Dios no se cansa de nosotros, ¿podemos decir lo mismo?

El camino de Cruz es la imagen de nuestra vida cristiana, ya que Él nos ha dejado un modelo para que sigamos sus huellas.

23 de febrero de 2024·Tiempo de lectura: 3 minutos
cuaresma

¡De nuevo delante de nosotros el camino cuaresmal! De nuevo, el Señor nos prepara este tiempo de gracia y de consolación, de conversión, de penitencia y de auténtica libertad. “Recorramos todos los tiempos – nos recuerda la carta de san Clemente Papa a los Corintios – y aprenderemos cómo el Señor, de generación en generación  concedió siempre un tiempo de penitencia a los que deseaban convertirse a Él”.

He leído con más detalle, en estos días, la primera carta de San Pedro. El apóstol conoce bien y se hace cargo de las dificultades, contrariedades y sufrimientos en los que se desarrolla la vida ordinaria de aquellos primeros hermanos nuestros en la fe. Viven “afligidos en diversas pruebas” (1,6). Los paganos se burlan de ellos. El Apóstol, sin embargo, lo exhorta, con fuerza, a no retroceder, a no amoldarse a las apetencias de antes de su conversión y de su bautismo. Viven en una sociedad pagana que se burla de su nueva forma de vivir.

La tentación es grande para mirar hacia atrás en su vida, para amoldarse “a lo de antes” y no complicarse la vida. Y esa tentación es perenne durante toda nuestra vida. El apóstol, ante esta tentación tan fuerte, les invita y nos invita a mirar a Jesucristo, a no apartar nunca la vista de Él, “a Quien amáis sin haberle visto; en Quien creéis, aunque de momento no le veáis” (1,8). Les pone delante a Cristo crucificado a fin de que sigan sus huellas: “pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos un modelo para que sigáis sus huellas (….) el que al ser insultado no respondía con insultos; al padecer no amenazaba, sino que se ponía en manos de Aquel que juzga con justicia” (2,21 ss.). El camino de Cruz es la imagen de nuestra vida cristiana, ya que Él nos ha dejado un modelo para que sigamos sus huellas. 

En la vida personal, en la vida familiar, en la vida de sociedad, en la relación con las autoridades, los cristianos, pase lo que pase, han de seguir la misma conducta de Cristo crucificado. No responder al insulto con insulto, no amenazar, sino ser compasivos, amar como hermanos, ser misericordiosos y humildes (cf. 3,8). No devolver mal por mal, ni insulto por insulto.

La Cuaresma es recorrer de nuevo el camino de la conversión y de la verdadera libertad, como nos invita el Santo Padre en su Mensaje para la Cuaresma 2024: “Dios no se cansa de nosotros. Acojamos la Cuaresma como el tiempo fuerte en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros. “Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud” (Ex 20,2).

Es tiempo de conversión, tiempo de libertad». Siempre tendremos esa tentación de volver a “las apetencias de antes”, de volver a Egipto, de vivir a la manera de los paganos, de amoldarnos, de no complicarnos la vida.

Jesús mismo fue tentado. Durante estos cuarenta días de Cuaresma y durante toda nuestra vida Él estará con nosotros para acompañarnos, sostenernos y alentarnos en la lucha porque somos sus hijos “muy queridos” (cf. Mc 1,11).

En la medida en que nuestra conversión sea cada vez más sincera, en esa misma medida nosotros mismos sentiremos, junto con toda la comunidad cristiana, más libres, más contentos, más felices y la misma humanidad sentirá el destello de una nueva esperanza. 

Es la valentía de la conversión, de salir de la esclavitud; es la valentía de la fe y de la caridad las que llevan de la mano a esa esperanza de un mundo más humano, más fraterno, más cristiano.  

El autorCelso Morga

Arzobispo de la diócesis de Mérida Badajoz

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