Mundo

Mons. Ocáriz: «San Josemaría aprendió qué significaba para la Iglesia ser sacerdote»

Entrevista al Prelado del Opus Dei, mons. Fernando Ocáriz, con motivo del I centenario de la ordenación sacerdotal de san Josemaría Escrivá.

Maria José Atienza·28 de marzo de 2025·Tiempo de lectura: 5 minutos
Mons. Ocáriz: "San Josemaría aprendió qué significaba para la Iglesia ser sacerdote

Mons. Fernando Ocáriz ©Opus Dei

El 28 de marzo de 1925, Josemaría Escrivá recibió la ordenación sacerdotal de manos del obispo don Miguel de los Santos Díaz Gómara en la iglesia de san Carlos en Zaragoza. Un siglo después, esa misma ciudad ha acogido una notable jornada para recordar este hecho y, especialmente, poner de relieve el amor del fundador del Opus Dei por el sacerdocio ministerial. 

Con este motivo, Omnes ha entrevistado al actual prelado del Opus Dei, mons. Fernando Ocáriz, que ha sido uno de los ponentes de esta jornada y quién tuvo la oportunidad de convivir con san Josemaría y ser testigo de su intensa piedad y preocupación por la formación y la vida de los sacerdotes. 

Ahora que se cumplen los 100 años de la ordenación sacerdotal de san Josemaría, ¿cuáles son los rasgos principales de la vida sacerdotal del fundador del Opus Dei?

– El beato Álvaro del Portillo, que convivió largos años con san Josemaría, lo definió en 1978 como “un sacerdote que tenía a flor de piel las cosas esenciales”. Desde que recibió la ordenación, quiso ser sacerdote y solo sacerdote, sacerdote 100%. Por eso, destacaría su amor a la celebración de la Santa Misa, su constante lucha por poner al servicio de todos sus muchos talentos y su conciencia de haber recibido una paternidad espiritual que dotaba de sentido su entera existencia.

San Josemaría decía que la Obra había venido a servir a la Iglesia como ella quería ser servida. ¿Qué consejos daba san Josemaría a los sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz que desarrollan su tarea en tantas diócesis del mundo?

San Josemaría se preparó con esmero para ser un buen sacerdote diocesano, primero en el seminario de Logroño y luego en el de Zaragoza. Ahí aprendió qué significaba para la Iglesia ser sacerdote: ser colaborador del obispo y servidor de sus hermanos.

De hecho, sus consejos eran los que la Iglesia ha dado siempre a los sacerdotes: que vivan en comunión con su obispo, lo que se manifiesta en la obediencia y en la prontitud para acoger y secundar sus directrices pastorales, que cultiven la fraternidad y la amistad con el resto de los sacerdotes de la diócesis y que sean generosos en el servicio a todos los fieles, especialmente facilitándoles el acceso a los sacramentos –insistió sin cansancio en el amor a la Eucaristía y al sacramento del perdón– y la formación y el acompañamiento espiritual que todos necesitamos para ser fieles a nuestra vocación.

San Josemaría en el Seminario de San Carlos, Zaragoza (España)
Octubre, 1922
San Josemaría en el Seminario de San Carlos, Zaragoza (España) en octubre, 1922 ©Opus Dei

¿Cómo ayudan a la Iglesia universal los sacerdotes incardinados en la Prelatura del Opus Dei?   

– En primer lugar, siendo fieles al espíritu que Dios concedió a san Josemaría, que los Papas han reconocido como un auténtico carisma para bien de toda la Iglesia. Por tanto, predicando y ayudando a quienes buscan la santidad en medio del mundo según los modos propios del Opus Dei, es decir, animando a una intensa vida de piedad, ofreciendo una sólida formación e insistiendo en que el lugar de encuentro con Dios son las propias circunstancias personales de cada uno: ordinariamente, el trabajo y la familia. 

Realizando esta tarea, los sacerdotes incardinados en la prelatura sirven a las diócesis en las que trabajan, pues los fieles laicos que forman parte de la Obra, o simplemente quienes se acercan a ella, siguen siendo parte viva de la diócesis a la que pertenecen. Además, cuando las circunstancias se lo permiten, los sacerdotes del Opus Dei colaboran en actividades pastorales diocesanas, siempre con permiso y en comunión con las directrices del obispo.

Los sacerdotes siempre fueron para san Josemaría especialmente importantes, hasta el punto de pensar en dejar la Obra para dedicarse a ellos. ¿En qué veía san Josemaría que podía ayudar a los sacerdotes diocesanos? 

– San Josemaría “vio” que se podía ser santo en medio del mundo y, en consecuencia, desde el principio se dirigió a todas las personas que, por su condición propia, no se apartaban del mundo, también a los sacerdotes diocesanos. La Obra es eminentemente laical porque está llamada a vivificar cristianamente las realidades temporales −tarea propia de los laicos, como declaró el Vaticano II−, y porque −como en el conjunto de la Iglesia− la mayoría de sus miembros son laicos, pero su mensaje y su espíritu ayudan a todo aquel que está llamado a buscar la santidad en medio del mundo; y lógicamente ese también es el caso de los sacerdotes diocesanos. 

San Josemaría en 1966
San Josemaría en 1966

Que san Josemaría pensara en abandonar la Obra para dedicarse a ellos se comprende por la dificultad que había entonces (estamos hablando de finales de los años cuarenta del siglo pasado) para encontrar el modo de integrarlos canónicamente en el Opus Dei sin “sacarlos de su sitio”: es decir, sin sacarlos de sus diócesis, de su propia realidad de vida, que es lo que el Señor le había hecho ver que tenían que santificar los sacerdotes que acogieran ese espíritu.

La Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, al dejar intacta la condición de sacerdote diocesano, permite, a quienes se sienten llamados, buscar la santidad en su sacerdocio con el espíritu y los medios que el Opus Dei ofrece a todos, medios que trazan un camino amable hacia la identificación con Jesús, por un plano inclinado, en un clima de comprensión y de afecto que ayuda a no sentirse solo, y a desear ofrecer, especialmente a los demás sacerdotes, esa cercanía y cariño que todos necesitamos.

San Josemaría hablaba del «alma sacerdotal» que habría de ser característica de todo católico. ¿Cómo y en qué podemos manifestar los laicos esa alma sacerdotal hoy?

– Se trata de una verdad, la de la condición sacerdotal de todo el Pueblo de Dios, que está llena de consecuencias prácticas. San Josemaría acentuaba, sobre todo, el valor salvífico de toda acción realizada por un cristiano, al ser él mismo miembro de Cristo. De ahí el valor santificador de la vida ordinaria y la posibilidad de ofrecer, para bien de la Iglesia, los sufrimientos pequeños y grandes.

También se apoyaba en la verdad del sacerdocio común de todos los fieles para subrayar la responsabilidad personal en la evangelización y el apostolado, que brota del bautismo y no principalmente de haber recibido alguna misión eclesial. 

Se trata de enseñanzas que sirven para hoy y servirán para siempre. El “alma sacerdotal” se comprende muy bien a la luz de la insistencia del Papa Francisco en huir de toda forma de clericalismo y reconocer a los fieles laicos el protagonismo que les corresponde en la misión de la Iglesia.

¿Cómo ha vivido las jornadas de enfermedad del Papa Francisco? ¿Qué destacaría de sus encuentros con el Papa? 

– Además del memento en la Santa Misa, en las Preces que todos los fieles del Opus Dei rezamos diariamente como parte de nuestro plan de vida, pedimos a Dios todos los días, para el Papa, que lo conserve, lo llene de vida, lo haga dichoso en la tierra y lo proteja de sus enemigos.

En estos días de larga hospitalización, naturalmente, esa súplica se ha hecho más intensa. Es lo que el Papa pide a todos, que recen por Él.

En los encuentros que he tenido con él siempre ha pedido, dirigiéndose a través de mí a todo el Opus Dei, oraciones por su persona. También yo le he pedido oraciones por la Obra, y estoy seguro de que al rezar por toda la Iglesia reza por nosotros, también  en este momento de postración física.

Newsletter La Brújula Déjanos tu mail y recibe todas las semanas la actualidad curada con una mirada católica