Dossier

Cómo surgió la entrevista a San Josemaría

Omnes·3 de diciembre de 2020·Tiempo de lectura: 6 minutos

Texto: Pedro Rodríguez: Fundador y primer director de revista Palabra

Yo era director de Palabra desde su origen (1965), pero en enero de 1967 me marché fuera de España y estuve hasta finales de junio de 1967 en Roma, Bélgica, Suiza y Alemania. En el plan del pequeño “consejillo” para la preparación de la futura Facultad de Teología de la Universidad de Navarra (Alfredo García, José María Casciaro y Pedro Rodríguez), figuraba que yo me dedicara plenamente a la proyectada Facultad que, en forma de Instituto Teológico, comenzaría en octubre de ese año. El viaje se planteaba en relación con ese proyecto: informar de nuestra futura Facultad en Universidades y ambientes ecuménicos. En mi ausencia me sustituía al frente de Palabra el subdirector de la revista, D. Carlos Escartín, que quedaría como director cuando yo me trasladara a Pamplona.

Durante mi ausencia europea, pero poco antes de mi regreso, según cuenta Carlos E., se reavivó, conversando con Manuel Arteche, una vieja ilusión que teníamos en Palabra: hacer una entrevista a san Josemaría Escrivá. Manolo A. dijo que podía ser el momento oportuno y Carlos E. hizo formalmente la petición y la tramitó a través de la Comisión Regional del Opus Dei en España.

Regresé a Madrid el 28 de junio de ese año y enseguida reconecté con la revista de la que era director, pero muy consciente de que mi labor fundamental ya no sería ésta ni podía serlo, pues me dedicaría full time a la Universidad de Navarra. Al llegar a Madrid, ayudé a Alfredo García Suárez y a Pepe Casciaro en la compleja operación de nuestro traslado a Pamplona, pues en octubre comenzaría el primer curso de Licenciatura.

A mediados de julio Emilio Navarro llamó al director de la revista para decir, de parte de Manuel Arteche, que el Padre (así llamábamos a san Josemaría) había aceptado y que, en principio, estaba dispuesto a conceder una entrevista a Palabra. Yo no estaba ese día en la Redacción. A Emilio le atendió Carlos, que me avisó enseguida y llamé a Manolo Arteche, que era el Director Espiritual de la Región de España: había en efecto respuesta positiva de Roma a lo de la entrevista, señalando que la revista enviaría al Padre un cuestionario de 18 preguntas.

Nos dedicamos a fondo a prepararlas y creo que en dos o tres días estaba terminado. Trabajábamos en Hermosilla 22, sede entonces de la redacción de la revista, en aquella simpática sala de reuniones y tertulias de redacción que allí teníamos. Estábamos los cuatro del equipo de dirección: Carlos Escartín, Alberto García Ruiz (hace poco Alberto me comentaba aquellas sesiones), Gonzalo Lobo y yo.

Palabra era entonces una revista de contenido sacerdotal, formalmente dirigida al clero. El criterio que nos guiaba en la elaboración del cuestionario era éste: en la situación actual de la Iglesia, de la Obra y de la aplicación del Concilio, ¿qué es lo que –pensando en nuestros lectores– interesa preguntar al Padre? ¿En qué cosas, principalmente, necesitamos y necesitan su orientación y magisterio?

Lo debatimos mucho hasta llegar a la formulación de las cuestiones que nos parecían adecuadas. Así nos salieron no 18, sino 21 preguntas, que mantuvimos. Pasamos a limpio el cuestionario y lo enviamos a Comisión Regional para que lo hicieran llegar al Padre. Manolo Arteche aporta un dato de sumo interés: de la Comisión mandaron a Roma el cuestionario tal cual, sin cambiar una coma y sin incluir borrador ni esquemas de respuestas de ningún tipo, que no habían pedido. Por tanto, las respuestas se elaboraron todas en Roma.

Verano de 1967 y las respuestas

El 4 de agosto salimos para Pamplona, junto con José Morales, Alfredo García, Pepe Casciaro, para una convivencia de diez días dedicada a la preparación del curso académico inicial del Instituto Teológico, con la idea de volver a Madrid una vez acabada. Quedaban en Madrid, para las cosas de la revista, Carlos y Gonzalo.

Nuestra sesión en Pamplona duró 12 días y tuvo lugar en un Centro de la Obra que está en la calle Carlos III: nos juntamos allí unos 12 profesores. El día 15, al terminar el “cónclave”, hubo un cambio de planes y yo, en vez de regresar a Madrid, marché con Alfredo a hacer el Curso anual de formación a Islabe, cerca de Bilbao, del 16 de agosto al 11 de septiembre. Al terminar el Curso, Alfredo regresó a Pamplona y yo me fui a Madrid a organizar mi traslado formal y definitivo a Pamplona, a donde llegué el día 17 de septiembre.

El Padre había pasado el verano en Italia y llegó a España por la frontera de Irún. Le esperaban Florencio Sánchez Bella, César Ortiz y algún otro de la Comisión. El día 13 de septiembre llegó a Elorrio, en Vizcaya, donde estuvo una semana. Rafael Camaño, que era de los que estaba allí con el Padre, regresó a Madrid el día 18 llevando consigo –según se lee en el diario del Centro de la calle Diego de León– los folios con las respuestas del Padre al cuestionario que le enviamos. Interesante la anotación del diario (18-IX-1967): “Hemos recibido las entrevistas con el Padre que se publicarán en la revista Palabra y en Gaceta Univ. Son documentos de mucha importancia y que dan una luz clara sobre problemas de actualidad como el ‘aggiornamento’, el laicado, el trabajo de los sacerdotes, su libertad de asociación, etc. Por la tarde llamó César desde Islabe para dar algunas indicaciones. Es muy probable que el Padre venga esta semana a Madrid”.

Contestó a todas las preguntas menos la última, la número 21, que juzgó impropia (le preguntábamos por las preocupaciones más urgentes de Pablo VI. Una observación autógrafa del Padre —según me dijo Manolo A.— hacía notar que no era correcto hablar de lo que el Papa le dice a uno en audiencia privada). Yo estaba en Pamplona, como he dicho, cuando llegó la respuesta del Padre.

Maqueta y últimos detalles

La entrevista, que llegó a Madrid, como vimos, el 18 de septiembre, inmediatamente, contra reloj, se comenzó a maquetar. Hice un rápido viaje de Pamplona a Madrid a finales de septiembre para ver cómo iba la presentación y maquetación de la revista, viaje que recuerda muy bien Gonzalo Lobo, que estaba al cuidado de esa maquetación. Pero regresé rápidamente a Pamplona. Carlos Escartín y Gonzalo Lobo estaban, pues, de hecho, al frente de toda la operación de imprimir el número de Palabra de octubre de 1967, en el que se iba a incluir la entrevista.

Hay una anécdota interesante. Carlos –en eso habíamos quedado- era el que firmaba la “entradilla” o presentación de la entrevista, que se escribió en la redacción. Sin embargo, cuando salió Palabra de octubre apareció firmada por mí. Recuerda Carlos que, cuando vino a Pamplona para los actos de octubre (acababa de aparecer el número de Palabra y se hicieron miles de separatas de la entrevista), yo le comenté mi extrañeza por verme firmando ese texto, que no había escrito. Él me dio esta razón: que se lo habían pedido de Comisión Regional, diciéndole que lo lógico era que la entrevista al Padre apareciera firmada por el director de la revista. He aquí esa entradilla: “Hace pocos meses informábamos a nuestros lectores de que, venciendo la resistencia de Mons. Escrivá de Balaguer, se publicará próximamente un libro que recoge una selección de algunos de sus escritos (cfr. Palabra, 21 [1967] 11). Mientras el libro llega a la calle, hemos deseado poner al alcance de cuantos nos leen estas reflexiones con las que el Fundador del Opus Dei contestó a nuestro apretado cuestionario.

La vida actual de la Iglesia, los horizontes que se abren al quehacer pastoral, la realidad del laicado y de la vida cristiana, las exigencias de la libertad y de la dignidad de la persona humana, la renovación de la tarea eclesial, la trascendencia eclesiológica del Opus Dei, son temas sobre los que hemos centrado esta entrevista. A través de estas páginas, únicas hasta el momento, se ponen de manifiesto los sobrenaturales deseos y afanes del Fundador del Opus Dei, deseos, afanes y realidades de servicio fiel a Jesucristo y a su única Iglesia, a los cristianos todos y a todos los hombres de buena voluntad.

No podemos menos de manifestar nuestra alegría de poder publicar estas páginas, que responden a un deseo que hace mucho tiempo teníamos. También queremos agradecer a Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer la amplitud, claridad y franqueza con que nos ha atendido. Al hacerlo, quisiéramos añadir también nuestro agradecimiento y nuestro afecto que no encuentran una fácil expresión en estas breves líneas. Pedro Rodríguez.” En todo caso, la sorprendente referencia que en ella –en la entradilla– se hace al “inmediato libro” de nuestro Padre –que nunca apareció–, me lleva a pensar que ahí había otras manos distintas de las Alfredo García o Manolo Arteche, pero éste no se acuerda).

La referencia, por cierto, es a un artículo mío publicado en el número de junio de la revista, titulado Contribución a una teología del apostolado organizado (Palabra 21 [1967] 9-15), que en nota a pie de página incluye esa audaz afi rmación acerca de un libro de nuestro Padre que desconozco por completo. El artículo lo escribí estando en Lovaina y lo mandé en marzo de ese año. Es casi seguro, por razón de la temática, que debió tener el asesoramiento en Roma (aunque creo recordar que yo lo mandé –desde Suiza– a la Comisión de España). Pienso que esa nota a pie de página (que se recoge en la entradilla) es una adición sugerida en Roma. Yo no recuerdo nada, pero es impensable que yo la incluyera por mi cuenta. Todo eso debe constar en el expedientede ese artículo en el Archivo General de la Prelatura.

Incluida en el libro Conversaciones

El Padre salió de Elorrio para Molinoviejo, la casa de retiros situada en la provincia de Segovia, el jueves 21, y allí estuvo hasta el domingo 24. Del 24 de septiembre al 5 de octubre estuvo en Lagasca, de donde salió para Pamplona. Recuerda Manolo otra anécdota. Cuando estaba ya compuesta la entrevista –se compuso con gran rapidez-, Carlos Escartín le dio los pliegos por si el Padre quería verlos, y Manolo los llevó a Molinoviejo y se los enseñó a nuestro Padre, que le hizo notar lo impropio del asunto:¿para que me los traes?, ¿para que yo las corrija? Para eso están los correctores de pruebas…

La entrevista salió publicada con esmero ycon nuestro Padre en la portada del número(foto elegida por Gonzalo Lobo). Se vendió a miles en los actos de Pamplona y constituye el primer capítulo en el inmediato libro –éste, sí– de Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer.

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