en el n. 3: “La formación tiene como finalidad la participación en la única misión confiada por Cristo a su Iglesia: la evangelización en toda sus formas”. El autor considera importante recordar que la formación del discípulo pastor, es a su vez, la formación del pastor misionero. Y el segundo se centra en la formación intelectual, que en las circunstancias de la sociedad secularizada actual reclama seriedad y apertura, así como planteamientos profundos y positivos.

Las vocaciones y su formación son tarea de todos, aunque hay quienes tienen una responsabilidad más directa. Y el Señor cuenta con la oración insistente para que envíe pastores según su corazón.

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