Cultura

El santuario de Ozernoye: un oasis de fe en la estepa de Kazajstán

El próximo septiembre, el Papa Francisco visitará Kazajstán. En ese país multiétnico, de mayoría musulmana, el templo de Ozernoye, santuario nacional de Santa María, Reina de la Paz, constituye una referencia del catolicismo.

Aurora Díaz Soloaga·30 de mayo de 2022·Tiempo de lectura: 5 minutos
Ozernoye Kazajstán
Foto: ©Католики Казахстана | Официальный сайт Католической Церкви

Hay pocos lugares tan aislados como este pequeño pueblo de Ozernoye, al norte de Kazajstán. Su ubicación, alejada de cualquier núcleo habitable, de carreteras y grandes ciudades, lo hizo perfecto destino de deportación. En 1936 llegaron hasta estas zonas, en oleadas sucesivas, cientos de deportados -se habla de 70.000- de origen polaco y ucraniano. Su único crimen contra el régimen soviético era, muchas veces, la fe. Esa misma fe que les hacía confiar en que en medio de esas tierras desiertas podrían recomenzar una vida mínimamente digna, con la ayuda de Dios.

Las vivencias y recuerdos de esos años están recogidas con historicidad o de manera novelada en grandes libros: La estepa infinita, Zuleijá abre los ojos…. Novelas cargadas de fuerza, que retratan las dificultades de hombres y mujeres muchas veces heroicos, que desafiaron a la naturaleza en sus formas más extremas, para reconstruir una vida que había sido destinada por las autoridades soviéticas a desaparecer.

Esos deportados (se calculan por cientos de miles tanto en Asia Central como en Siberia) edificaron pueblos, abrieron minas, dominaron el clima, o mejor, llegaron a un acuerdo tácito con las extremas condiciones climáticas, de manera que al menos la supervivencia de algunos se podía garantizar: un núcleo de fe, un oasis en una tierra inhóspita en medio de la estepa.

Ozernoye Kazajstán

Bajo la protección de la Virgen

Esa fe fue la que les hizo dirigirse con fuerza a nuestra Señora, pidiendo por la supervivencia de sus familias. El frío y las condiciones extremas de los primeros años se llevaron en los primeros años a decenas de deportados: los inviernos en esa zona casi siberiana pueden hacer bajar el termómetro hasta los -40º, con vientos helados que aseveran la sensación térmica. Por eso la llegada de la primavera siempre significaba un nuevo renacer, el comprobar asombrados que, una vez más, podrían seguir viviendo.

Pero el hambre seguía siendo una amenaza real que acababa con muchas vidas. La aparición de un lago estacional (formado por el deshielo) plagado de peces en marzo de 1941, en torno a la fiesta de la Anunciación, fue considerado por los católicos de la zona como una respuesta de la Virgen a sus insistentes oraciones.

Los manantiales de nieve deshecha se obstruyeron repentinamente, y de manera milagrosa en las cercanías del pueblo se formó un lago, de 5 km de ancho y 7 metros de profundidad. Los peces que también de manera milagrosa aparecieron en ese lago salvaron muchas vidas.

Desde entonces el enclave siempre ha recordado esta especial protección de la Virgen. En torno al lago, cuando este se deja ver (al ser estacional, hay décadas enteras en las que las condiciones climáticas no permiten que se forme), se erigió un pequeño poblado, y con los años, una iglesia, teniendo en cuenta la relajación de las restricciones que mejoraron algo las condiciones de vida de los deportados en aquella zona.

La construcción inicial era muy sencilla, pero ya constituía el núcleo de lo que con el tiempo llegaría a ser una referencia del catolicismo en este país multiétnico de mayoría musulmana.

Con la formación del moderno Kazajstán, después de su independencia en 1991, este pequeño asentamiento en el distrito de Burabay, de la región de Akmola en el norte de Kazajstán, fue creciendo.

Se construyó un templo de dimensiones mucho mayores a partir de 1990, con el permiso de las autoridades. Se erigió una estatua de la Virgen en 1997, en lo alto de una estaca de unos 5 metros, que en ocasiones resulta en el centro del lago, en función de su formación estacional. En un gesto materno, la Virgen de esa estatua entrega peces a los fieles que se acercaron a ella en su petición en momentos de hambre.

Ozernoye Kazajstán

La actual parroquia y el templo de Nuestra Señora, Reina de la Paz, constituye hoy en día un centro de peregrinación que contiene varios lugares llenos de significación para los fieles de este y los países vecinos.

El 11 de julio de 2011 el templo de Ozernoye fue declarada oficialmente santuario nacional de Santa María, Reina de la Paz, patrona de Kazajstán.

En años sucesivos los obispos del lugar han consagrado las inmensas y vastas regiones de esta zona del planeta a Nuestra Señora precisamente aquí: en 2020 Kazajstán se consagró en este lugar a la Virgen.

Recientemente, el 1 de mayo de 2022, los obispos de la nueva Conferencia Episcopal de Asia Central (que incluye ocho países: Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Mongolia, Afganistán y Azerbaiyán), consagraron a nuestra señora la totalidad no solo de esos países, sino de sus gentes, esperanzas y retos.

El Altar de la paz

Hay otros lugares de enorme significación en este lugar. En una zona del templo se instaló hace años el segundo “Altar de la paz”.

Una enorme custodia, repleta de simbolismo, en la que permanentemente adoran la Sagrada Eucaristía tanto los fieles del lugar, como las carmelitas descalzas de un cercano convento y los monjes benedictinos de Suiza que también habitan aquí.

Este altar, el segundo de los doce (en recuerdo de las doce estrellas de la corona de la mujer del Apocalipsis, imagen de la madre de Dios) que se planean instalar a lo largo y ancho del planeta, tiene como especial intención ofrecer a Dios una oración ininterrumpida por la paz.

Ozernoye Kazajstán

El primer altar tiene su sede en Belén, tras trasladarse después de un breve periodo en Jerusalén. Los artistas que construyeron este otro altar de Ozernoye, el “altar de Kazajstán” incluyeron motivos étnicos kazajos.

El altar ofrece una catequesis estética, y tiene en su interior reliquias de San Juan Pablo II y Santa Faustina Kowalska, además de fragmentos del Antiguo Testamento, que para este país, amalgama de etnias y religiones, pretende crear puentes, rescatando y haciendo más cercano el origen de otras religiones monoteístas. 

La capilla que contiene el altar tiene en su plano enfrentado una gran cristalera que abre la vista a la infinita y desierta estepa. Con este simbolismo también se pretende encauzar las oraciones que se alzan en este lugar por la paz en todo el mundo (de alguna manera, la advocación de nuestra Señora en este lugar se confunde providencialmente, pues la misma palabra utilizada en ruso, “mir”, se utiliza para designar paz y también mundo). 

Un último lugar rescata quizá la memoria más triste de estas estepas. A 12 km de Ozernoye, en la zona de Ahimbetau se alza una enorme cruz, alzada en 1998, como símbolo y memoria de las decenas de miles de víctimas de la represión llevada a cabo en Kazajstán durante los años de dominación soviética.

El título que familiarmente le dan los habitantes de la zona es el “Gólgota de Kazajstán”, y su simbolismo está cargado de fuerza: considerado el centro geográfico de Eurasia, a medio camino exacto entre Fátima e Hiroshima, la traducción literal del nombre de la zona en kazajo lo indica como “la montaña del consuelo”. Y realmente consuelan las letras escritas al pie de esa cruz en cuatro idiomas:

“A Dios-toda la Gloria

A los pueblos -la paz

A los mártires- el reino de los cielos

Al pueblo de Kazajstán: agradecimiento

A Kazajstán: prosperidad “

Con todos estos motivos, resulta evidente que cada año aumente el número de peregrinos que visita Ozernoye: se llevan a cabo encuentros internacionales de jóvenes católicos, se acercan peregrinos de los países cercanos, e incluso el gobierno de Kazajstán ha incluido la ruta entre los destinos recomendados en el mapa de la “Geografía sagrada de Kazajstán” proyecto que recoge los lugares de simbolismo religioso y espiritual del país.

El autorAurora Díaz Soloaga
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