América

¿Se extiende la ideología de género en Puerto Rico?

En Puerto Rico, que ha estado en un proceso de secularización rápida y agresiva, la ideología de género comenzó a asentarse como política de estado en torno al 2001.

Fernando Felices·3 de septiembre de 2021·Tiempo de lectura: 9 minutos
Puerto Rico

El sábado 14 de agosto de 2021 tuvimos una manifestación, marcha y concentración en el Capitolio estatal en San Juan de Puerto Rico para reclamarle al gobernador progresista, Pedro Pierluisi del Partido Nuevo progresista (PNP), que retire la implementación de la ideología de género de la política pública del país y sobre todo del currículum de estudios. Fue una concentración multitudinaria iniciada por la Coalición Pro Vida y Familia, dirigida por un cantante evangélico. La manifestación fue todo un éxito y congregó cerca de 100.000 personas. Agrupó a muchos protestantes (pastores y fieles) y católicos. Incluso asistió un pequeño grupo de legisladores. Se hicieron presentes un Obispo, Mons. Daniel Fernández Torres de Arecibo, varios sacerdotes, religiosas y miles de laicos que quisieron defender los derechos naturales y divinos de los padres a educar a sus hijos según sus propias convicciones. 

También se dirigió a la multitud Agustín Laje, joven politólogo, conferencista y escritor argentino. Señaló que hay grupos pequeños pero muy poderosos que imponen sus ideologías en forma desfachatadamente antidemocrática. Instagram recientemente le censuró y le cerró su cuenta con más de medio millón de suscriptores, por no estar de acuerdo con sus excelentes argumentos.

Génesis y desarrollo de la ideología de género

La ideología de género (IE) es una propuesta intolerante, anticientífica, elitista (es decir, anti democrática) y rabiosamente anti cristiana que ha ido creciendo sobre todo en el último cuarto del siglo XX y ha llegado a su apogeo político en nuestros días. Aunque aparenta defender iniciativas aisladas y promueve “nuevos derechos”, en el fondo tiene una agenda política bien estructurada y unos medios y procesos bien estudiados y cuidadosamente implementados, sobre todo a través de la judicatura.

Como toda ideología, tiene un credo básico que no se puede cuestionar, que pretende explicarlo todo en forma reductiva. Niega toda evidencia, datos o experiencias que le sean contrarias, excomulgando o negándole el derecho de ofrecer alternativas y dirige hacia unas soluciones específicas que se han de implementar con la toma del poder. En el caso de IE, hay que “deconstruir” el concepto de la familia, de la naturaleza humana y finalmente de la religión. Es una especie de marxismo cultural. Ha cambiado los opresores y los oprimidos de los marxistas del siglo XIX, que ya no son los capitalistas y los obreros: los verdaderos oprimidos son las mujeres y todos aquellos que no encajan dentro del binario heterosexual. 

La conocida y poderosa líder bolchevique Alexandra Kollontai (1872-1952) creía que tanto  el estado, como la familia se extinguirían con la llegada de un comunismo más avanzado. La obrera no podía ser libre sino se le garantizaba el derecho a escoger o no quedar preñada. Tendría derecho a acabar con la progenie no deseada, así que había que garantizar el derecho libre al aborto. El matrimonio y la familia tradicional eran legados del pasado egoísta y opresor basado en derechos de propiedad. Bajo el comunismo tanto hombres como mujeres trabajarían y serían sostenidos por la sociedad, no por la familia. También los hijos serían propiamente de la sociedad que se encargaría de criarlos.

La IE revivió en ocasión de la revolución sexual de los años 60 del siglo pasado. Simone de Beauvoir, así como los psiquiatras norteamericanos John Money y el psicoanalista Robert Stroller y las feministas norteamericanas Juliet Mitchel, Nancy Chrodow, Jessica Benjamin, Jane Gallop, Bracha Ettinger, Shoshana Felman, Griselda Pollock, Jane Flax y Sulamith Fireston, entre otras, lo han asumido, divulgado y promovido. El objetivo principal de dicha ideología es hacer desaparecer la distinción biológica entre varón y hembra. No se nace varón o hembra, sino que la sociedad asigna o impone un rol, un “género”. La diferenciación sexual exclusivamente binaria (como la de clases para los marxistas del siglo XIX) es parte de una estructura de opresión que se ha inventado también el matrimonio. Estos roles son funciones que se pueden y deben cambiar socialmente. La nueva sociedad sin sexos fijados por la biología, estará formada por personas liberados de las viejas normas morales. En sus muchas variedades de géneros (los LGBTQ+) todas estas opciones igualmente válidas convivirán en un pacífico paraíso. 

Las feministas marxistas insisten en desarrollar políticas que subrayan la opresión de las mujeres por parte de los machistas patriarcales. Para muchas feministas lo mejor es excluir a los varones de toda función familiar. La cultura popular generada por Hollywood y los Medios de Comunicación Social? (MCS) ha generado en muchas ocasiones una imagen negativa de los varones como padres, instando a los jóvenes a rebelarse contra los papás ineptos. Esto supuso acelerar la guerra contra los padres varones: se les ridiculiza, criminaliza y margina. Con el crecimiento exponencial de facto de familias monoparentales, de la reproducción asistida y del divorcio exprés, cada día hay más hijos que viven en familia sin la figura del padre. Esta conjunción de nuevas familias de hecho y nuevos modelos de “familias” ha dado muchos frutos tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea e incluso en las Naciones Unidas. En esta última sobre todo a partir de las cumbres sobre la población en el Cairo en el 1994 y sobre la mujer en Pekín en el 1995, muchas de sus agencias asumen y promueven la IE como parte de su política oficial. 

Durante el siglo XXI el “colectivo” LGBTQ+ se ha sumado a la “nueva normalidad”. Se unen a las protestas contra la opresión racial, el imperialismo y los temas de identidad de género. Las leyes, con su manifiesta fuerza pedagógica, así como las políticas educativas, son dos medios para cambiar profundamente el funcionamiento de una sociedad y de limitar el derecho de la familia en la misión educativa, favoreciendo el control del Estado. Los promotores de la IE han logrado que muchos estados occidentales exijan una indoctrinación en sus teorías o paradigmas tanto en las escuelas como en los colegios. Cualquier individuo que cuestione estos nuevos “dogmas” corre el riesgo de ser descalificado con etiquetas que denigran el que se opone a ellos y son castigados económica  y socialmente, arruinándosele su imagen y reputación e incluso su supervivencia.

La ideología de género se extiende por Puerto Rico

En Puerto Rico, que ha estado en un proceso de secularización rápida y agresiva, la ideología de género comenzó a oficializarse como política de estado con el advenimiento de la primera gobernadora, Sila María Calderón, del Partido Popular Democrático (PPD) del 2001 al 2005. Este partido se identifica con el Partido Demócrata de los Estados Unidos. En abril del 2001 al crear la Oficina de la Procuradora de la Mujer le encarga el deber de velar que la política pública esté basada en la perspectiva de género. También  redefine la familia en las leyes e incluso se redefine la violencia doméstica desde una perspectiva de género. Con la ley 108 del 2006, se comienzan a crear alianzas para dar a la Procuradora de la Mujer el poder de adiestrar y revisar todos los currículos del Departamento de Educación para fomentar el análisis crítico sobre el currículo con una “perspectiva de género”, proveer herramientas para desarrollar currículos basados en la equidad por género, e identificar cómo se puede integrar la perspectiva de género en la educación. Este es el Contrato número 2008-000075 entre el Departamento de Educación y la Oficina de la Procuradora de las Mujeres. En la Carta Circular Núm. 3 2008-2009 se indicaba que era la Política Pública del Estado incorporar la Perspectiva de Género en la Educación Pública Puertorriqueña. En la reforma del Código Civil que corría en paralelo también se pretendía redefinir la familia y hacer espacio para este cambio de lenguaje. 

El gobernador Luis Fortuño, del Partido Nuevo Progresista (PNP) 2008-2012, mandó derogar las cartas circulares al Depto. de Educación que avalaban dicha orientación de género. Pero al volver al poder el PPD con el gobernador Alejandro García Padilla (2012-2016), en otra circular, la CC 9-2013-2015, se reintegró la oficialidad de la ideología de género como referente necesario en la educación pública, favoreciendo la diversidad de orientaciones afectivo-sexuales. Además, se trató de limitar la enseñanza doméstica (homeschooling). Esta circular desató la manifestación multitudinaria del 16 de febrero de 2015 frente al Capitolio del país. 

Hoy en día en Puerto Rico se vive una fragmentación política. En las elecciones de noviembre de 2019 los dos partidos hegemónicos (el PPD y el PNP) que se alternaban en el poder desde el 1969, ahora tienen que buscar apoyo en tres partidos pequeños, los siempre minúsculos independentistas y dos de ellos enteramente nuevos, el Movimiento Victoria Ciudadana y Proyecto Dignidad para poder legislar. Desgraciadamente sólo un partido nuevo, el Proyecto Dignidad, de inspiración cristiana, apoya íntegramente el respeto a los derechos de la familia y de los padres. Los demás partidos, incluyendo el más conservador PNP, cuyo candidato Pedro Pierluisi, es el actual Gobernador (2020-2024), se han parcializado oficialmente en sus plataformas de gobierno a favor de los ideólogos de género. 

Principio de subsidiariedad y los derechos y la aportación de la familia

La ideología de género desconoce el principio de subsidiariedad. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia nos recuerda que este principio protege a las personas de los abusos de las instancias sociales superiores e insta a estas últimas a ayudar a los particulares y a los cuerpos intermedios a desarrollar sus tareas. Cada persona, familia y cuerpo intermedio tiene algo de original que ofrecer a la comunidad. La experiencia constata que la negación de la subsidiaridad, o su limitación en nombre de una pretendida democratización o igualdad de todos en la sociedad, limita y a veces también anula, el espíritu de libertad y de iniciativa. Acaba siendo una especie de monopolio oficial estatal.

Todo modelo social que busque el bien del hombre no puede prescindir de la centralidad y de la responsabilidad social de la familia. La sociedad y el Estado, en sus relaciones con la familia, tienen la obligación de atenerse al principio de subsidiaridad. En virtud de este principio, las autoridades públicas no deben sustraer a la familia las tareas que puede desempeñar sola o libremente asociada con otras familias; por otra parte, las mismas autoridades tienen el deber de auxiliar a la familia, asegurándole las ayudas que necesita para asumir de forma adecuada todas sus responsabilidades.

También nos advirtió el Papa Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in veritate que en el contexto social y cultural actual, en el que está difundida la tendencia a relativizar lo verdadero, vivir el amor en la verdad lleva a comprender que la adhesión a los valores del cristianismo no es sólo un elemento útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad y un verdadero desarrollo humano integral. Un cristianismo de amor sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales. De este modo, en el mundo no habría un verdadero y propio lugar para Dios. Sin la verdad, la caridad-amor es relegada a un ámbito de relaciones reducido y privado. Queda excluida de los proyectos y procesos para construir un desarrollo humano de alcance universal, en el diálogo entre saberes y operatividad. Hay que desenmascarar la falsa consigna de que amor es amor y que hay que celebrar todos los “amores” que se les antojen a los particulares. 

Un grupo esencialmente laico le reclama al Estado respeto a la familia y muchos de los componentes directivos de la sociedad no se interesan por el reclamo. Esta marcha afirmó la prioridad de la familia respecto a la sociedad y al Estado. La familia, sujeto titular de derechos inviolables, encuentra su legitimación en la naturaleza humana y no en el reconocimiento del Estado. La familia no está, por lo tanto, en función de la sociedad y del Estado, sino que la sociedad y el Estado debieran estar en función de la familia. La familia, comunidad de personas, es por consiguiente la primera “sociedad” humana. Una sociedad a medida de la familia es la mejor garantía contra toda tendencia de tipo individualista o colectivista, porque en ella la persona es siempre el centro de la atención en cuanto fin y nunca como medio.

La familia, comunidad natural en donde se experimenta la sociabilidad humana, contribuye en modo único e insustituible al bien de la sociedad. La comunidad familiar nace de la comunión de las personas: «La “comunión” se refiere a la relación personal entre el “yo” y el “tú”. La “comunidad”, en cambio, supera este esquema apuntando hacia una “sociedad”, un “nosotros”. Sin familias fuertes en la comunión y estables en el compromiso, los pueblos se debilitan.

Los medios de comunicación desconocen la manifestación

Los Medios de Comunicación Social de Puerto Rico mostraron su desprecio por estos ciudadanos indignados. Ninguno de los medios de comunicación masivos, los canales de televisión en sus noticieros, los programas de la radio y los periódicos mencionaron la concentración. Es como si no hubiera existido. El castigo sincronizado de los gestores con su silencio e indiferencia es muy eficaz. Lo que no se publica no existe. 

En cambio, si cinco miembros del colectivo LGBTQ+ hacen una protesta en algún sitio, sale en primera plana con fotos y con el apoyo del redactor. Casi 100.000 ciudadanos se concentran para hacerle llegar al Gobernador su queja y el Gobernador no los atiende y la prensa no admite que sucedió un hecho multitudinario. ¡Qué deshonestidad! No es que los reporteros estén de acuerdo con el reclamo, es cuestión de notificar un evento notable… Constatamos una vez más que los talibanes de la ideología de género demuestran su poderío incontestable de la gestión creadora de opinión pública.

Varios días pasaron hasta que algunos comentaristas de la radio señalaran el silencio deshonesto de los medios… Pero lo más triste de todo este proceso es que todos los gobernadores que han apoyado la ideología de género dicen ser católicos… Sigue pendiente una tremenda tarea: que los laicos católicos del país conozcan e implementen la Doctrina Social de la Iglesia. 

El autor

Fernando Felices

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