Cultura

VIII Centenario de la catedral de Burgos, mensaje de testigos

Juan Álvarez Quevedo, Delegado de Patrimonio de la diócesis de Burgos nos introduce de manera espléndida en la maravillosa catequesis de piedra de 800 años de historia.

Juan Álvarez Quevedo·21 de julio de 2021·Tiempo de lectura: 9 minutos
Catedral Burgos
Foto: Catedral de Burgos. Zack Smith

Hace un año, con motivo del VIII Centenario de la Catedral de Burgos, la entonces revista Palabra dedicó un número especial en el que recorre, detalladamente, todos los aspectos de esta celebración que se cumplía el 20 de julio de 2021 y que puedes leer completo en este enlace si eres suscriptor de nuestra revista.

Con este motivo, ofrecemos el texto de Juan Álvarez Quevedo, Delegado de Patrimonio de la diócesis de Burgos que nos introduce de manera espléndida en la maravillosa catequesis de piedra de 800 años de historia a través de sus elementos más significativos.

Cuando una persona se acerca a la Catedral de Burgos lo hace por un motivo muy concreto; pero éste puede ser tan diverso que la conjunción de todos ellos puede servir para formular un tratado de sociología. A lo largo de las celebraciones y eventos que tienen lugar con motivo del VIII Centenario de la colocación de la primera piedra, se han acercado muchas personas, que han quedado impactadas por el acto celebrado, por lo contemplado en relación con el Patrimonio o por el recuerdo de un acontecimiento que sigue siendo historia viva en la vida de la Iglesia, tanto diocesana como de la sociedad burgalesa.

Turistas, fieles de la Iglesia diocesana, peregrinos que van a Santiago, amantes del Patrimonio, estudiosos de la arquitectura, devotos del Cristo de Burgos, amantes de la música y del teatro, celosos colaboradores de los diálogos, representantes de organismos públicos y privados…, toda esta variedad de personas son las que se han acercado a la catedral de Burgos en estos últimos meses.

Otros muchos han participado en este templo de diferentes actividades por otra serie de motivos. Es muy difícil hallar una motivación uniforme que les haya movido a todos a acudir a este lugar emblemático. En breve habrá una motivación más que llenará las capillas y las naves de esta Catedral; es la celebración del jubileo, que a lo largo de todo un año va a permitir contemplarla con unos ojos de fe, con una motivación distinta. Seguramente que cuando algunos de los protagonistas mencionado han acudido a este templo no ha olvidado esta motivación: es un edificio que sirve para contemplar a Dios en la tierra.

Una anécdota sobre los canteros

Cuando un grupo de niños o jóvenes se acerca a la catedral, a la puerta del Sarmental, cuando tienen ante sus ojos unas puertas abiertas para acceder al interior les suelo preguntar: ¿dónde estamos?

Las respuestas son muy diversas, por ello aprovecho para decirles: es un lugar muy importante, sagrado, y lo hago contándoles una anécdota, real o ficticia. Es la siguiente: Cuando estaban construyendo esta catedral, allá por el siglo XIII, un vecino muy inquieto veía a los canteros subidos en los andamios; el primer día que pasa le pregunta a un trabajador ¿qué hacéis, ahí, buen hombre?” Este le contesta: “Aguantando el calor del día y las duras horas de trabajo”. El visitante ocasional se fue a su casa, pensando en el trabajo duro de los canteros. Pasa el segundo día y pregunta a otro trabajador: “¿Se da bien el trabajo?” Le contesta: “Aquí estoy ganando el pan para mis hijos, que tanto lo necesitan”. Finalmente volvió al tercer día y con los andamios un poco más altos le pregunta a un tercero: “¿En qué consiste la obra que os traéis entre manos?” Y le contesta: “Estoy haciendo una catedral”. Con ello les digo a los jóvenes: ahí tenemos las puertas abiertas; se nos invita a entrar en una catedral, a ser protagonistas de ella, como lo fueron aquellos artistas del siglo XIII.

Para descubrir el verdadero motivo de nuestra entrada en la Catedral hemos de comprender qué es un templo católico, qué se nos enseña en él, para qué se hizo. De esta manera hallaremos no una motivación más o diferente para acudir a la Catedral, sino que esa será la base o el porqué de nuestra visita o de nuestra entrada a este lugar.

Para ello me voy a fijar brevemente en unos pequeños detalles del arte de nuestra catedral y de cómo todos somos testigos del mensaje que encierra y así nos convertiremos en protagonistas de este templo. Estos pequeños y extraordinarios detalles nos hacen descubrir ese protagonismo y el mensaje religioso del templo. El  resto de estudios sobre la historia, el arte o las restauraciones de la Catedral ya son analizados por otras personas que conocen a la perfección estos detalles técnicos.

Santa María y la portada del Perdón

La Catedral de Burgos vista desde el exterior tiene tres portadas muy significativas que nos introducen en unos misterios que se celebran en el interior.

Juan Álvarez Quevedo

La riqueza de los templos se muestra en todos los elementos que la integran, pero se duplica cuando ese valor artístico sale al exterior; por ejemplo, si un ábside está decorado con un retablo de primera calidad o con unas vidrieras que permiten descubrir los misterios a través de la luz y, además, luce una especie de retablo exterior en la portada, nos hallamos ante un conjunto de doble valor, que muestra los misterios de la Salvación desde dentro, pero prepara desde el exterior ese impacto para invitar al visitante a adentrarse en la contemplación.

La Catedral de Burgos vista desde el exterior tiene tres portadas muy significativas que nos introducen en unos misterios que se celebran en el interior, es un resumen de una Historia de la Salvación escrita en piedra en tres capítulos, y que invitan a los que las contemplan a introducirse en el mensaje.

La fachada de Santa María que se abre a la plaza del mismo nombre es la portada del Perdón, lugar por donde acceden los peregrinos y jubilares que desean lograr esta gracia. Es la que sirve de referencia para toda la Catedral: María es la titular del templo, alberga en su interior una serie de capillas dedicadas a sus misterios y nos adentra en la Historia de la Salvación, porque son los inicios de este gran proyecto de Dios, que desea contar con María, su Madre, para dar la plenitud a este plan.

Como el centro de esta historia está enraizado en el Pueblo de Israel, que es presagio de la Iglesia, tenemos en el centro de la fachada la estrella de David, que sirve para enmarcar el rosetón. María y su Pueblo son el marco inicial de esta historia, son los protagonistas de esta primera portada que se completa con ocho estatuas de diferente tamaño; según algunos autores representan a personajes del pueblo de Israel y están relacionados con la Virgen.

Pero en el remate de centro hallamos la imagen y el texto explicativo de la portada: la imagen de la Virgen con el Niño y con la luna bajo sus pies; a sus lados aparece el texto a ella referido: “Pulchra es et decora” (Eres bella y hermosa). El añadido de las agujas, realizado en el siglo XIV con los lemas de los obispos Alonso de Cartagena y Luis de Acuña, “Pax vobis” y “Ecce agnus Dei”, ayuda a vincular la fachada a otro momento de la Historia de la Salvación, que es la Iglesia, pero que se concreta en la obra y la labor de los obispos en la Iglesia local.

El Sarmental, Cristo

La siguiente fachada nos descubre otro momento de esta historia y se accede a ella desde la Plaza de san Fernando. Se trata de la Portada del Sarmental, donde Cristo es el protagonista central; en ella y en un espacio muy reducido, pero con una riqueza inigualable se describen cuatro momentos, el último prolongado en la Historia. Son los siguientes. En el centro, Cristo, el protagonista de esta portada, aparece sentado, bendiciendo con la mano derecha y con el libro de los evangelios abierto; es el Verbo Encarnado, que trae y predica la Salvación a través de su Palabra. Junto a Él los evangelistas, en sus pupitres de época y con sus atributos, están recogiendo ese mensaje por escrito; es su Palabra transmitida.

   Debajo de este grupo se hallan los doce apóstoles con su libro de los Evangelios, que se deciden a predicarlo; y finalmente el cuarto momento, la figura del obispo, como sucesor de los apóstoles, que trae el mensaje de Salvación a esta tierra; este mensaje está representado para que la Palabra se extienda en la historia a lo largo de los siglos. La liturgia de la Iglesia se muestra en las arquivoltas de esta fachada, con ángeles, músicos y ancianos, y en el remate superior también con ángeles que portan cirios y candelabros.

La Coronería, los apóstoles

La tercera portada importante del exterior es la de la Coronería, situada en el extremo norte del crucero y denominada de los Apóstoles, para así dar a entender que estos nos acompañan en este proceso de Salvación. Se halla en la calle Fernán González. Es el tercer capítulo de este proceso en el que todos los creyentes nos convertimos en protagonistas. Se trata del examen final, ya que, si en la bancada se hallan los doce apóstoles, en el tímpano se representa el Juicio final, o sea, el análisis de la vida de los creyentes previo a la participación de la vida de Dios. Cristo aparece como Juez, acompañado de la Virgen y san Juan Evangelista y en el tramo inferior, bajo dosel, la puerta estrecha por donde es necesario pasar, con unos a la derecha y otros a la izquierda, siguiendo el texto de Mt. 25, 41. Se trata de toda una Historia que envuelve a los protagonistas de la misma y nos hace a todos partícipes de ella.

Catedral
Coro Catedral de Burgos ©Diario de Burgos

Mensaje del Coro

El primer coro de la Catedral de Burgos estaba situado en la cabecera de la nave central, pero ya a finales del siglo XV surge la idea de ampliarle y sustituirle por otro de la calidad artística propia del momento. Por ello es retirado el primitivo, y ya a partir de 1506 se trabaja en el nuevo, una obra que se extiende hasta el año 1610, trabajando en él varios y destacados autores.

Lo que interesa en este momento es la descripción de una parte del mismo, de acuerdo con la finalidad del presente estudio. El número de sitiales asciende a 103 y, ya que se halla en centro de la catedral para elevar las alabanzas a Dios, se desarrolla en tres niveles: el inferior presenta relieves con temas bíblicos y hagiográficos de la vida diaria; en el superior, en base a los relatos del Génesis, se hallan relieves de escenas del Génesis intercaladas con imágenes de santos y personajes bíblicos. Pero lo que más destaca es el conjunto de relieves de la sillería superior, donde se relata la vida de Cristo, desde la Anunciación hasta la Resurrección.

Es el Evangelio en escenas, que se ofrece a todos los visitantes de la Catedral, especialmente a los jóvenes, para que descubran los personajes más importantes del centro de la Historia de la Salvación.

JuanÁlvarez Quevedo

Es el Evangelio en escenas, que se ofrece a todos los visitantes de la Catedral, especialmente a los jóvenes, para que descubran los personajes más importantes del centro de la Historia de la Salvación y que se asocian con ella sentándose en estos sitiales. Tanto estos visitantes como las personas que acuden a las celebraciones o a otros actos culturales o religiosos, se asocian a los momentos más brillantes y destacados de la vida evangélica. Pueden hacer una fotografía retrospectiva de los lugares que han ocupado a lo largo de su vida en este coro.

El cimborrio

“In medio templi tui laudabo te et gloriam tribuam nomini tuo qui facis mirabilia”: en medio de tu templo te alabaré y daré gloria a ti porque haces maravillas. Esta es la inscripción que aparece en la base de la última obra que, entre otras muchas, se puede analizar para entender el significado de las representaciones de los testigos. Esta frase es la que podrían dejar escrita los artistas con letras de molde para dar a entender que, cuando realizan esta actividad, están continuando con la obra de Dios en la creación.

Por encargo del obispo Acuña, Juan de Colonia levantó en el crucero un cimborrio en forma de tercera torre hacia 1460-1470. Llamativa, elegante y suntuosa, y con una atrevida estructura, estaba adornada con muchas columnas y coronada por ocho chapiteles. Al estar construida sobre la estructura primitiva, que solamente mantenía una cubierta sencilla, la noche del 3 al 4 de marzo de 1539, tras ceder sus pilares del lado norte, se derrumbó totalmente arrastrando también las bóvedas cercanas.

El cabildo decidió reconstruir el cimborrio ese mismo día encargándoselo a Juan de Vallejo, que se inspiró en un diseño de Juan de Langres, discípulo de Felipe Bigarny. En 1555 estaba casi rematado, pero no se finalizó hasta 1568. Este diseño actual presenta una elevada estructura de prisma octogonal dividida en dos cuerpos, con cuatro torres adosadas y rematadas por esbeltas agujas que refuerzan el impacto visual del tambor central.

En el corazón de la Catedral

El artista quiere devolver a Dios lo que ha recibido, desea continuar con la obra del creador y por ello se eleva hacia arriba y le alaba y da gloria desde el templo.

Juan Álvarez Quvedo

Nos encontramos en el corazón de la catedral. La imaginación se dirige hacia lo alto y ve la luz que irradia todo el cimborrio, desde el amanecer hasta el ocaso. Ya dijo Felipe II que ésta parecía más obra de ángeles que de hombres. La mano de Dios se cierne sobre estos relieves, sobre los ventanales y, como obra también humana, desciende hasta el pavimento del templo, lugar destinado al reposo de los humanos.

El artista quiere devolver a Dios lo que ha recibido, desea continuar con la obra del creador y por ello se eleva hacia arriba y le alaba y da gloria desde el templo; así ha continuado con esta obra del Creador. Si en un principio dijo que exista la luz, y brilló todo el universo, ahora el hombre le glorifica con su mano de artista, cumpliendo el mandato del trabajo. Los talentos que Dios ha puesto en la mente del hombre le convierten en el artista del universo, que completa la creación y se hace amigo de Dios. La bóveda calada, típicamente burgalesa, abre los huecos para la oración y el incienso abre los sentimientos de divinidad. El hombre y Dios trabajan en esta maravilla artística.

Conclusión

Puestos a soñar, podemos ver unas catedrales llenas de luz, blancas como el primer día, porque se han restaurado en su integridad; podemos imaginarnos unos templos muy bien consolidados y llenos de turistas; podemos contemplar una orfebrería maravillosa detrás de las vitrinas, y soñamos con unas rutas llenas de ensueño y plagadas de joyas que llenan la geografía y el paisaje. Si es solamente esto, aún no hemos descubierto la plenitud de la luz, aún no hemos visto las maravillas de Dios que encierran esas joyas.  

La verdadera gloria de Dios es, además, que las catedrales sirvan como puntos de encuentro para el Pueblo cristiano, que las iglesias sean centros de reunión parroquial y  comunitaria, que las custodias, las cruces procesionales y los cálices con sus brillos luminosos nos lleven hacia Dios.

No importa que nuestros museos sean visitados por muchos o pocos turistas, es más urgente que sean un itinerario de fe y de interrogantes, que el arte preste un servicio al mundo de la cultura y sirva pastoralmente a los turistas; que cada uno de los templos sea un hervidero de paz y de solidaridad para un mundo que sigue necesitando y buscando a Dios.

Todos los protagonistas de la Catedral, reflejados en imágenes y en relieves, se convierten hoy en hombres y mujeres del siglo XXI, que siguen escribiendo su historia, para así ser protagonistas de su momento estelar en este Camino de Salvación.

El autor

Juan Álvarez Quevedo

Delegado de Patrimonio de la diócesis de Burgos.Vicepresidente del Cabildo de la Catedral.

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