Ante más de cuarenta mil peregrinos y fieles reunidos junto al Papa para celebrar la solemne celebración del Domingo de Ramos y la Pasión del Señor, León XIV ha bendecido los ramos de olivo y las palmas junto al obelisco de la Plaza de San Pedro.
Y en el Àngelus ha manifestado que “con nuestra oración estamos más cerca que nunca de los cristianos de Oriente Medio que sufren las consecuencias de un conflicto atroz y, en muchos casos, no pueden vivir plenamente los ritos de estos días santos”.
A continuación, tras la Eucaristía y antes del rezo del Ángelus, ha apelado a la unidad. “Precisamente, mientras la Iglesia contempla el misterio de la Pasión del Señor, no podemos olvidar a quienes hoy participan de manera real en su sufrimiento”.
“La tierra, el cielo y el mar han sido creados para la vida y para la paz”
“La prueba que ellos atraviesan interpela la conciencia de todos”, ha proseguido el Pontífice. “Elevemos nuestra súplica al Príncipe de la paz, para que sostenga a los pueblos heridos por la guerra y abra caminos concretos de reconciliación y paz”.
Asimismo, el Papa ha encomendado al Señor “a todos los marineros víctimas de la guerra: rezo por los difuntos, por los heridos y por sus familiares. ¡La tierra, el cielo y el mar han sido creados para la vida y para la paz!”.
Y ha rogado también que “recemos por todos los migrantes fallecidos en el mar, en particular por aquellos que han perdido la vida en los últimos días frente a las costas de la isla de Creta”.

Jesús, Rey de la Paz
El Papa ha realizado su petición de la mano de la Virgen Maria, a quien se ha dirigido “confiando a su intercesión todas nuestras súplicas. Dejémonos guiar por ella en estos días santos, para seguir con fe y amor a Jesús, nuestro Salvador”.
En la homilía de la Misa del Domingo de Ramos, la apelación más frecuente del Papa ha sido ‘Jesús, Rey de la Paz’, y sobre Él ha dirigido su meditación.
“Hermanos y hermanas, este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la paz. Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: ‘Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!’ (Is 1,15).
En Jesús “vemos a los crucificados de la humanidad”
“Al mirarlo a Él, que fue crucificado por nosotros, vemos a los crucificados de la humanidad. En sus llagas vemos las heridas de tantos hombres y mujeres de hoy”, ha subrayado el Papa.
“En su último grito dirigido al Padre escuchamos el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos. Y, sobre todo, escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra”.
“¡Dios es amor! ¡Tengan piedad! ¡Depongan las armas!”
Cristo, Rey de la paz, sigue clamando desde su cruz: “¡Dios es amor! ¡Tengan piedad! ¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!”, ha clamado el Papa León.
Al concluir, el Papa ha recordado “palabras del siervo de Dios, el obispo Tonino Bello”, para “confiar este clamor a María Santísima, que está bajo la cruz de su Hijo y llora también a los pies de los crucificados de hoy”.

¿Estamos realmente defendiendo el ser humano?
En cuanto a su viaje al Principado de Mónaco de ayer, el Papa exhortó a la comunidad católica, entre otros mensajes, “a prestar un servicio apasionado y generoso en la evangelización. Anuncien el Evangelio de la vida, de la esperanza y del amor. Lleven a todos la luz del Evangelio para que sea defendida y promovida la vida de todo hombre y de toda mujer desde su concepción hasta su fin natural”.
Y enseguida, invitó a preguntarse: “¿estamos realmente defendiendo al ser humano? ¿Estamos protegiendo la dignidad de la persona en la protección de la vida en todas sus fases?”.
Ante la Iglesia de Santa Devota, patrona del Principado de Mónaco, León XIV se reunió con jóvenes y catecúmenos y les habló del ejemplo de la santa mártir y de San Carlo Acutis. “El testimonio de la fe es una semilla que puede alcanzar y fecundar corazones y lugares lejanos, mucho más allá de nuestras expectativas y posibilidades”, dijo.



