Vaticano

El feminismo de Francisco, clave de lectura de su viaje a Canadá

Como es habitual en los viajes papales, Francisco ofreció una rueda de prensa en su regreso a Roma. Algunas preguntas arrojan luz sobre las claves de este viaje a Canadá.

Fernando Emilio Mignone·31 de julio de 2022·Tiempo de lectura: 6 minutos
Foto: el Papa en el vuelo de regreso a Roma. ©CNS photo/Paul Haring

El Papa dio una clave interpretativa de sus enseñanzas canadienses contestando a las periodistas cuando voló de Iqaluit a Roma el 29 de julio por la noche. Este viaje a Canadá, explicó, estuvo muy ligado a la figura de Santa Ana, a la transmisión “dialectal» de la fe, que es femenina porque la Iglesia es madre y esposa. 

He hablado, dijo, “sobre las ancianas, sobre las mamás y sobre las mujeres. Y he subrayado que la fe es transmitida ‘en dialecto’ materno, el dialecto de las abuelas… Esto es muy importante: el papel de la mujer en la transmisión de la fe y en el desarrollo de la fe. Es la madre o la abuela la que enseña a rezar, a explicar las primeras cosas que el niño no entiende de la fe… la Iglesia es mujer. Esto lo he querido decir claramente pensando en Santa Ana.” Añadió una referencia bíblica, 2 Macabeos 7, donde “dice que la mamá animaba en dialecto materno” a sus hijos a que aceptaran el martirio.

Abuelos

Efectivamente, el 26 de julio Francisco habló de la transmisión de la cultura y de la fe en su homilía ante miles de familias en un estadio en Edmonton: “Estamos aquí gracias a nuestros padres, pero también gracias a nuestros abuelos… A menudo fueron ellos los que nos amaron sin reservas y sin esperar nada de nosotros; nos tomaron de la mano cuando teníamos miedo, nos tranquilizaron, nos alentaron cuando tuvimos que decidir sobre nuestra vida. Gracias a nuestros abuelos recibimos una caricia de parte de la historia.

Muchos de nosotros hemos respirado en la casa de los abuelos la fragancia del Evangelio, la fuerza de una fe que tiene sabor de hogar. Gracias a ellos descubrimos una fe familiar, doméstica; sí, es así, porque la fe se comunica esencialmente así, se comunica ‘en lengua materna’, se comunica en dialecto, se comunica a través del afecto y el estímulo, el cuidado y la cercanía”.

“Esta es nuestra historia que hay que custodiar, la historia de la que somos herederos; somos hijos porque somos nietos. Los abuelos imprimieron en nosotros el sello original de su forma de ser, dándonos dignidad, confianza en nosotros mismos y en los demás. Ellos nos transmitieron algo que dentro de nosotros nunca podrá ser borrado”.

Cuidar la familia

“¿Somos hijos y nietos que sabemos custodiar la riqueza que hemos recibido? ¿Recordamos las buenas enseñanzas que hemos heredado? ¿Hablamos con nuestros mayores, nos tomamos el tiempo para escucharlos? En nuestras casas, cada vez más equipadas, cada vez más modernas y funcionales, ¿sabemos cómo habilitar un espacio digno para conservar sus recuerdos, un lugar especial, un pequeño santuario familiar que, a través de imágenes y objetos amados, nos permita también elevar nuestros pensamientos y oraciones a quienes nos han precedido? ¿Hemos conservado la Biblia o el rosario de nuestros antepasados?

Rezar por ellos y en unión con ellos, dedicar tiempo a recordarlos, conservar su legado. En la niebla del olvido que asalta nuestros tiempos vertiginosos, hermanos y hermanas, es necesario cuidar las raíces.”

Lac Sainte Anne

Ese 26 de julio al atardecer, el Papa fue un peregrino más en el santuario de Lac Sainte Anne, lugar de encuentro de los autóctonos. Ahí volvió al tema que nos ocupa.

“Pienso en las abuelas que están aquí con nosotros. Tantas. Queridas abuelas, sus corazones son fuentes de las que surge el agua viva de la fe, con la que han apagado la sed de hijos y nietos. Me admira el papel vital de la mujer en las comunidades indígenas. Ocupan un puesto de mucho relieve en cuanto fuentes benditas de vida, no sólo física sino también espiritual. Y, pensando en sus kokum (abuela en lengua cree), pienso en mi abuela. De ella recibí el primer anuncio de la fe y aprendí que el Evangelio se transmite así, a través de la ternura del cuidado y la sabiduría de la vida.

La fe raramente nace leyendo un libro nosotros solos en un salón, sino que se difunde en un clima familiar, se transmite en la lengua de las madres, con el dulce canto dialectal de las abuelas. Me alegra ver aquí a tantos abuelos y bisabuelos. Gracias. Se los agradezco, y quisiera decir a cuantos tienen ancianos en casa, en la familia, ¡tienen un tesoro! Custodian entre sus muros una fuente de vida; por favor, háganse cargo de ellos como de la herencia más valiosa para amar y custodiar”.

Sanar heridas

“En este lugar bendito, donde reinan la armonía y la paz, te presentamos las disonancias de nuestra historia, los terribles efectos de la colonización, el dolor imborrable de tantas familias, abuelos y niños. Señor, ayúdanos a sanar nuestras heridas. Sabemos que esto requiere esfuerzo, cuidado y hechos concretos de nuestra parte. Pero sabemos también, Señor, que solos no lo podemos hacer. Nos confiamos a Ti y a la intercesión de tu madre y de tu abuela. …las madres y las abuelas ayudan a sanar las heridas del corazón.

También la Iglesia es mujer, también la Iglesia es madre. De hecho, nunca hubo un momento en su historia en que la fe no haya sido transmitida, en lengua materna, por las madres y por las abuelas. En cambio, parte de la herencia dolorosa que estamos afrontando nace por haber impedido a las abuelas indígenas transmitir la fe en su lengua y en su cultura. Esta pérdida ciertamente es una tragedia, pero vuestra presencia aquí es un testimonio de resiliencia y de reinicio, de peregrinaje hacia la sanación, de apertura del corazón a Dios que sana nuestro ser comunidad.”

Sainte Anne de Beaupré

El 28 de julio, en una misa por la reconciliación en el santuario de Santa Ana en Beaupré, Québec, Francisco comentó el Evangelio de dos discípulos desencantados camino a Emaús.

 “Partamos con fe el Pan eucarístico, porque alrededor de la mesa podemos redescubrirnos hijos amados del Padre, llamados a ser todos hermanos. Jesús, partiendo el Pan, confirma el testimonio de las mujeres, a las que los discípulos no habían dado crédito, que ¡ha resucitado! En esta Basílica, donde recordamos a la madre de la Virgen María, y en la que se encuentra también la cripta dedicada a la Inmaculada Concepción, tenemos que resaltar el papel que Dios ha querido dar a la mujer en su plan de salvación. Santa Ana, la Santísima Virgen María, las mujeres de la mañana de Pascua nos indican un nuevo camino de reconciliación, la ternura materna de tantas mujeres nos puede acompañar —como Iglesia— hacia tiempos nuevamente fecundos, en los que dejemos atrás tanta esterilidad y tanta muerte, y colocar en el centro a Jesús, el Crucificado Resucitado.”

Dos mujeres canadienses 

De las ocho mujeres que preguntaron en la rueda de prensa aérea, las dos primeras fueron canadienses. Las respuestas las traduzco del italiano.

Jessica Deer, de CBC Radio, descendiente de sobrevivientes de los internados, quiso saber por qué el Papa había desaprovechado la oportunidad que se le había presentado para rechazar públicamente doctrinas y bulas papales de la época de las conquistadores, que dieron lugar a que los católicos tomaran posesión de tierras indígenas y consideraran a sus habitantes como inferiores. 

El Papa se refirió a las palabras de san Juan Pablo II condenando la esclavitud africana en su visita a la Isla de Gorée, Senegal (22 febrero 1992: [Isola di Gorée, la porta del non ritorno]); a Bartolomé de las Casas y San Pedro Claver; a la mentalidad colonialista de entonces y de ahora, y a valores indígenas. Terminó con lo que sigue.

Papa Francisco: … “Esta ‘doctrina de la colonización’… es mala, es injusta. También hoy es usada, lo mismo, con guantes de seda, quizás… Por ejemplo, algunos obispos de algún país me han dicho: ‘En nuestro país, cuando se pide un préstamo a una organización internacional, nos ponen condiciones, también legislativas, colonialistas.

Para darte préstamos te hacen cambiar un poco el estilo de vida.’ Volviendo a la colonización… de América, la de los ingleses, franceses, españoles, portugueses: son cuatro (potencias coloniales) para las cuales siempre ha habido ese peligro, es más, esa mentalidad, ‘nosotros somos superiores y estos indígenas no cuentan’, y esto es grave.

Por eso debemos trabajar en aquello que tú dices: retornar atrás y hacer sano…aquello que ha sido mal hecho, sabiendo que también hoy existe el mismo colonialismo. Piensa, por ejemplo, en un caso, que es mundial… los rohingya, en Myanmar: no tienen derecho de ciudadanía, son de un nivel inferior. También hoy. Thank you very much”.

Prensa canadiense

Brittany Hobson, de la agencia de noticias Canadian Press: “Buenas tardes, Papa Francisco. A menudo usted ha dicho que es necesario hablar con términos claros, honestos, directos y con parresía. Usted sabe que la Comisión canadiense para la Verdad y la Reconciliación ha descrito el sistema de los internados como ‘genocidio cultural’, y esta expresión ha sido corregida en ‘genocidio’ simplemente. Las personas que durante esta semana han escuchado sus palabras de pedido de perdón se han lamentado del hecho que no se hubiera usado el término genocidio. ¿Usted utilizaría este término o reconocería que miembros de la Iglesia han participado en este genocidio?”

Papa Francisco: “Es verdad, no usé la palabra porque no me vino a la cabeza, pero describí el genocidio y pedí disculpa, perdón por esta labor que es genocidio. Por ejemplo, condené también esto: quitar a los niños, cambiar la cultura, cambiar la mente, cambiar las tradiciones, cambiar la raza, digamos, toda una cultura. Sí, es una palabra técnica – genocidio – pero yo no la usé porque no se me ocurrió. Pero he descrito que era verdadero, sí, que era un genocidio, sí, sí, tranquilos. Tú di que yo lo he dicho que sí, que fue un genocidio. Thank you.”

Esta última respuesta va a dar qué hablar en Canadá. Habrá que ver si todo lo anterior también da qué hablar. Omnes informará.

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