Vaticano

Sabiduría, camino de libertad

El Papa Francisco ha insistido en la importancia de restaurar la dignidad de la persona en los ámbitos de la comunicación y de la inteligencia artificial.

Ramiro Pellitero·2 de marzo de 2024·Tiempo de lectura: 7 minutos
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Ante el desarrollo tecnológico, que incluye las fake news y los deepfakes, ¿cómo podemos seguir siendo plenamente humanos y nos mantendremos en libertad?

¿Cómo alcanzar la verdadera sabiduría? ¿Cómo garantizar la dignidad humana? Son preguntas que se replantean con formatos renovados en nuestros días.

Este mes hemos seleccionado tres enseñanzas del Papa: su mensaje para la Jornada mundial de las comunicaciones-2024; su discurso al Dicasterio para la Doctrina de la fe; y su mensaje para la Cuaresma. Temas aparentemente dispares, pero el hilo rojo es la vida y la misión de los cristianos, y su fascinante tarea, también en nuestro mundo cambiante.

Inteligencia artificial, sabiduría y comunicación

El tema del Mensaje para la 58 Jornada mundial de las comunicaciones sociales (24-I-2024) es: “Inteligencia artificial y sabiduría del corazón para una comunicación plenamente humana”. Plantea, según señala el Papa, “cómo podemos seguir siendo plenamente humanos y orientar hacia el bien el cambio cultural en curso”. No debemos, aconseja, dejarnos llevar por augurios catastrofistas ante el futuro, pero sí, como ya dijo Guardini proféticamente en 1927, permanecer “sensibles al dolor que produce la destrucción y el proceder inhumano que se contiene en este mundo nuevo”; y promover “que brote una nueva humanidad de profunda espiritualidad, de una libertad y una vida interior nuevas” (Cartas del lago de Como, Pamplona 2013, 101-104).

En continuidad con los mensajes de las anteriores Jornadas mundiales de las comunicaciones sociales (2021-2023), Francisco propone que, en esta época que corre el riesgo de ser rica en tecnología y pobre en comunicación, hemos de partir, para nuestra reflexión, de la sabiduría del corazón humano. Aquí el término corazón se usa en sentido bíblico, como la sede de la libertad y de las decisiones importantes de la vida. “La sabiduría del corazón es, pues, esa virtud que nos permite entrelazar el todo y las partes, las decisiones y sus consecuencias, las capacidades y las fragilidades, el pasado y el futuro, el yo y el nosotros”. Puede parecer, y lo es, difícil de lograr, pero, añade el Papa, “es precisamente la sabiduría —cuya raíz latina sapere se relaciona con el sabor— la que da gusto a la vida”.

Al mismo tiempo, advierte que no podemos esperar la sabiduría de las máquinas, y concretamente de la Inteligencia artificial (IA). Como expresa su nombre científico original, machine learning, las máquinas pueden “aprender” en el sentido de almacenar y correlacionar datos, pero es solo el hombre el que puede darles su significado.

De ahí que, como todo lo que está en manos del hombre, la IA es una oportunidad y a la vez un peligro en manos del hombre, si este no supera “la tentación original de llegar a ser como Dios sin Dios” (cfr. Gn 3). No se trata solo de un riesgo, sino del peligro en que de hecho el hombre ha caído al querer “conquistar por las propias fuerzas lo que, en cambio, debería cogerse como un don de Dios y vivirse en la relación con los demás”. Por eso afirma el sucesor de Pedro, es necesario “despertar al hombre de la hipnosis en la que ha caído debido a su delirio de omnipotencia, creyéndose un sujeto totalmente autónomo y autorreferencial, separado de todo vínculo social y ajeno a su creaturalidad”.

Estas afirmaciones no son generalidades. De hecho, desde la primera fase de la IA, la de los medios sociales, hasta los algoritmos, vamos experimentando que“toda extensión técnica del hombre puede ser un instrumento de servicio amoroso o de dominación hostil”. Las fake news y deepfakes, con la manipulación y simulación que conllevan son claros ejemplos.

Por una regulación ética de la IA

¿Qué propone el Papa? Propone, en primer lugar, actuar preventivamente, fomentando “la regulación ética para frenar las implicaciones nocivas y discriminatorias, socialmente injustas, de los sistemas de inteligencia artificial y contrarrestar su uso en la reducción del pluralismo, la polarización de la opinión pública o la construcción de un pensamiento único”.

Así pues, renueva su llamamiento exhortando a “la comunidad de las naciones a trabajar unida para adoptar un tratado internacional vinculante, que regule el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial en sus múltiples formas” (Mensaje para la 57 Jornada mundial de la paz, 1-I-2024, 8).

En segundo lugar, propone crecer en humanidad, sin dejarse reducir a un mundo donde lo personal se convierte en meros datos en beneficio de unos pocos: del mercado o del poder. Y a este propósito, ensalza la figura del buen periodismo, que es capaz de comunicar la realidad, de modo que “devuelve a cada ser humano el papel de sujeto, con capacidad crítica, respecto de la misma comunicación”.

De ahí que vea necesario “proteger la profesionalidad y la dignidad de los trabajadores del ámbito de la comunicación y la información, junto con la de los usuarios de todo el mundo”. Junto a ello pide garantizar los criterios éticos en la información, el respeto y la transparencia de la autoría y de las fuentes; de modo que se preserve el pluralismo y se represente la complejidad de la realidad, haciendo que la información sea “sostenible” y al mismo tiempo “accesible” para todos.

Sobre esta cuestión, afirma el Papa, “por una parte, se cierne el espectro de una nueva esclavitud, por la otra, una conquista de la libertad”. De nosotros depende que alimentemos el corazón con libertad, sin lo cual no existe la sabiduría.

Sacramentos, dignidad y fe 

En su discurso a la Asamblea plenaria del Dicasterio para la Doctrina de la fe del 26 de enero, les recordó su cometido en los términos de la Constitución apostólica Praedicate Evangelium (2022): “Ayudar al Romano Pontífice y a los obispos a proclamar el Evangelio en todo el mundo, promoviendo y tutelando la integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral, sobre la base del depósito de la fe y también buscando una comprensión cada vez más profunda de esta ante los nuevos interrogantes” (art. 69).

Francisco ha confirmado el compromiso del Dicasterio “en el ámbito de la inteligencia de la fe ante el cambio de época que caracteriza nuestro tiempo”. Y en esa dirección les ha ofrecido orientaciones para su tarea en torno a tres palabras: sacramentos, dignidad y fe.

En primer lugar, los sacramentos, tema sobre el que ha trabajado últimamente el Dicasterio (cfr. Nota Gestis verbisque sobre la validez de los sacramentos, 31-I-2024; cfr. Francisco, Discurso a la plenaria del Dicasterio para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, 8-II-2024).

Señala ahora el obispo de Roma: “Mediante los sacramentos, los creyentes se hacen capaces de profecía y testimonio. Y nuestro tiempo necesita con particular urgencia profetas de vida nueva y testigos de caridad: ¡amemos, pues, y hagamos amar la belleza y la fuerza salvífica de los sacramentos!

Segundo, dignidad. También este dicasterio está trabajando un documento sobre la dignidad humana. Por ello, les animó a estar “cerca de todos aquellos que, sin proclamas, en la vida concreta de cada día luchan y pagan en persona por defender los derechos de los que no cuentan” (Ángelus, 10-X-2023). De esta manera, “frente a diversas y actuales formas de eliminar o de ignorar a otros, seamos capaces de reaccionar con un nuevo sueño de fraternidad y de amistad social que no se quede en las palabras” (enc. Fratelli tutti, 6).

Finalmente, la fe. En el contexto del décimo aniversario de la Evangelii gaudium y la proximidad del Jubileo de 2025, Francisco recordó las palabras de Benedicto XVI cuando constataba que, con frecuencia entre los cristianos, hoy la fe no aparece ya como presupuesto de la vida común, e incluso con frecuencia es negado (cfr. Carta Porta fidei, 2). 

Por eso, señalaba el Papa Francisco, es tiempo de reflexionar sobre algunos temas: “el anuncio y la comunicación de la fe en el mundo actual, especialmente en relación con las jóvenes generaciones; la conversión misionera de las estructuras eclesiales y de los agentes pastorales; las nuevas culturas urbanas con su carga de desafíos, pero también de cuestiones inéditas de sentido; finalmente, y sobre todo, la centralidad del ‘kerygmaen la vida y en la misión de la Iglesia”.

Cuaresma: tiempo de libertad

Finalmente, cabe aludir al mensaje de este año 2024 para la Cuaresma (publicado en diciembre del año pasado): “A través del desierto Dios nos guía a la libertad”. El desierto representa aquí el camino de gracia en el que podemos descubrir o redescubrir el amor que Dios nos tiene, y abrirnos, por tanto, a una libertad más verdadera y plena. 

La condición para ello, señala el Papa en su mensaje, es “querer ver la realidad”. Así, como Dios ve todo y escucha todo (cfr. Ex 3, 7-8), así nosotros debemos escuchar los gritos de tantos hermanos nuestros necesitados.  

Llama la atención el obstáculo que Francisco señala, con referencia a lo que sucedió en la peregrinación del pueblo elegido por el desierto: la añoranza de la esclavitud, vinculada a un déficit de esperanza. 

En efecto, se trata de una asombrosa y extraña añoranza, que solo se explica por la tendencia egocéntrica del pecado –que desemboca en la idolatría–, la búsqueda de seguridad a toda costa, la tendencia a la autopreservación y el recurso a los ídolos.

De otro modo –observa Francisco– no se explicaría que una humanidad que ha alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos”.

Y siguiendo con la analogía entre nuestro caminar y el éxodo de los israelitas desde Egipto, señala el sucesor de Pedro: “Más temibles que el Faraón son los ídolos; podríamos considerarlos como su voz en nosotros. El sentirse omnipotentes, reconocidos por todos, tomar ventaja sobre los demás: todo ser humano siente en su interior la seducción de esta mentira. Es un camino trillado.

Por eso, podemos apegarnos al dinero, a ciertos proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En lugar de unirnos, nos enfrentarán”.

¿Qué hacer, entonces? Propone Francisco: “Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse”.  Detenerse en la oración, en la limosna y en el ayuno, que son como despertadores para un corazón atrofiado y aislado. Y no con cara triste (cfr. Mt 6, 16) sino con semblante alegre, abiertos a la creatividad y a la esperanza. 

El mensaje concluye con unas palabras especiales para los jóvenes, tomadas del desafío que les lanzó Francisco el año pasado en Lisboa: “Busquen y arriesguen, busquen y arriesguen. En este momento histórico los desafíos son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran espectáculo. Y hace falta coraje para pensar esto” (Discurso a los universitarios, 3-VIII-2023).

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