Uruguay está de celebración. El 6 de mayo la capital del país, Montevideo, acogerá la ceremonia de beatificación del primer obispo uruguayo, monseñor Jacinto Vera. El episcopado del país habla de él como un “santo varón, padre de los pobres, fue la persona más cercana y más amada por el pueblo oriental, tanto en ciudades como en la campaña, en la segunda mitad del siglo XIX”. Reconocido por todos como un “hombre de bien, de unidad y de paz”.
La iglesia local agradece la figura de monseñor Vera como “Padre y Patriarca, como Maestro y ejemplo siempre vivo de santidad”. Las parroquias terminan ya los preparativos iniciados en 2022, cuando se aprobó el milagro de monseñor Jacinto Vera.
La beatificación será el 6 de mayo a las 16 en la Tribuna Olímpica del Estadio Centenario, ubicado en la ciudad de Montevideo, capital del país. El cardenal Paulo Cezar Costa, arzobispo de Brasilia, presidirá la celebración eucarística, como representante del Papa Francisco.
El cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, recuerda la figura del próximo beato y su labor pastoral en una entrevista publicada en “Humanitas”, una revista de antropología y cultura cristiana. Sturla señaló que el primer obispo “recorrió el Uruguay entero tres veces, a caballo, en diligencia, en carreta, y al llegar a un lugar, él era el primero en ponerse a confesar, después a hacer bautismos, regularización de casamientos, es una figura extraordinaria. Además, él organizó la Iglesia uruguaya”.
Una vida de entrega
Jacinto Vera nació en un barco de inmigrantes que se dirigía a Uruguay en 1813. Recibió el orden sacerdotal en 1841, destacando por su personalidad alegre, su estilo austero y su entrega a pobres y enfermos.
Le nombraron vicario apostólico en 1859. Durante esta época tuvo que hacer frente a intervenciones de hospicios religiosos, campañas para su desacreditación y la necesidad de renovar el clero. En 1865 le nombraron obispo, participó en el Concilio Vaticano I y finalmente, en 1878 fue proclamado primer obispo de Montevideo.
Falleció en 1881 con fama de santidad. Los uruguayos le consideran padre de la Iglesia en el país y padre de los pobres. Ahora, con alegría, celebran la beatificación de su primer obispo.