Vaticano

El Papa recuerda que debemos ejercer la creatividad de manera responsable

El Papa Francisco ha tenido una audiencia esta mañana con los miembros de la Pontificia Academia para la Vida en el Palacio Apostólico Vaticano.

Loreto Rios·12 de febrero de 2024·Tiempo de lectura: 3 minutos
Inteligencia artificial.

La audiencia con el Papa se ha celebrado en el marco de la asamblea general de la Academia, que se celebra en Roma del 12 al 14 de febrero en el Centro de Conferencias Augustinianum con el tema “Humano. Significados y desafíos”.

Al inicio del discurso dirigido a los miembros de la Pontificia Academia para la Vida, el Papa ha agradecido el “compromiso en el campo de la investigación, la salud y el cuidado de las ciencias de la vida; un compromiso que la Pontificia Academia para la Vida lleva a cabo desde hace treinta años”.

Ser humano

A continuación, Francisco ha hecho referencia a la asamblea general que la Academia comienza hoy en Roma: “La cuestión que abordáis en esta asamblea general es de la mayor importancia: la de cómo podemos comprender lo que califica al ser humano. Se trata de una cuestión antigua y siempre nueva, que los asombrosos recursos posibles gracias a las nuevas tecnologías están presentando de forma aún más compleja”.

En esta línea, el Santo Padre ha señalado que “la aportación de los estudiosos siempre nos ha dicho que no es posible estar a priori ‘a favor’ o ‘en contra’ de las máquinas y las tecnologías, porque esta alternativa, referida a la experiencia humana, no tiene sentido. Y aún hoy resulta inverosímil recurrir únicamente a la distinción entre procesos naturales y artificiales, considerando los primeros como auténticamente humanos y los segundos como ajenos o incluso contrarios a lo humano. De lo que se trata, más bien, es de inscribir el conocimiento científico y tecnológico en un horizonte de sentido más amplio, evitando así la hegemonía tecnocrática (cf. Lett. enc. Laudato si’, 108)”.

La Torre de Babel

Además, el Papa ha subrayado que no se puede “reproducir al ser humano con los medios y la lógica de la tecnología. Tal planteamiento implica la reducción del ser humano a un agregado de actuaciones reproducibles a partir de un lenguaje digital, que pretende expresar todo tipo de información mediante códigos numéricos. La estrecha consonancia con el relato bíblico de la Torre de Babel muestra que el deseo de darse una lengua única está inscrito en la historia humana; y la intervención de Dios, que con demasiada precipitación se entiende solo como un castigo destructivo, contiene en cambio una bendición propositiva. De hecho, manifiesta el intento de corregir la deriva hacia un ‘pensamiento único’ a través de la multiplicidad de lenguajes. Los seres humanos se ven así confrontados con la limitación y la vulnerabilidad y llamados a respetar la alteridad y el cuidado recíproco”.

La tentación de creerse Dios

Francisco también ha señalado que “las crecientes capacidades de la ciencia y la tecnología llevan al ser humano a sentirse protagonista de un acto creador semejante al divino, que produce la imagen y semejanza de la vida humana, incluida la capacidad de lenguaje, con la que parecen estar dotadas las ‘máquinas parlantes’. ¿Estaría entonces en manos del hombre infundir espíritu a la materia inanimada? La tentación es insidiosa. Se nos pide, pues, que discernamos cómo ejercer responsablemente la creatividad que el hombre se ha confiado a sí mismo”.

Investigación exigente

El Papa ha indicado dos formas en que la Pontifica Academia para la Vida aborda este problema: el intercambio interdisciplinar y la sinodalidad. “Es un estilo de investigación exigente, porque implica atención y libertad de espíritu, apertura a aventurarse por caminos inexplorados y desconocidos, liberándose de todo ‘indietrismo’ estéril. Para quienes están comprometidos con una renovación seria y evangélica del pensamiento, es indispensable cuestionar incluso las opiniones adquiridas y los supuestos que no han sido examinados críticamente”.

“En esta línea, el cristianismo siempre ha ofrecido importantes contribuciones”, añade Francisco, “tomando de cada cultura en la que se ha insertado las tradiciones de sentido que allí encontraba inscritas: reinterpretándolas a la luz de la relación con el Señor, que se revela en el Evangelio, y sirviéndose de los recursos lingüísticos y conceptuales presentes en los contextos individuales”. “Se trata de un largo camino de elaboración, siempre a retomar, que exige un pensamiento capaz de abarcar varias generaciones: como el de quien planta árboles, cuyos frutos comerán sus hijos, o como el de quien construye catedrales, que completarán sus nietos”, concluye su reflexión el Papa.

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