Cultura

Pablo Muñoz Ruiz: «Las vidrieras son joyas que nos iluminan»

Es fácil quedarse extasiado al entrar en una catedral llena de vidrieras coloreando el interior. El arte con el vidrio siempre ha buscado impresionar al espectador, porque su autor al final lo que quiere es “que te cautive y te cuente cosas cuando la veas, que te vaya guiando el discurrir de la mirada, y que cuando te des la vuelta para marcharte te envuelva y te acompañe”.

Paloma López Campos·18 de marzo de 2023·Tiempo de lectura: 7 minutos
Vidrieras

El interior de la iglesia Nuestra Señora de la Asunción en California, Estados Unidos (OSV News photo/courtesy St. Michael's Abbey)

Vetraria Muñoz de Pablos es una empresa familiar dedicada a la creación, restauración y conservación de vidrieras. Es muy normal que nos encontremos con este tipo de arte cuando entramos en una iglesia, sin embargo, normalmente no sabemos mucho de lo que ocurre a esas alturas.

Pablo Muñoz Ruiz, licenciado en Bellas Artes y miembro del equipo de Vetraria, baja las vidrieras a nuestra altura para que las conozcamos un poco mejor.

¿En qué consiste la restauración de vidrieras?

–La restauración como idea plantea la recuperación de un bien que se ha dañado o deteriorado para llevarlo a su estado inicial, dentro de lo posible, eliminando los factores que lo han deteriorado y mejorando su conservación hacia el futuro. Eso llevado a la práctica es complejo porque hay muchos casos y muy distintos. Además, la restauración de una vidriera abarca distintos ámbitos, no sólo supone la restauración de un objeto. La vidriera histórica es a la vez cerramiento, soporte plástico e iconográfico y filtro luminoso. Cuando se restaura una vidriera tenemos en cuenta todos esos factores y planteamos, no sólo la restauración material del objeto, sino también la restauración del programa iconográfico y la luz interior creada como forma simbólica.

La vidriera es un elemento que hace notar su presencia mucho antes de verla, porque genera un entorno luminoso que te envuelve. En ese sentido cada momento de la historia ha buscado darle un sentido intencional y específico. No es igual la luz en el gótico que se fundamenta en las palabras de Jesús “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, que en el barroco en el que se busca toda la luz blanca disponible, o en un espacio contemporáneo que tiene múltiples intenciones. 

Nosotros siempre hemos insistido en la necesidad de restaurar cada uno de esos elementos en su conjunto, pues forman parte de la identidad de la obra. Lógicamente hay obras muy diversas en espacios muy diferentes con planteamientos y circunstancias muy distintas, pero nuestro compromiso siempre nos lleva a valorar el bien en su conjunto, para que la intervención sea lo más completa y respetuosa posible. Al final lo ideal es que la restauración en sí pase desapercibida y que la obra quede puesta en valor en el entorno en que fue pensada.

¿Cuál es el estado actual del arte con vidrieras?

–La vidriera, como muchas otras disciplinas artísticas y artesanales, siempre ha dependido mucho de la arquitectura. Dependiendo del uso y necesidad de luz que ha tenido a lo largo de la histórica la vidriera ha ido dando soluciones a esa arquitectura. Es una disciplina artística que nace y tiene lugar principalmente en el arte religioso, pero desde finales del siglo XIX hasta ahora también hay muy buenos ejemplos de vidrieras fuera de ese entorno religioso.

 La arquitectura contemporánea ha prescindido de muchas de esas disciplinas en favor de materiales prefabricados y montajes estandarizados de uso industrial, lo que hace que las vidrieras actuales ocupen espacios muy especiales o más exclusivos, con un propósito claro de intervención en el entorno que ocupan. Así que realmente existen dos líneas en las que se desarrolla: La vidriera exenta e independiente de la arquitectura que se expone y exhibe en salas de exposiciones junto a pintura y escultura. Y una vidriera en transformación formal y conceptual que se está adaptando a los nuevos materiales y nuevas formas dentro de la arquitectura. Los conceptos de cerramiento, soporte plástico y filtro de luz de los que te hablaba antes siguen siendo factores inevitables a tener en cuenta y por lo tanto siguen funcionando a la hora de crear y concebir obras nuevas.

¿Cómo ha cambiado esta industria con la tecnología?

 –La tecnología influye en todo. Y el arte y la tecnología siempre han ido de la mano. En el caso de la vidriera más aún porque todo lo que la construye, todos los materiales que utiliza y los procesos necesarios para su realización han sido y son un alarde tecnológico indudable, tanto en la fabricación del vidrio como de los metales que le acompañan o el tratamiento y elaboración posterior.

Por otra parte, hace más de dos décadas que el mundo digital forma parte de cualquier taller. Para nosotros el escalado digital, los centros de control numérico multiherramienta, el corte y grabado con láser o los plotters están integrados perfectamente en muchas labores diarias. Pero todas estas herramientas de última generación conviven con procesos medievales, máquinas del siglo XIX y herramientas de mano que también utilizamos a diario. El trabajo sigue siendo el mismo y sustancialmente se sigue elaborando de la misma manera que siglos atrás, aunque existan herramientas que te faciliten las cosas en algunos aspectos.

¿Sufren variaciones las obras originales tras la restauración?

–Depende de los casos y el deterioro que hayan sufrido. Podríamos decir que una restauración es consecuencia de una mala conservación, por lo que en restauración se contemplan daños que en una buena conservación no se hubieran producido o no hubieran llegado a ser dramáticos. En el caso de las vidrieras que carecen de protección o de barreras físicas que las defiendan es fácil que se produzcan roturas y pérdidas de vidrio, lo que tradicionalmente ha llevado en muchos casos a intervenciones de emergencia desafortunadas que acaban produciendo otro tipo de daños y hace que las restauraciones posteriores sean más complicadas.

La restauración siempre es dramática para una obra de arte de cualquier tipo porque supone el tratamiento de los daños  que han violentado esa obra, por eso es importante que sea realizada por profesionales cualificados que le devuelvan su entidad y garanticen su conservación y estabilidad en el tiempo.

¿Qué proceso hay que seguir para la conservación de vidrieras? 

–Para conservar una vidriera, como cualquier otro bien, primero hay que valorar cuáles pueden ser las causas de su deterioro, tanto físicas como ambientales, y poder establecer las medidas de protección adecuadas que eviten que se produzcan estos daños. Una vez establecidas esas causas y realizada la protección adecuada es cuando se debería restaurar y establecer las pautas de conservación, que son fáciles de realizar cuando se ha minimizado el daño en todo lo posible. Es mucho más caro restaurar que conservar. Lo que pasa es que la conservación supone una vigilancia y una tutela que debe estar organizada por personas preparadas para saber lo que deben hacer en cada momento dentro de un marco ordenado, y esa parte es complicada de coordinar.

¿Es distinto el proceso en las iglesias, por ser lugares santos? 

–Nosotros siempre trabajamos pensando que la vidriera tiene una función dentro del templo y no es un objeto descontextualizado en un museo, y esa función la deberá seguir desempeñando mientras el templo siga activo. Esa es su justificación y su razón de ser y es un factor importante a tener en cuenta cuando se interviene.

A veces restauras una obra que no está en el hueco que le corresponde, o que le faltan elementos que ha perdido y son necesarios para entenderla, o que formaba parte de un conjunto que se ha visto alterado o mermado. En esos casos plantear la recuperación de la idea inicial que devuelve la obra a su función religiosa es más que necesaria, porque forma parte de su identidad, es para lo que ha sido pensada y es lo que lo justifica. No siempre es posible porque lógicamente supone la utilización de recursos que no siempre están disponibles, pero es importante llegar hasta dónde sea posible para que eso sea así.

¿Cómo es el proceso creativo en la creación de vidrieras?

–Como venimos hablando, la vidriera necesita y utiliza una cantidad de materiales, técnicas y procedimientos bastante grande y variada. Cada uno con sus particularidades y que precisa de un conocimiento específico. Eso se traduce en la suma de varios oficios que en etapas anteriores de la historia se desarrollaban de manera especializada por diferentes trabajadores. En la actualidad esos grandes talleres de trabajadores especializados no son posibles y uno mismo asume todas las tareas a realizar. Dibujo, cartonaje, corte, pintura, hornos y fusión, emplomado, herrería, albañilería, la oficina y la parte comercial también.

Es bastante complejo. Pero para nosotros lo más importante es el diálogo o la conversación que se genera con el lugar al que va destinada. No se trata de hacer una pieza sin más que poder colocar en un espacio o una ventana, se trata de que la obra tenga sentido en su lugar. Que te cautive y te cuente cosas cuando la veas, que te vaya guiando el discurrir de la mirada, y que cuando te des la vuelta para marcharte te envuelva y te acompañe. Ese es nuestro trabajo.

¿Hay algún dato interesante sobre las vidrieras que la gente no suele conocer?

–Pues, sinceramente, te diría que casi todo. Las vidrieras suelen estar a una altura que las hace inaccesibles a casi cualquier persona, y cuando las puedes ver de cerca es difícil entenderlas si previamente alguien no te ha explicado en qué consiste lo que estás viendo más allá de una imagen. Nosotros intentamos hacer toda la divulgación que podemos, entre profesionales del patrimonio, aficionados al arte y otros colectivos. La frase “no me podía imaginar que esto pudiera ser así” es bastante frecuente.

Existen muchas técnicas diferentes aplicables al vidrio que nos permiten crear una vidriera. Se puede pintar como un cuadro con técnicas al agua o al aceite, fundir por piezas o capas en un horno, ensamblar con metales como el plomo, el bronce o el hierro, o colar con materiales como el hormigón o las resina. Por no hablar de la variedad de procedimientos diferentes que nos permiten alterar la naturaleza del vidrio para cambiarlo de color o darle forma. La vidriera es un arte desconocido para la mayor parte de la gente y sin embargo es extraordinariamente seductor y apasionante para quien se acerca y comienza a descubrirlo.

¿Qué obras de vidrio nos recomiendan conocer?

–Podríamos empezar a citar muchas obras europeas como la Sainte chapelle que es una referencia inevitable y emocionante verla. Pero prefiero centrarme en España porque tenemos muy buenas vidrieras y muy buenos conjuntos. En arte religioso se podría empezar citando muchas catedrales. En la de Segovia llevamos trabajando varios años en un ambicioso proyecto que financia con mucho esfuerzo el cabildo catedralicio y se terminará en pocos años. Tiene un conjunto magnífico de vidrieras manieristas, otras del XVII y del XIX extraordinarias. La catedral de Ávila también, en la zona del presbiterio y el crucero. Sevilla es fantástica. Granada. La catedral de León por supuesto. Hay algunas joyas desconocidas como las vidrieras de la Capilla del Hospital Niño Jesús de Madrid de 1881. La iglesia de los Jerónimos. al lado del museo del Prado.

Y fuera del entorno religioso son magníficas las vidrieras del Banco de España en Madrid. Tiene una colección de finales del XIX y principios del XX que son de referencia en cualquier libro de arte. También tiene vidrieras contemporáneas de los años 80 muy interesantes. En la Universidad Complutense en la facultad de filosofía, o en el salón de actos de la escuela de arquitectura. No es difícil encontrar vidrieras en nuestro entorno, lo difícil es que la gente las aprecie como lo que son: las joyas que nos iluminan y enriquecen.

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