Cultura

Vives, Moro y Catalina de Aragón

El prestigio de Vives hizo que Erasmo presentara al español a Tomás Moro. Un episodio que uniría la figura de Vives a los avatares del canciller de Inglaterra y Catalina de Aragón.

Santiago Leyra Curiá·5 de febrero de 2023·Tiempo de lectura: 9 minutos
vives

Tomás Moro había visitado Brujas en 1515 como miembro de una misión comercial y, en 1517, con el mismo cometido, estuvo en Flandes. En marzo de 1520, Moro leyó el libro de Vives Declamationes Syllanae, movido por la introducción de este, escrita por Erasmo. En mayo del mismo año Moro escribió a Erasmo sobre Vives:

Tiene ya fama como maestro de latín y de griego, pues Vives es excelente en ambas lenguas… ¿Quién enseña mejor, de modo más efectivo y encantador que él? Erasmo respondió a Moro: Estoy satisfecho de ver que tu opinión sobre Vives coincide con la mía. Vives es uno de los que eclipsarán el nombre de Erasmo…Te aprecio más precisamente porque tú también le agradas a él. Vives es una poderosa mente filosófica

Otro escrito significativo del Vives de estos años es su Aedes legum (1520), testimonio elocuente de su preocupación por la Filosofía del Derecho.

En el verano de 1520 Erasmo llegó a Brujas con el séquito de Carlos V y Tomás Moro estuvo también por allí, como miembro del consejo real de Enrique VIII, cuando se preparaba una alianza con Carlos V contra Francisco I de Francia. Fue entonces cuando Erasmo presentó a Tomás Moro a Juan Luis Vives. Erasmo estaba preparando una edición de las obras de san Agustín y había pedido a Vives la revisión del texto y la redacción de los comentarios a la Civitas Dei, de san Agustín. Vives comenzó en enero de 1521 el trabajo con una gran variedad de códices, plagados de supresiones, añadiduras y cambios, e indicó en muchos pasajes la versión más veraz. En esos Comentarios, Vives superó todos los realizados antes que él y, a pesar de sus fatigas, tuvo la satisfacción “de consagrar algo de sus estudios a san Agustín e indirectamente a Cristo”.

En un elogio que haría Moro a esos comentarios, se revela la sintonía de Moro con Vives: es como si una estrella común quisiera unir nuestras almas por medio de un poder secreto.”

Tras la muerte de De Croy en 1521, Vives solicitó la ayuda de Moro para conseguir el patrocinio de la reina Catalina y, en julio de ese año, comunicaba Vives a Erasmo que había sido tomado bajo la protección de la reina consorte de Inglaterra.

En 1522 Vives, invitado por la Universidad de Alcalá para regentar la cátedra de Humanidades, vacante tras la muerte de Nebrija, no aceptó. El 12 de octubre de 1522 dirigió una carta al Papa Adriano VI, a la que se da este significativo título: De Europae statu ac tumultibus. En ella expresa Vives su preocupación por la paz y su toma de conciencia de la realidad histórica de Europa.

En enero de 1523, Vives escribió a su amigo Cranevelt: “Parece que mi padre está envuelto en un encarnizado proceso que afecta a nuestros bienes familiares; tengo tres hermanas, ahora huérfanas y despojadas… Cada vez estoy más preocupado con tales noticias… No sé si es más prudente ir allí o permanecer aquí”.

El 10-5-1523, Vives escribió a Cranevelt y a Erasmo anunciando su proyecto de viajar a España vía Inglaterra, dejando claro que había llegado a tal decisión con grandes dudas, sólo porque veía tal viaje como una obligación inexcusable. Dos días después llegó a Inglaterra en lamentable estado mental: “todo es muy oscuro y la noche me ronda. Intento retirarme a un inocente silencio”. El viaje a España no lo realizó nunca.

En ese año 1523 Vives dedicó a Catalina su tratado De Institutione Feminae Christanae. En agosto fue promovido, por el canciller de Inglaterra Wolsey como profesor de latín, griego y retórica en el Corpus Christi College, en Oxford, fundado en 1516 como adaptación erasmista para Inglaterra de la Universidad de Alcalá. En ese Colegio, fueron sustituidas las autoridades teológicas medievales por las patrísticas (especialmente, por Jerónimo, Agustín, Juan Crisóstomo y Orígenes).  

En octubre de 1523 el rey y la reina llegaron a Oxford, visitaron a Vives y lo invitaron a pasar las próximas Navidades en el castillo de Windsor. Vives acababa de escribir su tratado pedagógico De Ratione studii puerili, un plan de estudios para la princesa María, de siete años, que ofreció y dedicó a la reina Catalina. Durante aquellas vacaciones, la reina encontró en Vives un buen y leal amigo. Desde Oxford, el 25-1-1524, Vives escribió a Cranevelt: “la reina, una de las almas más puras y cristianas que haya visto nunca. Últimamente, cuando navegábamos en un esquife hacia un monasterio de vírgenes, la conversación recayó sobre la adversidad y la prosperidad en la vida. La reina dijo: “si pudiera elegir entre las dos, preferiría una mezcla adecuada de ambas: ni total adversidad ni completa prosperidad. Y si me viese forzada a optar entre esos extremos, preferiría que todo me fuese adverso a que me fuese demasiado próspero, pues la gente en desgracia necesita tan solo algún consuelo mientras que los prósperos con demasiada frecuencia pierden la cabeza”. Sus lecciones en Oxford duraron hasta abril de 1524.

El 24 de abril Vives volvió a Brujas y el 26 de mayo, fiesta del Corpus Christi, Juan Luis Vives, de 32 años, y Margarita Valdaura, de 19, se casaron y se fueron a vivir en la casa de la madre de Margarita, la viuda Clara Cervent, que necesitaba constantes cuidados por su estado de salud.

Por orden de Enrique VIII Vives tuvo que volver a Inglaterra en octubre, lo que hizo el 2 de ese mes. Volvió sin Margarita, que se quedó en Brujas cuidando a su madre. En enero de 1525 retornó a su cátedra de Humanidades. A comienzos de mayo Vives dejó Oxford, para no volver más, y desde allí se trasladó a Londres, donde permaneció una o dos semanas en compañía de Tomás Moro. El 10 de mayo regresó a Brujas, donde Margarita se hallaba con una infección en un ojo de la que se curó poco más adelante. La enfermedad de su suegra le impidió regresar a Inglaterra en octubre, permaneciendo en Brujas hasta febrero de 1526.

A petición del embajador de Carlos V en Inglaterra, Vives comenzó su tratado social De subventione Pauperum, publicado en ese año 1526. Se trata de una investigación sobre las causas de la injusticia social y de un manual de bienestar público y sobre la educación de los pobres e impedidos. No alcanzó la idealización platónica de la Utopía de Moro, pero la supera en el pragmatismo del programa. Vives ve en las miserias humanas el resultado de errores y vicios de los hombres, entre ellos de manera especial la locura de las guerras.

El 8 de octubre Vives escribió a Enrique VIII alentándole sobre la reconciliación de todos los príncipes cristianos. Pero, en el juego de la alianza de Wolsey con Francia contra el emperador, Juan Luis Vives empezaba a ser mal visto en la corte inglesa, mientras Wolsey trabajaba para aislar a Catalina, apartar de Enrique a sus cortesanos prohispanos y apartar a Vives de su plaza de profesor en Oxford. En esta etapa oscura, Vives encontró un apoyo leal en T. Moro, al que Erasmo llamaba el hombre de todas las estaciones. En casa de T. Moro, Vives se hizo amigo de los yernos e hijas de Tomás y de la élite de la intelectualidad de Londres. Allí encontró, entre otros, a John Fisher. En Moro veía Vives la figura ideal de los nuevos tiempos: un laico de honda fe cristiana, cabeza de familia respetado, servidor de su rey e intelectual de brillante formación.

En mayo de 1526, Vives estaba en Brujas escribiendo el diálogo De Europae desidiis et bello turcico. Y permaneció allí hasta abril de 1527. A finales de abril zarpó desde Calais; pero la ansiedad de Margarita le obligó a volver a Brujas. La reina rogó a Vives que volviese a Inglaterra para comenzar su tarea de profesor de latín de la princesa María. El rey Enrique había pedido a su vez a Vives que le enviara un ejemplar de los Adagia de Erasmo y le preparase una contestación a una carta de Lutero de septiembre de 1525, en la que Enrique era presentado como una víctima del episcopado romano de Inglaterra. El 13 de julio, desde Brujas, Juan Luis escribió a Enrique enviándole el ejemplar del libro solicitado y comunicándole que había preparado un opúsculo, en respuesta a Lutero (opúsculo que no se ha hallado todavía).

El 4 de julio de 1527, Wolsey intentó convencer a John Fisher de que era factible una declaración de invalidez del matrimonio entre Enrique y Catalina. El tratado de Amiens (4 -VIII– 1527), por el que Inglaterra se aliaba con Francia contra el emperador, significó la perdición de Catalina y el comienzo de las desgracias de Vives en la Gran Bretaña. No obstante, a comienzos de octubre, cumpliendo la promesa dada a Catalina, Vives volvió a Inglaterra para enseñar latín a la princesa María. En enero de 1528, Vives escribió a Cranevelt diciéndole que estaba estrechamente vigilado y, a comienzos de febrero, Wolsey se atrevió a interrogar a Vives sobre sus conversaciones privadas con Catalina y le exigió una declaración escrita explicando su parte en el plan para informar al Papa, por medio del embajador español Íñigo de Mendoza, acerca de la situación de la reina.

Vives lo hizo inmediatamente. En estilo noble y digno, se lamentó de que sus derechos humanos –humanum ius– fuesen violados al forzarlo a romper el secreto de sus conversaciones privadas con la reina. Era cierto que la reina había encontrado en él, su compatriota, una persona a la que poder confiar sus problemas. Según Vives, la reina sólo se quejaba de la separación de Enrique, un hombre al que amaba más que a sí misma. Y Vives decía: ¿Quién puede reprocharme en escuchar a una triste e infortunada mujer?, ¿Por hablarle con simpatía ?, ¿por consolar a una reina de tan noble ascendencia cuyos padres además fueron mis propios soberanos naturales? Admitió Vives que, a petición de la reina, sanctissima matrona, él mismo pidió al embajador español que escribiese a Carlos V y al Papa sobre el caso de Su Majestad. Esta declaración movió a Wolsey a confinar a Vives en la casa de un consejero juntamente con el embajador español, confinamiento que duró 38 días (desde el 25 de febrero hasta el 1 de abril de 1528). Por temor a las represalias del emperador, Vives fue puesto en libertad bajo la condición de no volver a poner los pies en el palacio real. La reina le envió un mensajero recomendándole que abandonase Inglaterra.

Ya en Brujas, escribió en mayo una carta a Erasmo pidiéndole intentase algo por la causa de Catalina, a lo que el holandés reaccionó con esta desabrida y desafortunada anotación: Lejos de mí envolverme en el pleito de Júpiter y Juno. Preferiría dar a cada Júpiter dos Junos antes que arrancarle una.

En noviembre de 1528, Enrique VIII garantizó a Catalina la ayuda de dos abogados de Flandes y uno de su propia elección para asistirle en el examen del proceso de su matrimonio por el legado especial de Clemente VII, cardenal Campeggio. Catalina nombró a Vives, el único español que Enrique no había excluido de modo explícito. El 17 de noviembre de 1528, Vives cruzó de nuevo el canal con los dos abogados flamencos de Catalina y trató de convencer a la reina de que desistiera de toda defensa, que él consideraba una pérdida de tiempo y un seguimiento del juego siniestro de Enrique. La reina estaba muy desanimada al principio, hasta que llegó a mostrar su distancia de Vives cuya actitud interpretó como dimisión y cobardía. Vives lo comentó con su amigo Juan Vergara: La reina se enfadó conmigo porque no quise ponerme inmediatamente a sus órdenes. Pocos días después, Vives dejó Inglaterra para siempre, solitario, desanimado, amargado y, como enemigo del rey y desobediente a la reina, fue privado por ambos de la pensión real.

En enero de 1529, en su tratado De officio mariti, rindió un cálido tributo a las virtudes de Catalina: cada vez que pienso en tal mujer, siento vergüenza de mí mismo. Entre todos los ejemplos de fortaleza en medio de la adversidad que la historia nos ha ofrecido, ni uno solo puede compararse con la fortaleza verdaderamente viril de Catalina en medio de las circunstancias más adversas…

Finalmente, la opinión de Vives terminó por prevalecer. En mayo de 1529 comenzó el juicio del matrimonio real en presencia de Campeggio, Wolsey y varios obispos ingleses. Allí, en junio, Catalina proclamó en voz alta ante Enrique su inflexible amor por él y le pidió no seguir más allá. Erasmo se mostró ciego ante la injusticia de Enrique. John Fisher, como Vives, mostró una lealtad inquebrantable a la causa de Catalina.

En julio de 1529 Vives dedicó al emperador Carlos V su magnífico tratado De Concordia et Discordia Generis Humani, obra maestra, profunda meditación sobre las correlaciones entre el desorden de las pasiones humanas y los desastres internacionales.

Pocas semanas después, ofreció un ensayo, De Pacificatione, a Alonso Manrique, arzobispo de Sevilla e Inquisidor general de España. Allí, le dice Vives: Ser inquisidor de herejes es un cometido tan peligroso y elevado que, si ignorases su verdadero propósito y finalidad, pecarías gravemente, de modo especial porque allí están encausadas las propiedades, las reputaciones y la existencia de mucha gente. Es de maravillar que sea tan amplia la autoridad que se le concede al juez, quien no está libre de pasiones humanas, o al acusador, quien por muchas circunstancias puede ser un cínico calumniador movido por el odio…

El 13 de enero de 1531 escribió un valiente mensaje a Enrique, en el que, entre otras cosas, le dijo: Vuestra Majestad me pregunta la opinión de las Universidades sobre aquellas palabras del Levítico: “El hermano no se casará con la mujer de su hermano>>… Te ruego que pienses por un momento lo que vas a hacer en asunto tan importante… y adónde te encaminas… ¿Cuál es el propósito de esta guerra? ¿Una esposa? La tienes ya, y tal que la que codicias ni en bondad ni en belleza, ni en linaje o nobleza puede compararse a ella… Tienes ya una hija, a Dios gracias, de magnífica disposición; puedes escoger a tu gusto a tu hijo político tal como nunca podrías hacer con tu propio hijo.

A finales de 1531 estaba en situación de invitar a Beatriz, su hermana más joven a trasladarse desde Valencia a Brujas pues el resultado del proceso inquisitorial la había convertido en una completa indigente. En agosto de 1532 Vives cuenta a su amigo Vergara que el emperador le asignaba regularmente 150 ducados, los cuales –añadía– cubren más o menos la mitad de mis gastos.

Moro dimitió como canciller, en mayo de 1532, siguiendo el dictamen de su conciencia. En junio de 1533, Catalina fue humillada con la coronación de Ana Bolena; pocos meses después, la princesa María, la pupila de Vives, fue declarada bastarda y excluida de la sucesión a la corona. Enrique VIII era excomulgado por el Papa. En mayo de 1534, Vives contaba a Erasmo que Moro y Fisher estaban en la cárcel. En julio de 1535, la cabeza de Fisher fue reemplazada en el Puente de Londres por la de Tomás Moro. En enero de 1536, Catalina moría completamente abandonada en la pobreza. En julio de 1536, Erasmo fallecía en Basilea y sus discípulos eran perseguidos por la Inquisición española

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