En una audiencia concedida al Dicasterio para la Evangelización, el Papa León XIX les ha dado las gracias por el gran esfuerzo organizativo del Jubileo del año pasado, que atrajo a más de 33 millones de personas. Además, el Pontífice ha querido compartir alguna reflexión sobre la vida de la Iglesia cara a los años venideros.
El mundo tiene más sed que nunca de esperanza, la evangelización debe seguir siendo la motivación fundamental de toda acción de la Iglesia universal y de las comunidades locales. Solo así se podrá redescubrir la fe en toda su belleza y expresar mejor su credibilidad», ha dicho el Papa en la Audiencia.
Sin embargo, “especialmente en los países occidentales, la crisis de fe, junto con otros factores socioculturales, ha dado lugar a una indiferencia religiosa generalizada. Para muchos, la fe ya no parece relevante en sus vidas”.
“Creciente demanda de espiritualidad, especialmente entre los jóvenes”
Junto a este hecho, “la creciente demanda de espiritualidad, especialmente entre los jóvenes, merece una atención especial, como quedó claramente expresada durante el Jubileo de la Juventud. La nueva generación no está excluida del Evangelio; al contrario, muchos, al redescubrirlo, desean conocerlo mejor, pues perciben que en él reside la clave de la verdadera felicidad”.
En este sentido, “la evangelización actual, en particular, debe abordar las condiciones y dinámicas cambiantes de la transmisión de la fe de generación en generación. En algunas regiones del mundo, esta transmisión prácticamente se ha interrumpido, lo que exige la capacidad de afrontar nuevos retos”.
Afortunadamente, ha añadido, “en todo el mundo existen numerosas y variadas experiencias a través de las cuales las comunidades, asociaciones, movimientos y grupos eclesiales cristianos se encuentran con los jóvenes, los escuchan y se relacionan con ellos”, ha mencionado el Santo Padre.
La transmisión de la fe, en este contexto, “se produce necesariamente a través del encuentro con personas y comunidades que expresan la alegría de la fe cristiana y la coherencia de un estilo de vida evangélico”.
¿Cómo afrontar esta transmisión de la fe?
El Papa se ha apoyado en Benedicto XVI y ha manifestado que “no es diluyendo su contenido ni suavizando sus exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo. Sino dando testimonio con humildad y valentía del “camino, la verdad y la vida” que ha convertido y santificado a tantos.
“Como afirmó Benedicto XVI: ‘Lo que necesitamos en este momento de la historia son hombres que, mediante una fe iluminada y vivida, hagan creíble a Dios en este mundo. […] Necesitamos hombres que mantengan la mirada fija en Dios, aprendiendo de él la verdadera humanidad.
Necesitamos hombres cuyos intelectos estén iluminados por la luz de Dios y cuyos corazones Dios les abra, para que sus intelectos puedan hablar a los intelectos de los demás y sus corazones puedan abrir los corazones de los demás. Solo a través de hombres tocados por Dios puede Dios volver a los hombres’ (Benedicto, Europa en la crisis de las culturas, Siena 2005, 63-64).
Y ha sintetizado: “Por lo tanto, la santidad de la vida sigue siendo siempre la forma más convincente de la belleza de la fe cristiana, que trasciende el tiempo y se ofrece a todas las culturas”.
Evangelii gaudium, catecúmenos, Confirmación
En sus palabras finales, el Papa se ha referido a tres cuestiones:
– ha citado la Exhortación programática del Papa Francisco, “que sigue siendo un punto de referencia decisivo”. Y ha invitado “a que incorporéis ‘Evangelii Gaudium’ a vuestro trabajo en todos los niveles, para promover una misión “cristocéntrica y kerigmática, nacida de un encuentro con Cristo capaz de transformar vidas”.
– Prestar especial atención a los catecúmenos, puesto que cada vez son más los que solicitan el Bautismo.
– Debe brindarse una atención similar a los niños y niñas que reciben el sacramento de la Confirmación.
León XIV ha encomendado su trabajo “a la Virgen María, discípula perfecta y misionera del Evangelio”.




