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Venezuela: sociólogos y pensadores apuestan por los valores para sacar adelante el país

La salida a la grave situación de Venezuela, denunciada entre otros muchos por la Alta Comisionada de la ONU Michelle Bachelet, o el cardenal Jorge Urosa, tiene sus raíces en la apuesta por “nuestros valores y la responsabilidad” (Ruth Capriles), y en el “optimismo” y la lucha “contra la amargura y la tristeza” (Adriana Loreto).

Marcos Pantin·4 de octubre de 2019·Tiempo de lectura: 6 minutos

Venezuela ha sido un país ideal. Durante el siglo XX acogimos a cientos de miles de inmigrantes. No cerramos las puertas porque teníamos mentalidad de abundancia: en Venezuela hay para todos. Y el venezolano no emigraba porque ¿dónde mejor que aquí?

Hoy somos un pueblo en huida. Para el mes de diciembre, la emigración desde que Chávez llegó al poder se estima en más de cinco millones de personas.

Venezuela vive la peor crisis de los últimos 150 años de su historia. Después de la Guerra Federal, esta época chavista ha traído una gran cantidad de males al país, y le ha hecho un daño muy, muy profundo a la gente, especialmente a los más pobres”, afirma el cardenal Jorge Urosa, arzobispo emérito de Caracas.

“Paradójica y tristemente, aquellos a quienes Chávez decía que iba a ayudar, han sido los que más han sufrido. El pueblo humilde está cada vez más pobre y la miseria se ha apoderado de una buena parte de la población”, añade. 

Recorrer estos años, aunque sea con brevedad, requiere un poco de historia. A partir del año 2002, el chavismo se descubrió abiertamente socialista. Pero no dejó de ser un socialismo tropical: calcado de Cuba y gran paraguas para la corrupción, la incompetencia y el compadrazgo. 

Venezuela es un país básicamente petrolero. Desde la nacionalización en 1973 hasta la llegada de Chávez en 1999, la petrolera nacional PDVSA había logrado un alto grado de eficiencia hasta situarse como la tercer petrolera del mundo. En 2002, la industria fue a la huelga contra del gobierno de Chávez. En respuesta, fueron despedidos 23.000 trabajadores calificados: más del 65 % de los gerentes, ingenieros y técnicos. PDVSA se convirtió en el paraguas de las ocurrencias del presidente Chávez. Iván Freites, secretario de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (FUTPV), señala que de 2007 a 2018 la petrolera incluyó en su nómina a unos 45.000 miembros del partido del gobierno, operadores políticos que cobran sueldo por asistir a las marchas y concentraciones que convoca el Ejecutivo.

Antes de la caída del precio del crudo en 2014, el gobierno había destruido ya PDVSA. La producción ha caído de 3,5 millones de barriles/día en 1999, cuando llega Chávez, a menos de los 800.000 actuales. Adicionalmente, la falta de mantenimiento e inversión ha arruinado la infraestructura de la industria.

“En 2013 fracasa definitivamente el modo de llevar el negocio petrolero. Se vive de las rentas hasta el 2017, cuando la Administración pública entra en cesación de pagos. El Estado quiebra. Las sanciones económicas no son causa de la actual debacle. Simplemente empeoran la crisis generada por el gobierno”, afirma Ángel Alvarado, diputado de la Asamblea Nacional, economista, miembro de la Comisión Permanente de Finanzas y Desarrollo Económico. El gobierno ha logrado llevar a la quiebra a una de las mejores empresas petroleras del mundo. Ha matado la gallina de los huevos de oro.

La crisis actual

La quiebra de la petrolera nacional trajo consigo el deterioro de todo el bienestar público. En cuanto a salud pública, han reaparecido viejos males ya erradicados como la malaria, dengue hemorrágico, el mal de Chagas y el sarampión; entre el 2017 y 2019 han muerto 5.000 pacientes por falta de diálisis. La Federación Farmacéutica de Venezuela estima que ocho de cada diez medicamentos no se consiguen en el país; la FAO afirma que 3,7 millones de venezolanos, el 12 % de la población, sufre desnutrición, mientras que Cáritas revela un 35 % de desnutrición crónica en los niños menores de 5 años.

Visita de Bachelet

En julio pasado visitó Venezuela Michelle Bachelet, Alta Comisionada para los Derechos Humanos en la ONU, y se encontró con un panorama económico bien sombrío: “La economía atraviesa lo que podría ser el episodio hiperinflacionario más agudo que haya experimentado la región, afectando a la capacidad de compra de alimentos básicos, medicamentos y otros bienes esenciales. Al día de hoy, el salario mínimo equivale a 2 dólares mensuales, en comparación con los 7 dólares en junio. Así, una familia necesita percibir el equivalente a 41 salarios mínimos mensuales para poder cubrir la canasta básica alimentaria”.

En cuanto a los derechos humanos, la represión tantas veces despiadada de las protestas, el encarcelamiento y la persecución de los opositores, son medios recurrentes del gobierno para mantenerse en el poder. En el 2019 se cuentan 478 presos políticos en el país, informa Monitor de Víctimas, plataforma de periodistas de medios digitales del país.

El informe de la expresidenta chilena Bachelet se refirió a ello: “Mi Oficina ha seguido documentando casos de posibles ejecuciones extrajudiciales cometidas por miembros de las Fuerzas de Acción Especiales de la Policía Nacional […]. Tan sólo en el pasado mes de julio la organización no-gubernamental Monitor de Víctimas identificó 57 nuevos casos de presuntas ejecuciones cometidas por miembros del FAES en Caracas”. Son numerosísimos los casos de abusos físico y psicológico, en particular a los militares. Las personas detenidas no tienen acceso a atención médica ni de sus familiares. Muchos no resisten la violencia y mueren en las manos de sus captores como fueron los casos recientes del concejal Fernando Albán y el capitán de la armada de Acosta Arévalo.

La influencia social del odio

El poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, ya fallecido, ha reflejado el sentir del pueblo cuando afirma que aceptaría sufrir todas las “miserias y quebrantos” menos la de tener un hijo “de corazón solitario”. Pienso que el peor mal que nos podría causar el chavismo es amargar al venezolano, encerrarlo en su miseria.

El chavismo no cesa de inocular el odio rancio, resentimiento mezquino que los llena. Después de veinte años, no se sabe cuán profundo ha llegado el veneno al corazón de los venezolanos. “Considero que sí se ha logrado amargar al venezolano, la gente anda triste y se ve preocupada, la subsistencia está muy complicada. Vivimos la paradoja cultural por la que la sociedad se transforma por el entorno negativo, por la anomia en la que estamos sumidos, y moldea la conducta del venezolano. Sin embargo, no faltan manifestaciones muy propias de nuestra cultura como la alegría espontánea o tomar a chiste la tragedia en que vivimos”, afirma la socióloga Adriana Loreto.

Con 29 años de edad, Loreto ha trabajado para la policía en el manejo de los focos de crimen en la favela más extensa de América, en el municipio Petare de Caracas, y ha conducido investigaciones sociológicas en una de las cárceles más rudas del país. Señala la socióloga que Chávez tuvo en sus manos el poder de sanar las injusticias sociales que había en un país básicamente igualitario. Pero usó su carismático liderazgo para manipular las referencias sociales del venezolano común. El estado de cosas actual pone dos preguntas ineludibles. ¿Hay esperanza de recuperar aquella Venezuela abierta, optimista, trabajadora que conocimos? Y al salir de este régimen ¿correrá la sangre como a la caída de regímenes similares?

Adriana Loreto se muestra optimista. Considera que el joven venezolano tiene una consciencia social mucho mayor que la de las dos últimas generaciones. “A pesar del empeño del gobierno en deprimirnos, en establecer una práctica política y socio económica nefasta, hay muchísima gente que rechaza esos falsos valores y quiere seguir apostando a Venezuela. Respecto a la recuperación del país creo que no pasaremos por venganzas y pases de factura”, concluye Loreto. “La gente no está dispuesta a eso, descontando que en alguna protesta de calle las emociones dominen la racionalidad. Pero hasta ahora no hemos tenido un líder de oposición que quiera llevarnos a un final sangriento. El venezolano es pacífico, democrático y no considera la venganza como un valor”.

La difícil cura del “facilismo”

En el año 2006 visité el sur del lago de Maracaibo, una de las zonas más fértiles del país. Durante esos años la revolución socialista distribuía dinero al pueblo a través de las llamadas misiones. Me contaban los hacendados que era imposible contratar obreros a destajo para recoger la abundante cosecha. No necesitaban trabajar. Chávez les daba todo. Sólo era necesario inscribirse y acudir a recibir el dinero semanalmente.

En 2010, Chávez prometió la denominada Soberanía Alimentaria. Mientras tanto, iba expropiando las haciendas más eficientes para entregarlas al pueblo, es decir, para el pillaje y la destrucción progresiva del aparato productivo. La agropecuarias que no expropiaba las asfixiaba hasta morir, porque el Estado aspira a ser el único que da pan al pueblo. Este “facilismo” fue calando en amplísimos sectores del pueblo. Es el derecho a que el Estado me dé todo. Populismo electorero, diseñado y mantenido durante años.

Ruth Capriles, doctora en Ciencias Políticas, catedrática e investigadora de la Universidad Católica de Caracas, sostiene que hay que ir de frente contra el “facilismo” que reclama para sí una mal entendida solidaridad: “Si ser solidario significa ser cómplices en sinvergüenzuras, no. No creo que el camino sea esta solidaridad. Yo creo que lo contrario es lo más importante: crear individuos fuertes, que no necesitan de la piedad, de la compasión, y la solidaridad de los otros para echar p’alante. Evidentemente, la solidaridad es un sentimiento humano muy importante que individualmente es valiosísimo, pero a nivel colectivo, yo no creo que es por ahí donde tenemos que trabajar, sino todo lo contrario. Hay que poner a cada uno frente a su responsabilidad y recordarle: ‘usted está solo en este mundo y usted tiene que resolver, es usted quien construye su suerte y de usted depende la comida diaria, y es de usted de quien depende la alimentación de sus hijos’. Yo trabajaría más por ahí, sinceramente”, asegura Capriles.

Es un planteamiento exigente pero ineludible. A pesar de las dificultades, Ruth Capriles se muestra optimista: “Quizás lo más maravilloso, lo que no deja de repetirse durante estos veinte años, es la disposición de innumerables, muchísimas personas, que están sirviendo al otro y sirviendo al país. Defienden a Venezuela y a nuestros valores, y siguen haciéndolo a pesar de todas las dificultades que nos encontramos. Son centenares de organizaciones de la sociedad civil que están manteniendo los valores de Venezuela. Y mientras se mantengan nuestros valores hay posibilidad de rescate”.

El autorMarcos Pantin

Caracas

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