Desde el pasado 19 de marzo el debate digital ha copado las conversaciones entre padres y profesores, cuando la Comunidad de Madrid anunció que el próximo curso escolar, 2025/26, siendo la primera de España que haga desaparecer de sus colegios el uso individual de dispositivos digitales en alumnos de Educación Infantil y Primaria, sin vulnerar la adquisición de las competencias digitales. La polémica aparece porque no ha gozado de un debate previo y es una medida intrusiva, ya que atenta contra la libertad y autonomía de los centros públicos y concertados.
El borrador de decreto no ha tenido un debate previo amplio y afecta a aspectos muy variados del modelo educativo de cada colegio, lo que hace que sea difícil saber exactamente su finalidad detallada, si ataja el problema del abuso de la tecnología, si mejora el rendimiento académico, la salud mental o qué. En todo caso, Catherine L’Ecuyer, Diego Hidalgo, María Salmerón y Darío Villanueva están de acuerdo con revertir el abuso digital y en “La necesaria desescalada tecnológica de las aulas”, como decía el titular de El Mundo en un artículo conjunto, ya que ven motivos varios como las fisuras de contenido, la pura modernidad, el déficit de atención, el menor rendimiento académico, la privacidad, el exceso de competencia digital, la relegación del profesor y la economía, para minimizar su uso.
Luri, resaltando otros aspectos, dice en ABC: “El debate en torno a las nuevas tecnologías no hay que plantearlo en función del rendimiento académico, sino preguntándonos si deseamos ser una sociedad digitalmente competente o no. Si la respuesta es sí, hemos de educar en el mundo digital a nuestros alumnos desde el primer momento. Sin duda, esto entraña retos y dificultades nuevas, pero afrontar la realidad es gestionar los problemas que ésta nos presenta y no eludirlos”. La cuestión por tanto tiene una respuesta clara para él: hay que usar la tecnología en la escuela. Es más, el problema del abuso de la tecnología lo ve más un problema de casa: “El excesivo tiempo que pasa un adolescente en las redes sociales y sin salir a la calle a relacionarse es un problema familiar, sí, pero no escolar”.
Esto no ha impedido que haya sido bien recibida por los padres, como parte de la solución a sus problemas y por los profesores, que tampoco han puesto gran gran pega, más bien ha visto una ayuda en su tarea educativa. En cambio las patronales de la concertada no están tan conformes porque quizá la decisión tenía que haber sido de otra manera, ya que afecta a su capacidad de decisión y a su plan estratégico. En todo caso es un buen momento para reflexionar y buscar puntos de mejora por parte de los padres y los profesores. Porque la educación tiene mucho margen de mejora, y va a configurar el futuro de nuestra sociedad.