Citius, altius, fortius

El lema que simboliza el espíritu olímpico es fruto del pensamiento cristiano, pues fue el dominico francés fray Henri Didon, quien lo ideó como eslogan para su colegio.

1 de agosto de 2021·Tiempo de lectura: 2 minutos
olimpiadas

¡Llegó el esperado día! Hoy comienzo mis vacaciones, unos días en los que estar al cien por cien con la familia; en los que poder dormir más o, al menos, sin estar sujeto a horarios; en los que disfrutar de mi tierra llena de mar y de sol… Serán días felices, seguro, pero tengo que reconocer que mi sensación es agridulce porque, que lleguen estos días tan esperados, significa que ya empiezan a agotarse.

Decía Eduardo Punset que la felicidad está justo en la antesala de la felicidad, y estoy al cien por cien de acuerdo con él. Mi sensación de felicidad ayer, justo antes de comenzar mi tiempo de vacaciones era mucho mayor que hoy, cuando ya han comenzado a correr las horas de mi supuesto momento feliz.

Pasa lo mismo con cualquier circunstancia de la vida: ese primer sorbo de cerveza no es igual al segundo, la explosión de alegría cuando le anuncian a uno que le ha tocado la lotería es muy superior (nunca me ha pasado, ojo, pero seguro que es así) que cuando a uno le llega el ingreso a la cuenta; los viajes de ida son mucho más hermosos que los de vuelta, aunque el paisaje sea el mismo; la noche de Reyes es mucho más divertida que el día…

Lo que el ateo Punset quería decirnos sin saberlo es que la felicidad del hombre se encuentra en la esperanza. Sí, esa virtud teologal que brota del corazón del Evangelio que son las bienaventuranzas y que nos dice que algo bueno está por llegar, que siempre nos espera un momento mejor y un final aún mejor. Dios ha puesto en el corazón de cada uno de nosotros un anhelo de felicidad que nos invita a esperar contra toda esperanza, porque llegará un día en el que quedarán atrás la pobreza, las lágrimas, el hambre y la sed, las persecuciones, las injusticias…

La esperanza ha sido y sigue siendo, la fuerza motora de la civilización. Está detrás de todo emprendimiento, de toda conquista social, de todo avance científico o tecnológico, de todo descubrimiento, de toda exploración terráquea o espacial e incluso de toda hazaña deportiva. Precisamente en estos días en los que estamos viendo competir a los mejores atletas del mundo ha salido a relucir de nuevo el lema olímpico: “Citius, altius, fortius” (más rápido, más alto, más fuerte), que recoge la esencia de este infinito deseo humano de mejorar, de ir más allá, de superarse.

No por casualidad, el lema que simboliza el espíritu olímpico es fruto del pensamiento cristiano, pues fue el dominico francés fray Henri Didon, quien lo ideó como eslogan para su colegio. Gran amigo del fundador de los Juegos Olímpicos Modernos, el barón Pierre de Coubertin, que le tomó prestada la frase latina para su proyecto, fue un gran defensor de las cualidades pedagógicas del deporte, promoviendo la participación de sus alumnos en numerosas competiciones y contando con el apoyo del papa León XIII.

“Citius, altius, fortius”, más rápido, como rápido afirma correr San Pablo en su carrera hacia la meta, hacia el premio celestial.

Más alto, como alta es la vida que espera Santa Teresa y que le hace morir por no morir.

Más fuerte, como San Juan Bautista proclama que es quien viene detrás de él y que nos llama a una vida nueva y plena a su lado.

Las vacaciones vienen y se irán, como las olimpiadas, pero el cielo nos espera, amigos. ¡Eso sí que será estar en la gloria! Sean felices.

El autorAntonio Moreno

Periodista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Bachiller en Ciencias Religiosas. Trabaja en la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de Málaga. Sus numerosos “hilos” en Twitter sobre la fe y la vida cotidiana tienen una gran popularidad.

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