Cultura

Robert Schuman, un visionario en el corazón de Europa

El sacerdote Bernard Ardura, promotor de la causa Robert Schuman, habla para Omnes en exclusiva sobre el proceso de canonización de uno de los padres fundadores de la EU.

Concepción Lozano·8 de octubre de 2021·Tiempo de lectura: 5 minutos
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Foto: Robert Schuman en 1953

El Papa Francisco abre el proceso para la beatificación de Robert Schuman, al autorizar a la Congregación para las Causas de los Santos la promulgación del decreto que reconoce sus «virtudes heroicas.

«Europa necesita un alma, un ideal y la voluntad política de alcanzarlo». Con estas palabras de Robert Schuman, Ursula Von del Leyen la presidenta de la Comisión Europea inició su discurso ante el pleno del Parlamento Europeo en el que fue su segundo debate sobre el estado de la Unión, el pasado 15 de septiembre. Un ideal que, si bien tenían claro los primeros padres fundadores del proyecto comunitario, parece con el transcurso de los años, haberse diluido, si no borrado.

Robert Schuman, ministro de Exteriores francés hace 60 años propuso la administración conjunta con Alemania de la producción del carbón y del acero (Declaración 9 de mayo de 1950) . Precisamente los dos materiales que habían servido para alimentar la industria armamentística que tanto daño causó en las dos grandes guerras mundiales.  

“Europa tiene que dejar de ser un campo de batalla en el que se desangran las fuerzas rivales. A partir de esa toma de conciencia, que pagamos tan caro, queremos ir por nuevos caminos que nos conduzcan a una Europa unida y definitivamente pacificada”, dijo Robert Schuman, en un discurso que se considera vital para la reconciliación de las dos grandes potencias enfrentadas.

Apoyado en el canciller alemán Konrad Adenauer, un socio en el que encontró el mismo ideal de paz y solidaridad, ambos supieron aprovechar un momento histórico para crear como ellos mismo dijeron una “comunidad de acción y pensamiento”, el embrión de la Unión Europea actual.

La paz, la reconciliación, el entendimiento, el diálogo, los pilares sobre los que este visionario, adelantado a su época quería construir una comunidad que fuera más allá de los intereses económicos y políticos.

Un santo vestido de traje

«Formado en su juventud en el neo-tomismo y la doctrina social de la Iglesia propugnada por León XIII, veía su papel en la política como un servicio a la sociedad. Decía que todos somos ‘instrumentos imperfectos en manos de la Providencia’.

 Intentó siempre hacer el bien, y discernir la voluntad de Dios en los difíciles momentos históricos que le tocó vivir, como el nazismo y la Segunda Guerra Mundial”, dice de él Victoria Martín, autora del libro Europa un paso a lo desconocido

«La fe inspiraba toda su vida y su relación con los demás. No hacía política de la religión. A diferencia de otros políticos católicos franceses de su época, Schuman no era un tradicionalista, sino que pensaba que la democracia y los principios de la Revolución Francesa (libertad, igualdad, fraternidad) tienen su raíz en el Evangelio, siguiendo a su filósofo favorito, que era además su amigo: Jacques Maritain.

¿Qué es lo que hizo realmente Robert Schuman para que el Papa haya abierto su proceso de canonización?

Lo primero que hay que decir que tras de su causa está el Instituto St. Benoit, una asociación creada por amigos y vecinos de Schuman en Metz cuando él murió. Una de las personas que mejor lo conocen es el Padre Bernard Ardura, presidente del consejo Pontificio de ciencias históricas y postulador de la causa de Schuman.

“Toda su vida ha estado marcada por el signo del bien común. Es un ejercicio de caridad. Incluso demostrado cuando renuncia a su vocación de religioso para volcarse con la sociedad, con los hombres en un periodo especialmente difícil y convulso desde el punto de vista de la historia.

A diferencia de otros políticos católicos franceses de su época, Schuman pensaba que la democracia y los principios de libertad, igualdad, fraternidad, tienen su raíz en el Evangelio.

Concepción Lozano

En una de las cartas escritas a su mejor amigo, recogida en el citado libro de Victoria Martín Henri Eschbach, Robert Schuman se sincera y le cuenta sus planes de retirarse del mundo y dedicarse a la oración en un monasterio. Sin embargo, su amigo le responde con unas palabras claras y certeras que marcaran el rumbo de su vida y de su espíritu: “Me atrevo a añadir que mi opinión (sobre su idea de hacerse religioso) es muy diferente. Porque en nuestra sociedad el apostolado laico es de una necesidad urgente y no puedo imaginar mejor apóstol que tú, con toda sinceridad… seguirás siendo laico porque te será más fácil hacer el bien, que es única preocupación. Soy categórico ¿Verdad? Es que creo que puedo ver hasta el fondo de algunos corazones y me parece que los santos del futuro serán santos vestidos de traje”.

No se equivocaba Eschbach, Robert Schuman llegará a los altares vestido con su inconfundible traje oscuro y su sombrero de ala ancha, típicos de la época.

Fue un hombre que no alardeó de sus convicciones, su carácter no era demostrativo, era más bien una persona tímida, discreto, pero se percibe por su manera de vivir que el vivía de su fe, continua Ardura. “Hay una perfecta coherencia, entre sus convicciones cristianas y su vida”.

Para su postulador, Robert Schuman construye todo el proyecto europeo sobre los fundamentos del perdón y la solidaridad. Un elemento constitutivo de la Unión Europea, al menos en sus orígenes.

Con el tiempo algunos de los principales fundamentos de la UE se han diluido. Habría que volver a los orígenes, a las raíces, al proyecto inicial basado en la solidaridad entre todos los estados miembros. Sólo viviendo la solidaridad, evitaremos la guerra.

Europa como sociedad unida

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Tumba de R. Schuman en la Iglesia de san Quintin junto a las banderas europeas

Schuman no sólo fue el inspirador y actor fundamental en la creación de la Unión Europea si no que su paso por la política y la relación con los principales líderes europeos del momento marcaron el futuro. Hay pocas figuras políticas que dejen huella de la manera en la que Robert Schuman lo ha hecho. Su legado y su memoria son hoy esenciales para entender, no sólo el pasado, sino el hoy de un continente que no sé si se parece a lo que él había imaginado.

En cualquier caso, no dudó en poner sus ideas, sus convicciones al servicio de un proyecto gigante que, a pesar de las dificultades, se desarrolló hasta formar una comunidad de 27 estados distintos cuyos responsables políticos, lejos de hacer la guerra, se sientan en una mesa para dialogar, negociar y tomar decisiones comunes que afectan a más de 500 millones de personas.

Ya advirtió Schuman para aquellos que creen que Europa está en crisis, o no sobrevivirá ante la disparidad de gobiernos europeos, cada uno con sus intereses nacionales muchas veces contrarios al bien europeo: “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen sobre todo una solidaridad de hecho”.

Bernard Ardura explica que ahora sólo falta el milagro. Robert Schuman ha sido declarado venerable por sus virtudes heroicas pero ahora hace falta que se produzca un milagro por intercesión suya para que este político francés, cuyos ideales han perdurado hasta nuestros días y que fue coherente con su fe hasta su muerte, llegue por fin a los altares.

El autor

Concepción Lozano

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