En el Ángelus de este domingo día 6 de septiembre, el Santo Padre León XIV ha efectuado en la Plaza de San Pedro un nuevo llamamiento a detener la violencia y la destrucción en Ucrania, y a abrir los corazones al diálogo y a la paz.
Además, al comentar las lecturas de la liturgia del domingo, ha recordado lo que dice San Pablo en la Carta a los Romanos, que todos los mandamientos “se resumen en éste: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’” (Rm 13,9).
San Pablo insiste en este punto con una imagen muy fuerte, presente también en el “Padre nuestro”. Escribe: “Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo”, ha señalado el Papa.
La deuda de un amor mutuo
Jesús nos ha enseñado a invocar y a practicar el perdón de las deudas. Sin embargo, hay una heredad que nos debemos los unos a los otros, sin quedar atrapados por ella: es la deuda de un amor mutuo, ha subrayado el Pontífice en la meditación del Ángelus.
Y Jesús sugiere a cada comunidad cristiana “al menos dos modos de ejercitar el amor mutuo. El primero es ser capaces de realizar la corrección fraterna. Es un arte delicado y muchas veces olvidado, que requiere franqueza y gradualidad”.
Hablarse con sinceridad —primero de tú a tú; después, si es preciso, entre dos o tres personas; finalmente, cuando sea necesario, con toda la comunidad— significa afrontar la realidad y transformar problemas y conflictos en pasos de crecimiento. La lamentación y la maledicencia son más fáciles, pero no generan nada y paralizan muchas situaciones. El Evangelio, sin embargo, nos educa a la libertad en la caridad, ha sido el mensaje papel en este aspecto.
Ponerse de acuerdo, no solo cuando hay un conflicto
Además, “hay un segundo modo de amar fraternalmente, que para Jesús transforma incluso la oración: ponerse de acuerdo. No solamente cuando hay un conflicto, sino para pedir a Dios cualquier don”, ha dicho el Sucesor de Pedro.
Dice el Señor: “Si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá» (Mt 18,19). Esta promesa sugiere que podemos tener deseos comunes, dolores comunes, esperanzas comunes y, a través de la oración, crecer en la unidad.”
Sin la fe, cualquiera podría sentirse solo y sospechar de los demás, viéndolos como extraños y enemigos, ha continuado León XIV. “Sin embargo, por gracia, somos hermanos y hermanas que pueden ponerse de acuerdo: encontrándose, perdonándose y escuchándose en el Señor.”.
“Pidamos a María”, ha instado el Papa antes de la oración mariana del Ángelus, “quien tras el anuncio del ángel fue deprisa al encuentro de su prima Isabel para compartir la alegría y el cansancio del embarazo, que nos enseñe también a nosotros la gozosa deuda del amor fraterno”.
Cercanía con el pueblo ucraniano
A continuación, el Papa ha abierto su corazón dolorido, para mostrar su cercanía con Ucrania.
“Con gran pesar he seguido las noticias sobre los violentos ataques que recientemente han afectado a varias ciudades e infraestructuras civiles en Ucrania, provocando la muerte de personas inocentes. Mi corazón se une al sufrimiento del pueblo que lleva años viviendo en la angustia y el miedo”.
Hago “un nuevo llamamiento para que se ponga fin a la violencia, se detenga la destrucción y se abran los corazones al diálogo y a la paz”, ha implorado. “Espero que los esfuerzos realizados estos días para reanudar las negociaciones den frutos concretos y abran un espacio para la diplomacia”.
Elevemos nuestra oración al Señor, para que prevalezca la concordia en todos los conflictos del mundo, ha dicho León XIV.
Vuelta a las actividades ordinarias
Al concluir, el Papa ha rogado que mientras volvemos a nuestras actividades ordinarias tras las vacaciones, pedimos al Señor que nos acompañe y nos apoye con su luz.
Puede recordarse que a finales de agosto, el secretario vaticano para las relaciones con los Estados y las organizaciones internacionales, monseñor Paul Richard Gallagher, y el ministro de Relaciones Exteriores de la Federación Rusa, Sergey Lavrov, manifestaron algunos puntos de convergencia sobre asuntos internacionales y coincidieron en la importancia de continuar el diálogo entre la Federación Rusa y la Santa Sede.
El secretario Gallagher dijo entonces: “Esta guerra debe terminar”.





