El Papa León ha continuado en la Audiencia de este miércoles las catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, en particular sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) sobre la Liturgia.
Cuando san Agustín quiere explicar a los nuevos bautizados el misterio del Cuerpo de Cristo, retoma el pasaje de san Pablo que hemos escuchado: “Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte” (1 Cor 12, 27), ha manifestado el Santo Padre.
Al participar en la Eucaristía somos invitados a escuchar la Palabra de Dios y a nutrirnos en la mesa del Señor, donde Él mismo se ofrece al Padre, ha subrayado León XIV en la catequesis de la Audiencia.
“Nos convertimos en lo que recibimos”
De este modo, “estas dos partes de la Misa, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia eucarística, están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto” (SC, 56), ha asegurado.
“Recibiéndolo en su Palabra y en la Eucaristía nos convertimos en lo que recibimos. Nos convertimos en el Cuerpo cuya Cabeza es el Cristo resucitado, sentado a la derecha del Padre (cfr Col 1, 18), el cual nos prepara un lugar en los cielos (cfr Jn 14, 3): la Eucaristía es así el sacramento del Reino que viene. Es el Pan del camino, que nos conduce hacia la Patria celeste, hasta el día beato en el que «Dios sea todo en todo» (1 Cor 15, 28)”.
La Eucaristía, dinámica de la unidad, antídoto contra la división
En la solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, el Pontífice ha recordado que “incorporándonos a Cristo, la Eucaristía nos enseña a adoptar el estilo de vida del mismo Señor Jesús, marcado por el don gratuito de sí mismo.
Este don nos hace entrar, por esto, en la dinámica de la unidad, que ofrece un poderoso antídoto a los fermentos de división que amenazan nuestro mundo, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestro corazón (cfr SC, 47)”,
Consejos prácticos para preparar la Misa, ante las vacaciones
Con sus palabras a los peregrinos de diversas lenguas, el Papa ha recomendado que “no descuidéis la preparación para la Misa: interiormente, mediante la confesión frecuente, y a nuestro alrededor, haciendo callar los ruidos que nos impiden escuchar la Palabra de Dios” (lengua portuguesa).
Y a los polacos, y a toda la Plaza de San Pedro en esta mañana calurosa, con 35 grados en Roma a las 10,00 de la mañana, les ha hablado de las vacaciones.
“Las vacaciones son un tiempo de descanso y de búsqueda de los signos de Dios en la belleza de la creación. Aprovechadlas para participar más en la Santa Misa, meditar la Palabra de Dios, realizar retiros espirituales, hacer peregrinaciones y reuniros con vuestros seres queridos”, ha exhortado el Pontífice.
Por los jóvenes, para discernir su vocación
“Recemos también por los jóvenes, para que elijan con sabiduría el instituto y la universidad y disciernan con prudencia su vocación”, ha señalado el Papa.
Al final, ante del rezo del Pater Noster y de dar la Bendición, ha saludado “a los fieles de las numerosas parroquias aquí presentes a pesar del calor de estos días”, y ha animado a que “la visita a las tumbas de los Apóstoles (la Iglesia celebra el día 29 a san Pedro y san Pablo), fortalezca vuestra comunión fraterna y despierte en cada uno la disposición a ponerse al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia”.
Sacerdotes del Camino Neocatecumenal, San Juan Bautista
El Sucesor de Pedro ha saludado también con una “afectuosa bienvenida a los sacerdotes del Camino Neocatecumenal, procedentes de diversos países: espero que la ofrenda diaria del sacrificio eucarístico sea para vosotros un apoyo y fortaleza en el ministerio en favor del Pueblo de Dios”, les ha dicho.
Al concluir, ha recordado la fiesta de hoy de San Juan Bautista, que también había mencionado en su saludo a los peregrinos de lengua francesa y de otras lenguas.
“Mi pensamiento se dirige, por último, a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados; hoy celebramos la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista, que preparó el camino a Cristo: que él os ayude a redescubrir la vocación bautismal para ser, en todas partes, alegres anunciadores del Reino de Dios. ¡A todos mi bendición!”.





