Cultura

Vacunas contra la Covid-19 y ética

El delegado de la Santa Sede ante la Asociación Médica Mundial y miembro de la Academia Pontificia para la Vida, Pablo Requena, analiza la moralidad del uso de las vacunas contra la Covid-19.

Pablo Requena·4 de enero de 2021·Tiempo de lectura: 4 minutos

Si a alguno le preguntaran por la calle si le parece que toda la cuestión de la pandemia causada por la Covid-19 es algo sencillo pocos serían los que responderían afirmativamente. Ha pasado ya más de un año desde que se describieron los primeros casos de lo que en poco tiempo se ha convertido en una epidemia mundial, y son muchos los interrogantes que permanecen sobre el tapete, a pesar de que buena parte del mundo científico global se ha puesto a trabajar en ello de un modo que es difícil encontrar precedentes en la Historia de la Medicina y de la investigación científica. Llama la atención que en las redes sociales aparezcan tantas afirmaciones tajantes sobre las características del virus, la reacción inmunológica que provoca o el manejo que habría que hacer de la pandemia. A todas estas cuestiones se han unido algunas que se refieren a los aspectos éticos de la infección por coronavirus.

La moralidad de las vacunas

En los últimos meses se ha escrito mucho sobre las vacunas contra la Covid-19 y sobre su conexión con el aborto. El tema es serio y por eso es de agradecer la Nota que ha publicado el pasado 21 de diciembre la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la moralidad del uso de algunas vacunas contra la Covid-19. En realidad lo que dice esta Nota, a nivel teórico, lo había dicho ya esa misma Congregación en 2008, en los números 34 y 35 de la instrucción Dignitas personae, al tratar de la utilización de “material biológico” humano de origen ilícito. Sin embargo, era oportuno recordarlo, pues muchos católicos desconocen este texto y tienen dudas sobre la moralidad del uso de las vacunas contra la Covid-19

Diferentes grados de responsabilidad

La Nota escribe algo que en los últimos documentos del Magisterio sobre bioética se ha recordado: que la Iglesia no tiene competencia particular en cuestiones científicas, y lo único que hace es ofrecer una luz para el discernimiento de las cuestiones éticas. En este caso la cuestión que se plantea es si es lícito utilizar una vacuna en cuyo proceso de producción o validación se han empleado líneas celulares procedentes de tejido fetal que proviene de abortos provocados.

La breve Nota explica, siguiendo a Dignitas personae, que en el uso de líneas celulares procedentes de aborto se dan diferentes grados de responsabilidad, y pone como ejemplo la distinta valoración moral de las posibles acciones, dentro de una gran empresa farmacéutica, según se trate de los dirigentes que proponen su uso en cierta investigación o de los profesionales que no tienen capacidad decisional sobre los materiales a utilizar.

A continuación ofrece la respuesta al problema moral que se ponen algunos cristianos señalando que es “moralmente aceptable utilizar las vacunas contra la Covid-19 que han utilizado líneas celulares de fetos abortados en su proceso de investigación y producción” siempre que no sea posible acceder a vacunas alternativas realizadas sin utilizar ese tipo de líneas celulares de origen ilícito. Esta condición se cumple actualmente en la mayoría de los casos, pues los posibles usuarios no pueden elegir el tipo de vacuna, ya que depende de la organización gubernamental.

¿Podría existir cooperación al mal?

La razón que utiliza el documento para justificar esta respuesta reside en que el tipo de cooperación al mal en el que se podría incurrir es remoto. Cuando se habla de cooperación al mal (el documento utiliza la categoría moral “cooperación material pasiva”), no se está suponiendo que utilizar hoy la vacuna implique algún nexo causal con el aborto que se realizó hace treinta o cuarenta años, sino que el utilizar estas líneas celulares pueda promover de alguna forma el uso de material embrionario o fetal en los laboratorios, y justificar o hacer más tolerables la destrucción de embriones o los abortos relacionados con ese uso.  

Además, sigue explicando la Nota, el deber moral de evitar ese tipo de cooperación no es vinculante si existe una causa grave, como es en este caso evitar la propagación de la infección con todas sus consecuencias negativas. Es importante entender que el razonamiento que hace la Congregación vaticana no es de tipo proporcionalista, ya que parte de la consideración de que el objeto del acto que se realiza, o sea la inmunización de la población, es moralmente bueno. Además, como se explica también, esta respuesta no legitima ni los abortos que dieron lugar a esas líneas celulares, ni el uso de las mismas.

¿Es obligatorio vacunarse?

Otra cuestión que afronta la Nota es la que se refiere a la obligatoriedad de la vacunación. Aquí es importante distinguir el plano jurídico del plano ético. El primero se refiere a las indicaciones que la autoridad pública exige a los ciudadanos. De momento, en los países donde se ha comenzado a utilizar la vacuna no se exige por ley su suministración: simplemente se aconseja. Pero en algún lugar, o para ciertas categorías de sujetos, la autoridad pública podría obligar la vacunación si lo considerara necesario para el bien público. Por lo que se refiere al plano ético, es claro que existe una cierta obligación moral de evitar el contagio de otras personas y, como en otras enfermedades infecciosas, la vía más segura sería la vacunación. Por esta razón la Nota señala que “la moralidad de la vacunación depende no sólo del deber de proteger la propia salud, sino también del deber de perseguir el bien común”.

¿Y qué pasa con los países pobres?

Un último problema ético de no poca importancia que menciona la Nota, aunque muy sucintamente, es el que se refiere al acceso universal a las vacunas. Habla del imperativo moral de “garantizar que las vacunas, eficaces y seguras desde el punto de vista sanitario, y éticamente aceptables, sean también accesibles a los países más pobres y sin un coste excesivo para ellos”. Sobre este tema hace una presentación más desarrollada la reciente “Nota de la Comisión Vaticana Covid-19 en colaboración con la Academia Pontificia para la Vida Vacuna para todos. 20 puntos para un mundo más justo y sano” (29.12.2020).

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