«El deseo de Dios de la unidad depende de cada uno»

No sólo durante esta Semana de oración por la Unidad de los cristianos sino, durante todo el año, todos hemos de preguntarnos ¿Qué debo hacer yo ante el desafío de la unidad?

25 de enero de 2023·Tiempo de lectura: 4 minutos
ecumenismo

Detalle del rezo del Rosario de una mujer en la iniciativa All Souls que promueve el conocimiento entre distintas confesiones ©CNS photo/Gregory A. Shemitz

“El empeño por el restablecimiento de la unión corresponde a la Iglesia entera, afecta tanto a los fieles como a los pastores, a cada uno según su propio valor, ya en la vida cristiana diaria, ya en las investigaciones teológicas e históricas” (Unitatis Redintegratio 5).

Aunque de esta afirmación clara y rotunda del Concilio Vaticano II, concretamente del Decreto sobre el ecumenismo, nos distancian cerca de 60 años, podemos afirmar que esta llamada a promover la unidad entre los cristianos, es aún una tarea pendiente.

En la forma concreta y práctica de vivir y entender la experiencia de fe de los cristianos “de a pie” no se percibe un interés, una búsqueda o una preocupación comprometida y fuerte por la unidad —no solo con las otras confesiones cristianas sino, incluso, dentro de las propias comunidades de pertenencia—.

De hecho, la vocación ecuménica —cuando se entiende y se sabe lo que es y no se la mira con recelo o sospecha de cierto relativismo fruto y moda de esta sociedad postmoderna plural — se concibe generalmente como “cosa” de algunos cristianos concretos que, por circunstancias muy específicas, se han comprometido con esta causa.

Pero, la realidad es que, el designio eterno de Dios Trinidad se nos ha revelado como un proyecto de comunión de los hombres entre sí y con Dios y esta es la razón última de la creación, de la historia de la salvación, de la encarnación y de la muerte y resurrección de Cristo: recibir y acoger, gracias al don del Espíritu, la unidad de todos los pueblos en Cristo por el Espíritu hacia el Padre que como gracia pascual ha sido derramada sobre nosotros: “Ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad” (Ef 2,13-14).

La comunión es lo que Dios nos ha dado como don en Cristo Jesús y lo que espera recibir de nosotros como respuesta. Por todo esto, los creyentes, cada uno desde su propia vocación y misión en la Iglesia, somos llamados a trabajar por la unidad.

Ecumenismo espiritual

Existen diversos modos de desplegar esta misión. En primer lugar, está el ecumenismo espiritual por el que, a través de la oración, nos abrimos a recibir el don de Dios, cuyo signo y fruto es la unidad.

Cuando nos reunimos cristianos de diversas confesiones para orar juntos reconocemos y expresamos la unidad real que ya existe entre nosotros, puesto que, injertados en Cristo por el bautismo, podemos dirigirnos unidos al Padre para invocarle manifestando así nuestra común condición de hijos y hermanos.

Este ecumenismo espiritual va modelando en los creyentes un modo de estar en el mundo marcado por actitudes de reconciliación, de diálogo, de paz, de acogida, de escucha y de apertura al prójimo reconociendo su dignidad, el valor de sus convicciones —aunque diferentes de las propias—, su experiencia de fe y su testimonio.

Se va fraguando así un respeto y estima por el otro, gracias al conocimiento mutuo, que es el fundamento del ecumenismo de la amistad.

Ecumenismo del martirio

El Papa Francisco en diversas ocasiones ha hecho mención al ecumenismo del martirio. “Los mártires pertenecen a todas las Iglesias y su sufrimiento constituye un «ecumenismo de sangre» que trasciende las divisiones históricas entre los cristianos, llamándonos a todos a promover la unidad visible de los discípulos de Cristo”, (Declaración conjunta de Francisco y de Karekin II en San Etchmiadzin, República de Armenia, 26 de junio de 2016).

Hay muchos creyentes de diversas confesiones cristianas que han dado la vida por confesar la fe en Cristo. Aún perteneciendo a otras comunidades cristianas, nosotros reconocemos su condición de verdaderos mártires y testigos.

Este drama doloroso, a la vez, acontecimiento de gracia por el testimonio de amor fuerte a Cristo que expresa, es signo ya de unidad y es también semilla de comunión y paz para el mundo.

Ecumenismo teológico.

En un ámbito más específico pero, igualmente, muy necesario está el ecumenismo teológico. Ligado a contextos universitarios, filosóficos, teológicos e históricos, se trata de la reflexión e investigación sobre la fe cristiana y sus diversas expresiones en las diferentes confesiones para buscar caminos que diálogo y comunión doctrinal.

Esta práctica del ecumenismo requiere una seria preparación doctrinal para poder dar razón de la propia confesión con convicción personal y apertura a la escucha y el diálogo con los miembros de otras confesiones cristianas buscando el modo de, conociéndonos mejor y ahondando juntos en el Misterio de Dios, alcanzar una comprensión común de los misterios revelados.

Es muy significativo señalar que solo desde una sólida posición personal hacia las propias convicciones, desde una identidad profunda, se puede afrontar un encuentro verdadero con el diferente y una acogida de sus posiciones de vista, pues la verdadera identidad y pertenencia no generan cerrazón ni inmovilismo, al contrario, justamente permiten al creyente, sin miedo, en la libertad que nace de la identidad, salir al encuentro del otro, para abrirse a él, acogerle, hacer un camino común en el intercambio recíproco de bienes y dones mutuos.

Ecumenismo de la caridad

Por último, está el ecumenismo de la caridad que busca afrontar retos sociales y políticos comunes a todos los cristianos donde podemos expresar un testimonio unidos del nuevo modo de vivir y estar en la realidad, de tratarnos y amar los hombres, que nace del Evangelio.

Este ecumenismo práctico está en el trasfondo de la semana de oración por la unidad de los cristianos que estamos a punto de terminar este año 2023 y que tiene como lema “Haz el bien; practica la justicia” (Is 1,17).

Los textos y materiales que han sido propuestos para meditar y reflexionar en esta semana han sido preparados por el Consejo de Iglesias de Minnesota en colaboración con la Iglesia Católica, principalmente con la Diócesis de San Pablo y Minneapolis.

Los cristianos de este Estado de Norteamérica han querido hacerse eco del problema del racismo, aún presente en la sociedad americana. Esta herida de la exclusión y la marginación racial requiere una reflexión ecuménica porque, en muchos casos y por mucho tiempo, fue defendida y sostenida por los que se reconocían cristianos.

Es, por tanto, absolutamente necesario reconocer esta culpa y promover espacios y actos concretos de reconciliación y perdón, de acogida y respeto al diferente, al extranjero, al inmigrante reconociendo en todos su dignidad sagrada y la presencia escondida de Cristo que hay en cada ser humano puesto que, por la encarnación, Cristo se ha unido en cierto modo a todo hombre.

La pregunta permanente de esta semana de oración por la unidad y que solo puede responder cada uno en el misterio de la libertad es: ¿Qué debo hacer yo? Debemos preguntárnoslo con valentía pues hay un sí único y personal que solo puede dar cada uno a favor del ecumenismo. El gran deseo de Dios de la unidad depende también de ti.

El autorHna. Carolina Blázquez OSA

Priora del Monasterio de la Conversión, en Sotillo de la Adrada (Ávila). Es también profesora de la Facultad de Teología en la Universidad Eclesiástica San Dámaso, de Madrid.

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