Cultura

Donde se esconde la Virgen: un Santuario en los valles de Eslovenia

Entre los valles del noroeste de Eslovenia, se encuentra el santuario de Nuestra Señora de la Misericordia, en Ptujska Gora. Un lugar lleno de historia y que se puede considerar una joya del gótico esloveno.

Jacqueline Rabell·24 de agosto de 2021·Tiempo de lectura: 4 minutos
Ptujska Gora

Situada entre los valles del noroeste de Eslovenia, se alza la basílica menor de Nuestra Señora de la Misericordia, en Ptujska Gora. Un lugar lleno de historia desde que en el siglo XIV fuera erigido por los señores feudales de la región. Desde entonces su popularidad se fue extendiendo, convirtiéndose en uno de los lugares de peregrinación más concurridos de los alrededores. Su larga existencia y diversos acontecimientos históricos también han puesto a prueba la fe y devoción de sus peregrinos. Por todo ello, la iglesia fue consagrada basílica en 2010.

Nuestra querida Madre siempre ha tenido un lugar en el corazón de los hombres y en muchas ocasiones, incluso en el corazón de aquellos más alejados de Cristo y de su Iglesia. Por eso me gustaría mostrar las maravillas dedicadas a la Virgen que se esconden en el corazón de Europa.

Una joya del gótico esloveno

A camino entre Viena (Austria) y Zagreb (Croacia) -siempre que no se vaya en avión-, se atraviesa la región de Ptuj en Eslovenia, donde se encuentra Ptujska Gora, un pueblecito situado en la tradicional región de la baja Estiria y que ha sido, desde tiempos remotos, lugar frecuente de peregrinaciones. Pues allí, sobre lo alto de una colina y dominando el valle, se encuentra la iglesia dedicada a María Virgen Protectora.

De típica apariencia centroeuropea, es considerada una joya del gótico de Eslovenia. Su larga historia y sus innumerables peregrinos que hasta aquí han venido a rezar a la Virgen, han hecho de este lugar uno los pulmones de la región. Desde entonces, este lugar de peregrinación viene continuando una tradición que se remonta a finales de la Edad Media, época en la que, según parecen indicar las fuentes, fue erigida bajo el patrocinio de los señores feudales de Ptuj. Posteriormente parece que se pasaría a conocerse como “Mons Gratiarum” o Monte de gracia, hasta la época de las incursiones turcas, en que, por influjo de una leyenda, se conocería como Montaña negra. 

No será hasta 1615 cuando el lugar comience a registrar una mayor afluencia de peregrinos, coincidiendo con la fecha en la que los jesuitas toman la regencia de la iglesia, así como de la casa para los peregrinos construida ad hoc. Pero poco más de un siglo más tarde, las ideas de la Ilustración, que progresivamente se adentran en las diferentes cortes de Europa, llegan también a Viena. La emperatriz María Teresa decide en 1773, siguiendo la misma línea de los monarcas de España y Portugal, suprimir la Compañía de Jesús. Ptujska Gora se convierte así en una parroquia diocesana. No obstante, gracias al esfuerzo de sus párrocos, las peregrinaciones se mantendrán a pesar de las adversidades y de las restricciones impuestas por el sucesor de María Teresa, el emperador José II, quien busca reducir drásticamente la presencia de la Iglesia en la sociedad limitando las habituales prácticas de piedad del pueblo como las procesiones, peregrinaciones, fiestas patronales, etc. 

En 1938 la iglesia pasará a la Orden de los Frailes Menores (franciscanos), quienes mantienen la iglesia hasta día de hoy. Ellos fueron los encargados de preparar el 600 aniversario de la iglesia en 2010, año en la que fue declarada basílica bajo la advocación de María Madre Protectora, o Nuestra Señora de la Misericordia.

Un estilo barroco sobre elementos góticos

En su conjunto, el revestimiento del templo es de un marcado estilo barroco, sobre elementos arquitectónicos góticos. Entre estos destaca la famosa imagen de la Virgen con el Manto. Una imagen que los jesuitas decidieron mover del pórtico, para colocar sobre el altar mayor. Este relieve, de gran belleza, realizado a partir de un único bloque de piedra, muestra a Nuestra Madre con el Niño en su brazo izquierdo y con el manto extendido, bajo el que protege a numerosas figuras: se pueden contar hasta ochenta y dos personas, una alegoría a la constante intercesión de la Virgen. Aunque no se conozca el nombre de los representados por esas figuras, los expertos sí parecen haber reconocido a los fundadores de Ptujska Gora, Bernhard III. de Petau y su esposa Walburga, hija de los condes de Cilli, los aristócratas más importantes durante el Medievo en Eslovenia. Realizados por los mismos artistas, se encuentran también en la iglesia los altares de la Virgen del Rosario y de San Segismundo. En esta última capilla se halla la tumba del caballero Segismundo de Neuhaus, quien costeó los gastos del altar dedicado a su patrón.

Desde la llegada de los franciscanos a Ptujska Gora se han ido introduciendo algunas novedades. En el presbiterio se ve una sede de reciente factura, muy adecuada para el conjunto. Se han incorporado también unas modernas vidrieras y los retratos de varios santos, como san Maximiliano Kolbe, franciscano conventual que, siendo prisionero en Auschwitz, decidió voluntariamente morir en lugar de otro prisionero padre de familia, quien posteriormente acudiría a su canonización. También la entrada ha sido ornamentada con relieves de la Virgen María, de San Juan Pablo II y del beato Slomsek, obispo esloveno beatificado en 1999. Asimismo, ha recibido una nueva configuración el lugar de la reserva eucarística, con un bonito sagrario sobre columna, colocado bajo un baldaquino de origen gótico. 

Después de estas breves pinceladas, no cabe duda de que esta basílica debería ser parada obligatoria para todo aquel viajero que decida cruzar o adentrarse en las que fueron posesiones del Imperio austriaco y descubrir así, los numerosos vestigios que todavía existen dedicados a Nuestra Madre. Quizá sea también la ocasión para que el viajero enlace en su ruta las diferentes basílicas que se extienden por la región, como son Mariazell en Austria y Marjia Bystrica en Croacia, convertidos hoy casi en símbolos nacionales. Todos estos lugares, que se trataran en otros artículos, tienen en común el haber vivido momentos de esplendor, bajo el patrocinio de reyes y grandes señores, pero también momentos oscuros, como fueron las diferentes invasiones turcas o las restricciones impuestas desde la corte a toda forma de externalización de la piedad popular.

El autor

Jacqueline Rabell

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