Vaticano

«La verdadera riqueza es compartir», comenta el Papa Francisco en una audiencia con empresarios

El lunes 12 de septiembre el Papa Francisco se reunió con un grupo de empresarios de la confederación italiana de industria. En el encuentro glosó algunas ideas sobre los deberes sociales de un buen empresario.

Giovanni Tridente·15 de septiembre de 2022·Tiempo de lectura: 3 minutos
Papa empresarios
Foto: el Papa saluda a los miembros de la Confederación General de la Industria Italiana. ©CNS/Yara Nardi, Reuters

Traducción del artículo al italiano

Un pequeño compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, centrado específicamente en la comprensión de la riqueza “justa“, fue entregado por el Papa Francisco el lunes a los más de 5.000 empresarios italianos recibidos en audiencia en el Aula Pablo VI.

Estaban allí representando a más de 5 millones de empleados de pequeñas, medianas y grandes empresas manufactureras y de servicios de la península, que son miembros de la asociación Confindustria, la Confederación General de la Industria Italiana.

El discurso del Pontífice superó evidentemente el ámbito italiano, de hecho puede decirse que el valor de las consideraciones que hizo implican a toda la sociedad humana, especialmente en este periodo de gran incertidumbre y crisis. Y no es casualidad que el propio organismo confederal italiano tenga oficinas de representación en varios países ribereños del Mediterráneo, desde Europa del este hasta Rusia.

En su discurso, el Papa Francisco quiso caracterizar la figura del «buen empresario», frente a los “mercenarios“. El buen empresario se asemeja al “buen pastor“ -explicó Francisco- porque se hace cargo de los sufrimientos de los trabajadores y siente sus incertidumbres y riesgos. Una verdadera prueba es el tiempo en el que la situación es fácil después de la pandemia y con la guerra en curso en Ucrania.

Los denarios de Judas y los del Buen Samaritano

Mencionando algunos episodios bíblicos y evangélicos, el Papa ofreció un paralelismo entre “el dinero de Judas“ y el dinero que el samaritano adelanta al posadero para que atienda al hombre robado y herido que encontró en el camino, mostrando cómo “la economía crece y se hace humana cuando el dinero del samaritano es más numeroso que el de Judas“, es decir, cuando el altruismo supera el interés personal y egoísta.

No en vano, el dinero “puede servir, ayer como hoy, para traicionar y vender a un amigo o para salvar a una víctima“.

Compartir

El Papa quiso entonces aclarar cuál es la clave correcta para que un seguidor de Cristo que sea empresario “entre en el reino de los cielos“, frente a las palabras de Jesús que en el Evangelio de Mateo (19,23-24) considera una misión casi imposible para esta categoría aspirar (ver camello y ojo de la aguja).

La palabra clave es compartir. Asumir esta capacidad de extender la propia riqueza en beneficio de los demás permite al empresario rehuir la tentación idolátrica y le abre a la responsabilidad de hacer fructificar su riqueza y no disiparla. Así que no es imposible entrar en el Reino de los Cielos, difícil sí, pero no imposible, concluye el Papa.

¿Cómo se vive el compartir? Hay muchas formas “y cada empresario puede encontrar la suya“ con creatividad y según su propia personalidad. El Pontífice señala algunas de ellas:

  • Filantropía: “dar a la comunidad, de diversas maneras“.
  • El pago de impuestos: “una forma elevada de compartir los bienes, son el corazón del pacto social“. Obviamente, deben ser justos y equitativos, garantizando unos servicios eficaces y no corruptos.
  • Creación de empleo: como no podía ser de otra manera para un empresario, esto significa también dar oportunidades a los jóvenes.
  • Favorecer la natalidad: apoyando a las familias y permitiendo que las mujeres no sean discriminadas cuando esperan un hijo, pagando a menudo con el despido.
  • Promover la integración de la población inmigrante a través de un empleo honesto, que a la vez que acoja, apoye e integre.
  • Reducir la brecha entre los salarios de los directivos y los trabajadores: “si la brecha entre los más altos y los más bajos se hace demasiado grande, la comunidad empresarial se enferma, y pronto la sociedad se enferma“.

El olor del trabajo

Otro valioso consejo entregado por el Papa Francisco es que el propio empresario se considere y viva como un “trabajador“. “El buen empresario conoce a los trabajadores porque conoce el trabajo“, percibe ese olor que le hace estar en contacto con la vida de su empresa, y además, a través de ese contacto y esa cercanía imita “el estilo de Dios: estar cerca“.

Al fin y al cabo, el valor que crea una empresa no depende sólo de la creatividad y el talento del empresario, sino “también de la cooperación de todos“, por lo que, concluye el Pontífice, éste debe contar con la creatividad, el corazón y el alma de sus trabajadores, su “capital espiritual“.

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