Doctoras tiene la Iglesia

Santa Teresa de Jesús, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Lisieux y Santa Hildegarda de Bingen son las cuatro mujeres doctoras de un total de 36 que componen la lista completa de quienes han sido reconocidos como “eminentes maestros de la fe para los fieles de todos los tiempos”.

15 de octubre de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos

En esta fiesta de Santa Teresa de Jesús viene bien recordar que fue San Pablo VI quien la proclamó doctora de la Iglesia en 1970, siendo la primera mujer en ser distinguida con este título por la Iglesia Católica. Luego (solo una semana después) vendrían Santa Catalina de Siena y, más adelante, Santa Teresa de Lisieux (1997); y Santa Hildegarda de Bingen (2012).

Son cuatro, por tanto, las mujeres doctoras de un total de 36 que componen la lista completa de quienes han sido reconocidos como “eminentes maestros de la fe para los fieles de todos los tiempos”.

En su homilía con motivo del doctorado de la santa de Ávila, el papa Montini incidía en la particularidad de dicho acontecimiento, la primera mujer proclamada doctora lo era «no sin recordar las severas palabras de San Pablo: “Las mujeres cállense en las asambleas” (1 Cor 14, 34), lo cual quiere decir incluso hoy que la mujer no está destinada a tener en la Iglesia funciones jerárquicas de magisterio y de ministerio. ¿Se habrá violado entonces el precepto apostólico? Podemos responder con claridad: no. Realmente no se trata de un título que comporte funciones jerárquicas de magisterio, pero a la vez debemos señalar que este hecho no supone en ningún modo un menosprecio de la sublime misión de la mujer en el seno del Pueblo de Dios. Por el contrario, ella, al ser incorporada a la Iglesia por el bautismo, participa del sacerdocio común de los fieles, que la capacita y la obliga a «confesar delante de los hombres la fe que recibió de Dios mediante la Iglesia» (Lumen gentium 2, 11). Y en esa confesión de fe muchas mujeres han llegado a las cimas más elevadas».

Fue también Pablo VI quien, unos años antes, en 1965, y curiosamente también tal día como hoy, fiesta de Santa Teresa de Jesús, instituyó el Sínodo de los Obispos mediante el motu proprio “Apostolica Sollicitudo”. Era una forma de perpetuar el torrente de gracia que había sido el Concilio Vaticano II, dotando así a la Iglesia de un órgano permanente de consulta que hiciese pervivir el espíritu conciliar.

Este mismo espíritu aleteará este fin de semana durante la apertura en todas nuestras diócesis de la fase diocesana del Sínodo de los Obispos 2021, un sínodo dedicado precisamente a la sinodalidad, y que, a lo largo de tres años nos hará caminar juntos en este “proceso de sanación guiado por el Espíritu”, como el Papa Francisco lo ha definido, en el que intentaremos librarnos de lo que es mundano y de nuestras cerrazones, e interrogarnos sobre lo que Dios quiere de nosotros. Será un proceso en el que la voz de las mujeres será más escuchada que nunca. No solo porque en esta ocasión contemos con una mujer subsecretaria del Sínodo de los Obispos, la religiosa francesa Nathalie Becquart; no solo porque contemos con la española María Luisa Berzosa como consultora de la Secretaría General del Sínodo; no solo porque otra española, la teóloga seglar Cristina Inogés, fuera elegida para dirigir la reflexión previa a las palabras del Papa en la apertura del Sínodo –con un discurso, por cierto, audaz y lleno de amor a la Iglesia–sino porque este Sínodo ha abierto su consulta, de forma capilar, a todo el Pueblo de Dios y son las mujeres las que lo componen en su mayor parte.  

Necesitamos oír a las mujeres. Si quiere ser fiel al mandato de Jesús, la Iglesia necesita escuchar al Espíritu que habla a través de cada bautizado, “cuando ya no hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Ga 3, 27-28).

La recuperación de una presencia femenina más incisiva en el ámbito eclesial será un camino largo, pero, como Santa Teresa nos enseñó, “la paciencia, todo lo alcanza”. ¡Y doctoras tiene la Iglesia!

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos «hilos» en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

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