Vaticano

Francisco ruega un “silencio hecho oración” en la vigilia ecuménica presinodal

En vísperas de la Asamblea Sinodal que comienza el próximo 4 de octubre, el Santo Padre Francisco apeló ayer a un “silencio hecho oración” en un encuentro ecuménico en la Plaza de San Pedro, en el que participaron, entre otros líderes religiosos, Bartolomé I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla, y el arzobispo Justin Welby, primado de la iglesia anglicana.

Francisco Otamendi·1 de octubre de 2023·Tiempo de lectura: 5 minutos
vigilia sínodo

Foto:El papa Francisco, el patriarca ecuménico ortodoxo Bartolomé de Constantinopla, el arzobispo anglicano de Canterbury, la secretaria general de la Federación Luterana Mundial y otros representantes religiosos. ©CNS photo/Lola Gomez

El líder de la Iglesia católica, Papa Francisco, presidió ayer tarde en Roma el encuentro ecuménico “Together” (Juntos), en vísperas de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tendrá lugar del 4 al 29 de octubre de 2023 sobre el tema “Por una Iglesia sinodal: Comunión, participación y misión”.

La reflexión del Papa se centró en “la importancia del silencio en la vida del creyente, en la vida de la Iglesia y en el camino de la unidad de los cristianos”, horas antes de que los participantes en el Sínodo iniciaran un retiro espiritual de tres días, hasta el 3 de octubre.

Así comenzó el Papa su homilía. “Together”. “Juntos”. Como la primitiva comunidad cristiana el día de Pentecostés. Como un solo rebaño, amado y reunido por un solo Pastor, Jesús. Como la gran muchedumbre del Apocalipsis estamos aquí, hermanos y hermanas “de toda nación, tribu, pueblo y lengua” (Ap 7,9), procedentes de comunidades y países diferentes, hijas e hijos de un mismo Padre, animados por el Espíritu recibido en el Bautismo, llamados a la misma esperanza (Ef 4,4-5)”.

“En un mundo lleno de ruido”, señaló el Santo Padre, “ya no estamos acostumbrados al silencio, es más, a veces nos cuesta soportarlo, porque nos confronta con Dios y con nosotros mismos. Sin embargo, es la base de la palabra y de la vida”. 

“El silencio es importante”

En efecto, “como la gran muchedumbre del Apocalipsis, oramos en silencio, escuchando un “gran silencio” (cf. Ap 8,1). Y el silencio es importante, es poderoso: puede expresar un dolor indecible ante ante la desgracia, pero también, en los momentos de alegría, una alegría que trasciende las palabras”.

El Sucesor de Pedro dio las gracias a todos por su presencia, “gracias a la Comunidad de Taizé por esta iniciativa. Saludo con gran afecto a los jefes de las iglesias, a los responsables y a las delegaciones de las diferentes tradiciones cristianas, y saludo a todos vosotros, especialmente a los jóvenes: ¡gracias!” 

“Gracias por haber venido a rezar por nosotros y con nosotros en Roma, antes de la Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, en vísperas de los ejercicios espirituales que la preceden. que la precede.  “Syn-odos”: caminemos juntos, no sólo los católicos, sino todos los cristianos, todo el Pueblo de los bautizados, todo el Pueblo de Dios, porque “sólo el todo puede ser la unidad de todos” (J.A. Möhler).

Dios habla en el “susurro”

Sobre el silencio en la vida del creyente, el Papa señaló, entre otras cosas, que “está al principio y al final de la existencia terrena de Cristo. El Verbo, la Palabra del Padre, se hizo “silencio” en el pesebre y en la cruz, en la noche de la Natividad y en la de Pascua. Esta noche los cristianos hemos permanecido silenciosos ante el crucifijo de San Damián, como discípulos que escuchan ante la cruz, que es la cátedra del Maestro. El nuestro no fue un silencio vacío, sino un momento lleno de expectación y disponibilidad”.

“La verdad”, añadió el Santo Padre, “no necesita gritos violentos para llegar al corazón de los hombres. A Dios no le gustan las proclamas y el clamor, la cháchara y el estrépito: Dios prefiere más bien, como Dios prefiere, como hizo con Elías, hablar en el “susurro de una brisa suave” (1 Re 19,12), en un “hilo sonoro de silencio”.  Y así también nosotros, como Abraham, como Elías, como María necesitamos liberarnos de tantos ruidos para escuchar su voz. Porque sólo en nuestro silencio resuena su Palabra”.

En la vida de la Iglesia, “a la escucha del Espíritu”

En segundo lugar, el silencio es esencial en la vida de la Iglesia, continuó el Romano Pontífice. “Los Hechos de los Apóstoles dicen que, tras el discurso de Pedro en el Concilio de Jerusalén, “toda la asamblea calló” (Hch 15,12), preparándose para aceptar el testimonio de Pablo y Bernabé sobre los signos y prodigios que Dios había Dios entre las naciones”.

“Y esto nos recuerda que el silencio, en la comunidad eclesial, hace posible la comunicación fraterna, en la que el Espíritu Santo armoniza los puntos de vista, porque Él es la armonía”, prosiguió el Papa. “Ser sinodales significa acogernos unos a otros así, sabiendo que todos tenemos algo que testimoniar y aprender, poniéndonos juntos a la escucha del “Espíritu de la verdad” (Jn 14,17) para conocer lo que Él “dice a las Iglesias” (Ap 2,7).”

Por último, “el silencio permite precisamente el discernimiento, mediante la escucha atenta de los “gemidos inefables” (Rm 8,26) del Espíritu que resuenan, a menudo ocultos, en el Pueblo de Dios. Pidamos, pues, al Espíritu el don de la escucha para los participantes en el Sínodo” (Discurso con ocasión de la Vigilia de Oración en preparación del Sínodo sobre la Familia, 4 de octubre de 2014).

Para la unidad de los cristianos

En tercer lugar, Francisco subrayó que “el silencio es esencial en el camino de la unidad de los cristianos. Es fundamental de hecho para la oración, de la que parte el ecumenismo y sin la cual es estéril”.

“Jesús, en efecto, ha orado para que sus discípulos “sean uno” (Jn 17,21).  El silencio hecho oración nos permite acoger el don de la unidad “como Cristo quiere”, “por los medios que Él quiere” (P. Couturier), no como fruto autónomo de nuestros propios esfuerzos y según criterios puramente humanos”.

La unidad de los cristianos “crece en silencio ante la cruz, igual que la cruz, igual que las semillas que recibiremos y que representan los diferentes dones otorgados por el Espíritu Santo a las diversas tradiciones: nos corresponde a nosotros sembrarlas, con la certeza de que sólo Dios hace crecer (cf. 1 Cor 3,6)”, añadió el Santo Padre.

“Adorar unidos y en silencio”

Por eso, alentó Francisco al final de la alocución, “pedimos, en la oración común, aprender de nuevo a hacer silencio: a escuchar la voz del Padre, la llamada de Jesús y el gemido del Espíritu. Pedimos que el Sínodo sea un “kairós” de fraternidad, un lugar donde el Espíritu Santo purifique a la Iglesia de las chácharas, ideologías y polarizaciones”. 

“Mientras nos dirigimos hacia el importante aniversario del gran Concilio de Nicea”, concluyó el Papa”, “pidamos que sepamos adorar unidos y en silencio, como los Magos, el misterio de Dios hecho hombre, seguros de que cuanto más cerca estemos de Cristo, más unidos estaremos entre nosotros. Y como los Magos de Oriente fueron guiados a Belén por una estrella, que la luz celestial nos guíe a nuestro único Señor y a la unidad por la que Él ha orado. Hermanos y hermanas, pongámonos en camino juntos, deseosos de encontrarle, adorarle y anunciarle “para que el mundo crea” (Jn 17,21)”.

Oración final de los responsables de las iglesias presentes

(Vigilia ecuménica “Together”)

“Dios Padre nuestro, te damos gracias por todos tus dones, especialmente por el

don de maravillarnos ante tu creación. ¡Permítenos cuidarla y caminar juntos

como hermanos y hermanas en paz!

Jesús, el Cristo, te damos gracias por haber dado tu vida hasta la cruz. Por tu

Resurrección, eres fuente de vida abundante. ¡Que te acojamos y te sigamos en

el servicio a los demás!

Espíritu Santo, soplo de Pentecostés, tú nos envías a anunciar a Cristo y a

acoger en nuestras comunidades a los que aún no lo conocen. Desciende, te

rogamos, sobre los participantes en el Sínodo y sobre todos los presentes,

llenándolos de tu sabiduría y valentía para ser servidores de la comunión y

testigos audaces de tu perdón en el mundo de hoy.

Asamblea: ¡Amén!”

Antes de las palabras del Papa, varios jóvenes de continentes distintos relataron su experiencia del camino sinodal: Emile, del Líbano; Agata, de Indonesia; y Tilen, de Eslovenia, entre otras intervenciones.

El autorFrancisco Otamendi

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