Vaticano

“Quien reza es como el enamorado, lleva en el corazón la persona amada”

El Papa Francisco ha reflexionado, en la audiencia de este miércoles 10 de febrero, sobre la oración en la vida cotidiana, que impregna todos los aspectos de nuestra vida.

David Fernández Alonso·10 de febrero de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
audiencia papa francisco
©2021 Catholic News Service/United States Conferences of Catholic Bishops

El Papa Francisco se ha dirigido a los fieles de todo el mundo desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, en la mañana de este miércoles 10 de febrero.

La oración en la vida ordinaria

En la catequesis precedente el Santo Padre reflexionó sobre cómo la oración cristiana está “anclada” en la liturgia. En esta ocasión, Francisco ha destacado cómo desde la liturgia la oración vuelve a la vida cotidiana: “por las calles, en las oficinas, en los medios de transporte… Y ahí continúa el diálogo con Dios: quien reza es como el enamorado, que lleva siempre en el corazón a la persona amada, donde sea que esté”.

El Papa afirma que “de hecho, todo es asumido en este diálogo con Dios: toda alegría se convierte en motivo de alabanza, toda prueba es ocasión para una petición de ayuda”.

Por tanto, “la oración está siempre viva, como una brasa de fuego, también cuando la boca no habla. Todo pensamiento, incluso si es aparentemente “profano”, puede ser impregnado de oración”.

El misterio De Dios

En la misma línea se dirigió también al aspecto orante de la inteligencia, señalando que “es una ventana asomada al misterio: ilumina los pocos pasos que están delante de nosotros y después se abre a la realidad toda entera, que la precede y la supera”. Para el Papa, “este misterio no tiene un rostro inquietante o angustiante: el conocimiento de Cristo nos hace confiados que allí donde nuestros ojos y los ojos de nuestra mente no pueden ver, no está la nada, sino una gracia infinita.

La oración cristiana infunde en el corazón humano una esperanza invencible: “cualquier experiencia que toque nuestro camino, el amor de Dios puede convertirlo en bien”.

Cada día que empieza, si es acogido en la oración, va acompañado de valentía

Papa Francisco

A continuación, el Papa ha reflexionado sobre la importancia de afrontar el presente con alegría: “No existe otro maravilloso día que el hoy que estamos viviendo. Y es la oración quien lo transforma en gracia, o mejor, que nos transforma: apacigua la ira, sostiene el amor, multiplica la alegría, infunde la fuerza para perdonar. En algún momento nos parecerá que ya no somos nosotros los que vivimos, sino que la gracia vive y obra en nosotros mediante la oración. Cada día que empieza, si es acogido en la oración, va acompañado de valentía, de forma que los problemas a afrontar sean estorbos a nuestra felicidad, sino llamadas de Dios, ocasiones para nuestro encuentro con Él”.

Rezar por todos

Además, el Papa Francisco nos anima a rezar siempre por todo y por todos, tanto por nuestros seres queridos cómo por nuestros enemigos: “La oración dispone a un amor sobreabundante. Recemos sobre todo por las personas infelices, por aquellos que lloran en la soledad y desesperan porque todavía haya un amor que late por ellos.

En definitiva, que “la oración realiza milagros; y los pobres entonces intuyen, por gracia de Dios, que, también en esa situación suya de precariedad, la oración de un cristiano ha hecho presente la compasión de Jesús: Él de hecho miraba con gran ternura a la multitud cansada y perdida como ovejas sin pastor (cfr Mc 6,34).

Somos seres frágiles, pero sabemos rezar: esta es nuestra dignidad más grande. Y cuando una oración es según el corazón de Jesús, obtiene milagros

Papa Francisco

La oración desde nuestra fragilidad

El Santo Padre quiso recordar que amando al mundo así, encontramos el misterio De Dios: “Es necesario querer a todos y cada uno recordando, en la oración, que todos somos pecadores y al mismo tiempo amados por Dios uno a uno. Amando así este mundo, amándolo con ternura, descubriremos que cada día y cada cosa lleva escondido en sí un fragmento del misterio de Dios”.

Por último, el Papa ha concluido la catequesis aludiendo al filósofo Pascal: “El hombre es semejante a un soplo, como la hierba (cfr Sal 144,4; 103,15). El filósofo Pascal escribía: «No es necesario que el universo entero se arme para aplastarlo: un vapor, una gota de agua bastan para matarlo».

“Somos seres frágiles, pero sabemos rezar: esta es nuestra dignidad más grande. Y cuando una oración es según el corazón de Jesús, obtiene milagros”.

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