Vaticano

El Papa acoge en la Epifanía “la búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos”

En la Epifanía del Señor, al ver pasar en 2025 a innumerables personas por la Puerta Santa de San Pedro, el Papa León XIV ha comparado de algún modo a los peregrinos del Jubileo con los Magos que fueron a adorar a Jesús. La Iglesia debe “valorar y orientar hacia el Dios que lo suscita” la riqueza de “la búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos”.

Francisco Otamendi·6 de enero de 2026·Tiempo de lectura: 5 minutos
Peregrino en la Puerta Santa, 5 de enero de 2026

Un peregrino toca la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro en el Vaticano el 5 de enero de 2026, último día que permaneció abierta antes de que el Papa León XIV la cerrara el 6 de enero para celebrar el fin del Año Santo. (Foto CNS/Lola Gómez).

El Papa León XIV ha comparado hoy, en la solemnidad de la Epifanía del Señor, el pasar de innumerables hombres y mujeres, peregrinos de esperanza, por la Puerta Santa del Jubileo en San Pedro, la última en cerrarse esta misma mañana, con el peregrinar de los Magos buscando al Niño Jesús, y con  “la búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos, mucho más rica de lo que quizá podamos comprender”. 

Millones de ellos han atravesado el umbral de la Iglesia. ¿Qué es lo que han encontrado? ¿Qué corazones, qué atención, qué reciprocidad?, ha preguntado el Papa León XIV en la homilía de la Santa Misa de la Epifanía.

“Sí, los magos aún existen. Son personas que aceptan el desafío de arriesgar cada uno su propio viaje; que en un mundo complicado como el nuestro —en muchos aspectos excluyente y peligroso— sienten la exigencia de ponerse en camino, en búsqueda”, ha continuado.

La Iglesia no debe temer este dinamismo, sino orientarlo

Enseguida, el Pontífice ha sugerido la respuesta que debemos dar a este movimiento. “El Evangelio lleva a la Iglesia a no temer este dinamismo, sino a valorarlo y a orientarlo hacia el Dios que lo suscita”.

Y ha añadido: “Es un Dios que nos puede desconcertar, porque no podemos asirlo en nuestras manos como a los ídolos de plata y oro, porque está vivo y vivifica, como ese Niño que María tenía entre sus brazos y que los magos adoraron”.

“Lugares santos como las catedrales, las basílicas y los santuarios, convertidos en meta de peregrinación jubilar, deben difundir el perfume de la vida, la señal indeleble de que otro mundo ha comenzado”, ha dicho.

Precisamente el editorial del número de enero de Omnes, ‘El examen’, se refiere a la respuesta ante este “nuevo movimiento social, cultural y eclesial” que se plasma en diferentes manifestaciones culturales que, en el cine, la música o las redes sociales, han recuperado la búsqueda de Dios, o la espiritualidad.

Peregrinos cruzan la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro en el Vaticano el 5 de enero de 2026, último día que permaneció abierta antes de que el Papa León XIV la cerrara oficialmente el 6 de enero para celebrar el fin del Año Santo. (Foto CNS/Lola Gomez).

Solemnidad de la Epifanía

La mañana en el Vaticano ha tenido la solemnidad de las grandes ocasiones en la Basílica de San Pedro. Casi seis mil personas en el interior, más diez mil fieles y peregrinos en la Plaza, donde el Papa ha rezado a las doce el Ángelus, y cuatro cardenales concelebrantes. El decano del Colegio cardenalicio Giovanni Battista Re, el vicedecano Leonardo Sandri, el Secretario de Estado Pietro Parolin, y el prefecto emérito del Dicasterio de Obispos, Marc Ouellet.

El Evangelio nos ha detallado la grandísima alegría de los magos al ver la estrella, ha comenzado el Papa, pero también la turbación experimentada por Herodes y por toda Jerusalén ante su búsqueda. “Cada vez que se trata de las manifestaciones de Dios, la Sagrada Escritura no esconde este tipo de contrastes: alegría y turbación, resistencia y obediencia, miedo y deseo”. 

Celebramos hoy la Epifanía del Señor, conscientes de que ante su presencia nada sigue como antes, ha proseguido el Papa. Este es el comienzo de la esperanza. Dios se revela, y nada puede permanecer estático. “Empieza algo de lo que dependen el presente y el futuro, como anuncia el Profeta: ‘¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! (Is 60,1)’”.

El Papa León XIV celebra la misa de la Epifanía en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el 6 de enero de 2026. (Foto OSV News/Yara Nardi, Reuters).

El Jubileo recuerda que se puede volver a empezar

Los magos traen a Jerusalén una pregunta sencilla y esencial: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?”. “Qué importante es”, ha subrayado León XIV, “que el que cruza la puerta de la Iglesia, se percate de que el Mesías recién ha nacido allí, se percate de que allí se reúne una comunidad donde ha surgido la esperanza, que allí se está realizando una historia de vida”. 

“El Jubileo ha venido a recordarnos que se puede volver a empezar, es más, que estamos aún en los comienzos, que el Señor quiere crecer entre nosotros, quiere ser el Dios-con-nosotros”.

Al final, el Papa he rezado ante la Virgen de la Esperanza, llevada especialmente a San Pedro estas semanas. El Papa acababa de hablar en la Misa de “la grandísima alegría de los magos, que dejan atrás el palacio y el templo para ir hacia Belén; ¡y es entonces cuando vuelven a ver la estrella! Por eso, queridos hermanos y hermanas, es hermoso convertirse en peregrinos de esperanza. Y es hermoso seguir siéndolo, juntos. La fidelidad de Dios siempre nos sorprenderá”.

María, Estrella de la mañana, ha concluido el Pontífice, caminará siempre delante de nosotros. “En su Hijo contemplaremos y serviremos a una humanidad magnífica, transformada no por delirios de omnipotencia, sino por el Dios que se hizo carne por amor”.

Magos de Oriente: “Da mucho quien lo da todo”

En el rezo del Ángelus, el Papa León XIV ha recordado que la palabra “epifanía” significa “manifestación”, y “nuestra alegría nace de un Misterio que ya no se encuentra oculto. La vida de Dios se ha revelado: muchas veces y de diferentes maneras, pero con definitiva claridad en Jesús, de modo que ahora sabemos, a pesar de muchas tribulaciones, que  podemos tener esperanza, “Dios salva”: no tiene otras intenciones, no tiene otro nombre. Sólo lo que libera y salva viene de Dios y es epifanía de Dios”.

En el relato evangélico y en nuestros nacimientos, los magos presentan al Niño Jesús unos regalos preciosos: oro, incienso y mirra, ha proseguido el Papa. “No parecen cosas útiles para un niño, pero expresan una intención que nos hace reflexionar mucho al llegar al final del Año jubilar. Da mucho quien lo da todo”.

“Artesanía de la paz, en lugar de la industria de la guerra”

El Santo Padre ha recordado aquí a la pobre viuda que había echado en el tesoro del Templo sus últimas monedas, todo lo que tenía. “No sabemos qué poseían los magos, venidos de Oriente, pero su viaje, el arriesgarse, sus propios dones nos sugieren que todo, realmente todo lo que somos y poseemos, reclama ser ofrecido a Jesús, tesoro inestimable”.

Que crezca su Reino, ha concluido el Papa, antes de dar la Bendición, “que se cumplan en nosotros sus palabras, que los extraños y los adversarios se conviertan en hermanos y hermanas, que en lugar de las desigualdades haya equidad, que en vez de la industria de la guerra se afirme la artesanía de la paz. Artesanos de esperanza, caminemos hacia el futuro por otro camino (cf. Mt 2,12)”.

El autorFrancisco Otamendi

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