Iniciativas

Un club de motoristas. Romeros de la Virgen

Es una impresión singular la que produce cruzarse en la carretera con un grupo numeroso de motos, en el que amantes de circular sobre dos ruedas disfruta de una manera evidente. Hacen viajes para estar juntos, para conocer nuevos paisajes, o… para honrar a la Virgen María.

Antonio Espinosa·7 de junio de 2021·Tiempo de lectura: 4 minutos

Hay quien piensa que los motoristas no somos gentes de fiar, que somos una subespecie de gorilas de la carretera, amantes del estrépito, adictos a los efluvios del cuero y de la gasolina, enmascarados de la ruta, o presuntos implicados en los delitos más atroces. Y nada más lejos de la realidad. Es más, probablemente es el colectivo que tiene más a flor de piel la solidaridad en la carretera.

Hace ya más de diez años, formamos un club de motoristas peculiar. Corría el mes de julio del año 2006 cuando entre unos cuantos amigos surgió la idea de viajar de Madrid a Valencia para asistir a la visita de Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de las Familias.

Las autoridades señalaban algunas dificultades de acceso hasta el lugar del evento en caso de llegar en coche, por lo que, dada nuestra común afición al mundo de la moto y sus innumerables ventajas, la noche anterior decidimos hacer el viaje sobre dos ruedas, lo que finalmente nos permitió asistir a la Santa Misa casi en primera fila. Fue un primer viaje, en el que lo pasamos tan bien que decidimos repetirlo al menos una vez al año.

Pensamos que un buen motivo podía ser el de honrar a la Virgen María visitando alguno de los muchos santuarios dedicados a Ella para rezar el Santo Rosario. Ahí quedó la cosa, y al llegar el mes de mayo de 2007 elegimos el santuario de la Virgen de Sonsoles en Ávila como destino de nuestra primera romería motera. Ese fue el inicio de Motorromeros, una aventura que con el tiempo ha cuajado en un nutrido club de motoristas del que para formar parte basta con cumplir con tres condiciones: tener pasión por las motos, devoción a la Virgen y el haber participado en alguna motorromería.

Siendo España la tierra de María, como bien la definió san Juan Pablo II, desde entonces han sido muchos los santuarios o ermitas dedicadas a la Virgen que hemos visitado, muchas las curvas trazadas y muchas las avemarías que hemos rezado. Y ello nos ha permitido estrechar lazos de amistad que van más allá de nuestra común afición.

Principalmente hacemos viajes cortos que ocupan las mañanas de los sábados con destinos cercanos a Madrid, pero una o dos veces al año hacemos viajes de fin de semana que nos han llevado a lugares como Covadonga, Aránzazu, Torreciudad, El Pilar, La Virgen de la Cabeza, El Rocío, Lourdes o Fátima. También hemos peregrinado a Santiago en varias ocasiones, y ahora estamos embarcados en un camino de Santiago por etapas desde Roncesvalles, que Dios mediante concluiremos en el año jubilar.

Por otra parte, al ser el motorista por lo general más amigo de carreteras secundarias que de las autopistas, hemos conocido muchos parajes preciosos que componen la geografía española y que de otra forma nunca hubiéramos llegado a conocer.

Con mucha alegría recibimos la noticia de la dedicación del año de san José por el Papa Francisco, porque desde hace unos años le tenemos por patrón y a él nos encomendamos. Lo nombramos patrono principalmente por dos motivos. El primero, porque estaba profundamente enamorado de María, y en eso queremos imitarle, y el segundo, porque para sus desplazamientos contaba con un burro fiel. Nosotros -usando la jerga motera- vamos en “burra” y, solo por eso, ya en algo nos parecemos a él.

Además de contar con san José, desde el inicio hemos experimentado la protección del Arcángel san Rafael, patrono de todos los motoristas. Han sido tantos los entuertos de los que nos ha sacado que, si se si se escribieran uno por uno, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Por contar uno, tenemos por costumbre, al inicio de cada salida, rezarle la “oración del motorista” invocando su protección.

En el año 2013, con motivo del Año Jubilar por la coronación canónica de María Santísima de la Esperanza Macarena, acudimos a Sevilla a hacerle una visita. De regreso, hicimos escala en Córdoba, donde paramos en la catedral para celebrar la Eucaristía.

La suerte de ir en moto es que uno puede aparcar en la misma puerta del lugar al que se dirige, y así lo hicimos, al no ver cartel o señal alguna que nos lo impidiera. Sin embargo, al salir de la catedral, nos encontramos con la sorpresa de una receta de la Policía Municipal sobre cada montura. Por lo visto, estaba prohibido aparcar en sus inmediaciones. En aquel viaje, se dio la circunstancia de que, por las prisas, al partir no rezamos la oración a san Rafael, y según vimos las multas le comenté al Páter que aquella desagradable sorpresa solo podía deberse a nuestro fatal olvido. El coincidió conmigo y, al ser san Rafael el guardián de Córdoba y tener un monumento a pocos metros de la catedral, allí nos dirigimos para reparar nuestro error e invocar su ayuda. Aquello fue mano de santo, o más bien mano de ángel, porque según concluíamos con el amén, aparecieron por una bocacalle dos motoristas municipales que se detuvieron exactamente a los pies del Arcángel donde nosotros nos encontramos. Me dirigí a ellos para explicarles la situación, y nos quitaron las multas, cosa que agradecimos al patrón y nos permitió concluir felizmente la ruta. Desde entonces, nunca hemos dejado de invocarle en cada salida. Más nos vale.

De todas formas, la que más nos protege es María, y no solo de los percances en carretera, que gracias a Ella casi no hemos tenido, sino porque a cada uno nos ha acercado un poquito más a Nuestro Señor como siempre hace. A Él siempre se va y se vuelve por María.

Desde el inicio de esta locura, el club siempre ha estado vinculado de alguna manera al sacramento del matrimonio, porque a lo largo de nuestra breve historia han sido muchas las veces en que al llegar a una casa de María nos hemos encontrado felizmente con una boda. Por ese motivo, decidimos incorporar al club una nueva tradición, la de escoltar a las hijas de todo motorromero que decidan acercarse al altar para contraer matrimonio. Así lo hicimos hace unos meses con Joana, hija de Alberto, que por sorpresa se encontró con un buen grupo de motoristas en la puerta de su casa al salir hacia la iglesia. A punto estuvo su padre de abandonar a su hija en el coche nupcial para sumarse a la escolta con frac incluido.

Y siguiendo con las escoltas, hemos propuesto a los organizadores de esa fantástica iniciativa de María ven el poder escoltar a la Virgen en Madrid el próximo mes de octubre al concluir su peregrinaje por España en el Cerro de los Ángeles.

Cuando nos enteramos del evento pensamos que, de hacerse, a nosotros correspondía tal honor, y si finalmente nos dan su consentimiento nos encantaría poder acompañarla.

Ya somos más de cien los miembros del club, y si de algo estamos convencidos es de que el amor a la Virgen y el llevar una moto ayudan mucho para llegar a un buen destino.

El autor

Antonio Espinosa

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