Vaticano

La familia, el derecho y otras disciplinas

En dos jornadas de estudio se ha abordado el tema del derecho de familia en sus aspectos relacionales desde diferentes disciplinas, en el marco del Año “Amoris Laetitia” que se celebra en toda la Iglesia.

Giovanni Tridente·22 de abril de 2021·Tiempo de lectura: 5 minutos
congreso familia santa croce
Foto: © 2021 Pontificia Università della Santa Croce.

La iniciativa fue organizada por el Centro de Estudios Jurídicos sobre la Familia de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, y se celebró los días 19 y 20 de abril sobre el tema “Los fundamentos relacionales del derecho de familia. Un enfoque interdisciplinario”.

Participaron más de doscientas personas conectadas por streaming desde varios países, para escuchar las intervenciones de importantes personalidades del mundo académico y jurídico. Los participantes presentaron una treintena de comunicaciones.

El primer día, la profesora Susy Zanardo, de la Universidad Europea de Roma, habló sobre la antropología de las relaciones familiares, ofreciendo una visión general del mundo de los afectos (mitos y modelos) a partir de épocas históricas del pasado hasta la actualidad.

El cuerpo de la palabra

La propuesta de la académica era relanzar “la alianza hombre-mujer para el cuidado del mundo”, basando esta perspectiva en la Sagrada Escritura. “La diferencia sexual no es simplemente accidental, porque no hay relación con el mundo que no esté mediada por el cuerpo; pero el cuerpo nunca es sólo orgánico -explicó el filósofo moral-; es el centro de la experiencia, el umbral entre el mundo visible y el invisible, un sentimiento de sí mismo y una tensión estructural hacia el otro”. Por eso, el cuerpo “es siempre un cuerpo-palabra (logos): no es nada sin la palabra (logos), y sin embargo es el único lugar donde la palabra se manifiesta”, expresó con una bella imagen.

Subjetividad generativa

De la Universidad Católica del Sacro Cuore Corazón de Milán, el profesor Francesco Botturi habló sobre el tema de la subjetividad social de la familia. Un título aparentemente contradictorio, salvo para explicar cómo la subjetividad humana es en sustancia una “subjetividad generativa” ya que necesita “ser generada para llegar a sí misma” pero también porque una vez “madura y reconciliada consigo misma” se vuelve capaz de “generar a su vez”.

Y es aquí donde se injerta la “centralidad antropológica de la familia”, según el profesor, “como expresión de la identidad relacional generativa del hombre, en cuyo amor toma cuerpo la libertad del yo-tu de la pareja; la fidelidad del nosotros de la relación estable; la generación del tercero como él/ella/ellos”.

El hombre y la familia, imagen de Dios

La tercera ponencia corrió a cargo de Blanca Castilla de Cortázar, de la sede madrileña del Pontificio Instituto Teológico para las Ciencias del Matrimonio y la Familia, que presentó el aspecto teológico de las relaciones familiares, llegando a la síntesis expresada en la Trinidad -también con la ayuda de los Padres de la Iglesia y el Magisterio de San Juan Pablo II-, ya que los principales vínculos familiares (paternidad, maternidad, filiación) son todos relacionales.

Sin embargo, señaló la profesora, “es necesario hacer un uso correcto de la analogía, con sus semejanzas y diferencias, sin pretender una simetría exacta, ni tratar de proyectar en Dios modelos de familia o de sociedad humana”. Más bien hay que hacer lo contrario: “ver cómo se realiza la imagen de Dios en el hombre y en la familia humana”.

Realidades intrínsecamente jurídicas

El profesor Carlos José Errázuriz, catedrático de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, habló de la “relación entre la familia y el derecho”, partiendo de la base de que la familia, y sobre todo el matrimonio que es su fundamento, “son realidades intrínsecamente jurídicas”.

En este sentido es necesario repensar la acción a largo plazo para “consolidar y promover” la verdadera identidad familiar, a través de “procesos sociales de reconocimiento y promoción de la familia fundada en el matrimonio”, si acaso recurriendo a las múltiples experiencias en las que “se percibe y se vive” ese verdadero sentido de justicia de las relaciones familiares, en cuyo centro está el ser persona-hombre y persona-mujer de los cónyuges en una relación de mutuo amor interpersonal.

Ir a las raíces de ser matrimonio y familia

El profesor Héctor Franceschi, director del Centro de Estudios Jurídicos sobre la Familia y responsable del comité organizador de la Conferencia, ilustró el derecho de familia en la Iglesia en relación con otros sistemas estatales. El conferenciante partió de la conciencia de que, desde hace tiempo, “la identidad humana ha sido relegada a una opción individualista, incluso cambiante en el tiempo”. Por lo tanto, es necesario repensar, “también desde el punto de vista de la ciencia jurídica”, la importancia de la “complementariedad hombre/mujer”, en particular con respecto al matrimonio.

En concreto, ante la dificultad del diálogo y la confusión que suele haber en los debates sobre estos temas, Franceschi propone redescubrir no tanto una visión del “matrimonio tradicional” como ir a las raíces de la “realidad de estar casado y ser una familia”. Y así redescubrir “un lenguaje común en lo que, por naturaleza, es común entre los seres humanos”, incluidas las relaciones familiares en sus elementos esenciales.

La visión individualista sobre la social

Adriana Neri, abogada de profesión, centró su intervención en los problemas del derecho civil de familia, entre ellos el hecho de que, tras muchas reformas legislativas -mirando a Italia, por ejemplo-, se ha llegado a una configuración diferente de la institución familiar, “centrada más bien en la importancia de los derechos de los individuos” que la componen, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, cuando la familia se concebía en su función propiamente social.

La solución a esta deriva, según el jurista, puede venir de un redescubrimiento de la auténtica visión social de la familia que, aunque adaptada a la evolución de los tiempos, “conserva su función”, que siempre se ha referido a la “persecución de los intereses de importancia general” que de hecho interesan a un Estado que se declara social.

Los activos relacionales de la familia

La Conferencia concluyó con un informe del sociólogo Pierpaolo Donati, de la Universidad de Bolonia, que habló sobre el genoma social de la familia y sus bienes relacionales, partiendo de la persona humana como “sujeto pasivo de la relación”.

En este contexto, “la familia es un bien relacional y produce bienes relacionales” -explicó Donati- y de aquí se deduce que “el amor es saber generar lo diferente, reconocerlo, recibirlo y ofrecerlo como don, vivirlo como don”.

El papel que asume la propia familia en la sociedad globalizada sigue siendo fundamentalmente de “mediación”, sobre todo “para hacer florecer las virtudes personales y sociales”. A todo esto no ayuda, ciertamente, la continua desestructuración de la institución familiar “mediante la multiplicación de esquemas jurídicos”, que por un lado la privatizan y por otro la hacen pública. De hecho, “la mediación familiar no es una relación privada ni pública, sino comunitaria”. Y esto es lo que el derecho también está llamado a redescubrir, concluyó Donati.

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