Cine

Minari. El amor es para todos

En la sección de cine de Omnes reseñamos Minari, la última película de Lee Isaac Chung.

Patricio Sánchez-Jáuregui·15 de abril de 2021·Tiempo de lectura: 2 minutos

Minari

Título original: Minari
Dirección: Lee Isaac Chung
Guión: Lee Isaac Chung
País y año: Estados Unidos, 2020

Lee Isaac Chung (1978), director americano de padres inmigrantes, con Minari da un paso más en su trayectoria cinematográfica, eminentemente social. Su carrera ha sido aclamada y premiada desde que estrenara su primera película, Munyurangabo, donde ya establecía las bases de lo que sería una cinematografía comprometida con los aspectos más profundos de la vida. Premiada en Sundance y con seis nominaciones a los Óscar de 2021, entre ellas mejor película, mejor director y mejor actor (Yeun), Minari es una apuesta fuerte por un guión sensible, pulido y unas grandes actuaciones. 

Tras una década trabajando a lo largo de la costa oeste de EEUU, la familia Yi se muda a Arkansas, donde el padre busca cumplir sus sueños: comprar y labrar una tierra para poder establecerse por su cuenta. Esto nos meterá de lleno en la psique del padre, un brillante Steven Yeun que encarna a Jacob, un hombre tan patriarcal como su nombre, orgulloso y racional. Este personaje se debatirá entre su orgullo, sus sueños y mantener su matrimonio con Han Ye-ri, la cual rompe lanzas en favor de la sensatez y rescatar la confianza perdida en su marido. Y este es, en palabras del director, el tema principal: la historia de un matrimonio. La vida de ambos cambiará aún más con la llegada de la madre de ella, una suegra inteligente y llana que se toma la vida con filosofía, siendo una fuente de inagotable cariño. 

Minari es un largometraje estadounidense escrito y dirigido por Lee Isaac Chung. Es un drama semi-biográfico sobre el matrimonio, la lucha por los sueños, la búsqueda de raíces y la importancia de la familia. Resalta el desarraigo y la búsqueda de comunidad. En esta línea, la Iglesia juega un papel importante, pero la recluye a un papel comunitario, en la línea del colectivismo filosófico de Byung-Chul Han. Dentro del matrimonio crea una clásica situación que contrapone racionalismo y fe, y añade a esta la superstición, en una lucha donde nadie gana. Crea, asimismo, un mejunje religioso considerable (da igual ir a una iglesia que otra, equipara la fe a la superstición) con alguna crítica velada a las religiones institucionales. 

El estilo cinematográfico de la película está cuidado y tiene un ritmo pausado, con temas musicales instrumentales y discretos de Emile Mosseri (Kajillionaire). Un estilo de rodaje depurado y sencillo, con un moderado, pero poderoso uso del plano secuencia. 

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