Evangelio

Semana Santa, la madre de todas las semanas. Domingo de Ramos (A)

Vitus Ntube nos comenta las lecturas de domingo de Ramos (A) correspondiente al día 29 de marzo de 2026.

Vitus Ntube·26 de marzo de 2026·Tiempo de lectura: 2 minutos

Entramos ahora en el tramo final de nuestro camino cuaresmal. Es una semana que contiene tres tiempos del año litúrgico: la Cuaresma, el Sagrado Triduo Pascual y la Pascua.

Este domingo es conocido como Domingo de Ramos o, en otros lugares, como Domingo de las Palmas. Ya sean ramas de olivos o palmas, en realidad no es lo más importante. Lo esencial es que se trata del Domingo de la Pasión del Señor. Este domingo es uno de esos días en los que las personas hacen una expresión visible de su fe, al igual que el Miércoles de Ceniza. Es un día en el que todos salen de la Iglesia con un signo visible de su participación: una rama de un árbol. En el Evangelio que se proclama durante la procesión leemos que «la multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada». Jesús hace su entrada en Jerusalén camino de la Pasión, y vemos a una gran multitud involucrada de diversas maneras.

La Pasión que leemos en la Misa es larga. La extensión misma del relato de la Pasión de Cristo es ya una homilía en sí y no necesita otro comentario que el silencio y una participación dócil y atenta en la narración. No basta con escucharla; se nos ofrece una gran oportunidad para participar plenamente en la Pasión de Cristo. La forma en que se proclaman las lecturas nos permite asumir distintos personajes. La mejor manera de entrar en la Semana Santa es siendo «como un personaje más» en la escena de la Pasión, como animaba san Josemaría Escrivá y tantos otros santos.

Antón Chéjov, en uno de sus cuentos cortos titulado El estudiante, narra la experiencia de un estudiante de teología llamado Iván en uno de los acontecimientos de la Semana Santa. Iván, caminando de regreso a casa en una fría tarde de Viernes Santo, se sentía miserable y desanimado, convencido de que la vida siempre ha sido dura y desesperanzada, desde los tiempos antiguos hasta los suyos. Sentía que la historia no era más que una interminable cadena de sufrimiento. En el camino, se detiene junto a una hoguera donde dos viudas, madre e hija, se calentaban. Para pasar el tiempo, les cuenta el relato evangélico de la negación de Pedro, cómo Pedro lloró amargamente al reconocer su debilidad. Mientras Iván habla, se da cuenta de que las mujeres están profundamente conmovidas; una de ellas comienza a llorar, claramente tocada por el dolor de Pedro. Esta reacción afecta hondamente a Iván. Comprende entonces que los sentimientos que Pedro experimentó siglos atrás —el miedo, el amor, el remordimiento— siguen vivos en las personas de hoy. En ese momento, Iván entiende que la verdad, la belleza y la bondad unen a todas las generaciones, formando una cadena ininterrumpida a lo largo del tiempo.

Al comenzar la Semana Santa, se nos invita no solo a llevar nuestras palmas, sino también a participar plenamente en la Pasión de Cristo. Cuando escuchemos la Pasión al iniciar esta semana, dejemos que nuestros corazones se conmuevan. No miremos el reloj, ni nos distraigamos. Leámosla con el corazón.

El pasado está unido al presente por una cadena ininterrumpida de acontecimientos que brotan unos de otros. Tocar un extremo de la cadena debería hacer que el otro se mueva. Escuchar la Pasión debería ser como tocar uno de los extremos de esa cadena: nos moverá si nos sumergimos en ella como un personaje más. La Semana Santa sigue siendo la madre de todas las semanas, la semana más importante del año litúrgico de la Iglesia.

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