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Reprochan al camino sinodal en Alemania «abusar de los abusos»

Ha terminado en Alemania la segunda asamblea plenaria del “Camino Sinodal”. El cardenal Cordes ha mostrado su discrepancia, el obispo de Regensburg ha ofrecido textos alternativos, y algunos teólogos y grupos de laicos piensan que la lucha contra los abusos sexuales está sirviendo para intentar remodelar la Iglesia católica.

José M. García Pelegrín·4 de octubre de 2021·Tiempo de lectura: 6 minutos
sínodo aleman
Foto: CNS photo/Julia Steinbrecht, KNA

Los días 29 de septiembre al 2 de octubre se ha celebrado en Frankfurt la segunda Asamblea plenaria del Camino Sinodal en Alemania. “Un tema central sigue siendo el tratamiento de los abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia católica”, se dice en el comunicado final. Se votó sobre doce textos presentados por los “foros”; la decisión de “recomendar los doce textos para seguir trabajando en ellos, gozó del asentimiento de entre 76 y 92 por ciento”, dice la presidencia. Sobre los últimos proyectos no se pudo votar porque el sábado por la tarde —después de que un buen número de participantes se hubiera ido de fin de semana— no había el necesario quórum de dos tercios (154 participantes).

Según el presidente del camino sinodal, Thomas Sternberg, que también lo es del Comité Central de los Católicos Alemanes, “ejercemos la sinodalidad que el Papa denomina como constitutiva para la Iglesia”. Para el presidente de la Conferencia Episcopal alemana, Georg Bätzing, “se han debatido textos que no solo son textos, sino sueños de cómo queremos modificar la Iglesia en Alemania: una Iglesia participativa, con justicia de género y en camino hacia las personas. Se han mejorado esos textos presentados por los foros, que ahora tienen el encargo de perfeccionarlos para que puedan ser aprobados en la próxima Asamblea”. Y Mons. Franz-Josef Bode, vicepresidente del camino sinodal, subraya que se han tomado “decisiones fundamentales, que se deben llevar al Camino Sinodal universal; por eso confío en mantener pronto un diálogo real con las instituciones sinodales en Roma, y también con el Papa”.

A pesar de la supuesta unanimidad a la que hace referencia la presidencia, en los últimos días se han oído bastante voces en desacuerdo por el modo en que se está desarrollando. No solo el prefecto emérito del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, cardenal Walter Kasper —como señalábamos al término de la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal alemana, a finales de septiembre— se ha manifestado con gran escepticismo en relación con el camino sinodal. Pocos días antes de iniciarse la Asamblea, Mons. Rudolf Voderholzer, obispo de Regensburg (Ratisbona), abría una página web con textos alternativos al camino sinodal; entre otros, una propuesta alternativa de 45 páginas elaborada por Mons. Florian Wörner, obispo auxiliar de Augsburgo, Wolfgang Picken, sacerdote decano de Bonn, Marianne Schlosser, profesora de teología de Viena y la periodista Alina Oehler. En una homilía, Mons. Voderholzer criticaba que “se yuxtapongan a las Sagradas Escrituras otras fuentes, como un estudio sobre los abusos, que se dogmatiza sin crítica alguna”. Respecto a este tema, se refirió a que desde hace años se está trabajando con seriedad y éxito en pro de la prevención de tales abusos: “El hecho de que partes interesadas sigan pretendiendo que hasta ahora no se ha hecho nada, que se culpe sistemáticamente de ello a las particularidades de la Iglesia católica, alimenta mi sospecha de que los abusos sexuales están siendo instrumentalizados para intentar remodelar la Iglesia católica siguiendo el modelo de las iglesias protestantes, en las que ‘sínodo’ tiene un significado distinto al que tiene en la Iglesia católica: una especie de parlamento eclesiástico”.

A las críticas por el camino sinodal se ha sumado también otro cardenal alemán de la Curia, Paul Josef Cordes, prefecto emérito del Pontificio Consejo Cor Unum. Para él, en el camino sinodal “se difumina el rango de la dimensión de la fe”, pues las verdades de la fe se someten a las votaciones de la Asamblea del camino sinodal, “omitiendo una referencia a las decisiones del magisterio supremo de la Iglesia”.

A un problema estructural del camino sinodal se refería la periodista Regina Einig: “El camino sinodal sacrifica la ponderación al principio de la mayoría, evitando preguntarse qué hace que un argumento sea sólido; está programada así la victoria del relativismo, pues lo abiertamente herético y lo constructivo se presentan uno al lado del otro, sin ponderar. La implacable aplicación del principio de la mayoría hace que la minoría orientada a las enseñanzas de la Iglesia se sienta habitualmente excluida. Los opositores a la iniciativa de Ratisbona esperan una retractación pública de las críticas y promueven así la imagen de una espiral de silencio. ¿Para qué quieren poner freno a las voces que les son incómodas, si lo que se pretende es un debate sin tabúes?”.

Pero las críticas no se han limitado a cuestiones procedimentales; por ejemplo Josef Kreiml, profesor de Dogmática y encargado del obispo de Ratisbona para el camino sinodal, comentaba el texto presentado en el Foro III (“Las mujeres en los ministerios y cargos de la Iglesia”) titulado “Intercambio de argumentación teológica en contextos eclesiales mundiales”. Según Kreiml, dicho texto “emplea una hermenéutica cuestionable para afirmar que el Papa Francisco ha abandonado el dualismo esencialista de los sexos”, afirmación para la cual “la supuesta prueba consiste en una interpretación de una breve cita del Papa, contraria a su sentido”.

Respecto a la afirmación en dicho texto de que “el proceso de la creciente distanciación entre la vida social y la eclesiástica que está teniendo lugar en los países occidentales está decisivamente relacionado con la cuestión de la posición y la voz de las mujeres en la Iglesia”, responde el especialista en Dogmática: “Si este razonamiento (casi) monocausal fuera correcto, dicha ‘distanciación’ no debería darse en las regiones de Europa donde predomina el protestantismo, pues —como es sabido— en el protestantismo todos los cargos eclesiásticos están abiertos a las mujeres. Sobre la crisis de fe, el secularismo, etc., el texto no dice ni una sola palabra”. A los “autores y autoras” de dicho texto parece no gustarles —continúa diciendo Kreiml— que el Papa hable de una “ideología de género”; por eso lamentan que “en documentos recientes importantes para la Iglesia universal se hace claramente referencia a la tradicional antropología de género: la polaridad del sexo femenino y masculino”.

Kreiml también critica el “predominio de la categoría de ‘poder’ en todo el camino sinodal, también presente en este texto”. En dicho texto se dice: “Hombres y mujeres han descubierto su poder en la experiencia del Espíritu de Dios, su potencias individuales y carismas que Dios les ha dado”. Instan a los obispos alemanes a que “exijan de forma fehaciente” que “determinados aspectos aquí tratados” (también la participación de las mujeres en las tres formas de ministerio sacramental) se lleven “como temas de consulta” al proceso sinodal universal. Al respecto, el profesor de Dogmática comenta: “En este contexto los autores y autoras del texto parecen estar convencidos de que las decisiones del Papa Juan Pablo II sobre la ordenación de mujeres no tienen mayor rango que el de un voto interno para debatir. Cuando el texto habla de un ‘debate constructivo’ de las anteriores decisiones del Magisterio el objetivo es claro: una revocación de las decisiones cuestionadas del Magisterio”.

Más expeditiva aún es la crítica de Dorothea Schmidt, que participa en el camino sinodal en representación de la iniciativa Maria 1.0: “Ahora no solo se trata de anular la doctrina sexual de la Iglesia y dejar de lado el orden de la creación de Dios, sino también de abolir el sacerdocio, instalar un sacramento LGBT e introducir un sistema de consejos. Ya solo queda que escribamos nuestra propia Biblia. Aquí se aprecian los deseos de personas en contra de la esencia de la Iglesia católica, que quieren crear algo que se llama iglesia, pero que ya no lo es, y que encima se congratulan de ello. ¿Por qué no vamos a las últimas consecuencias y creamos en Alemania un consejo que pueda aprobar un voto de censura contra Dios y deponerlo?”. Se refiere —entre otras cosas— a la decisión (con mayoría por un voto) de que “se estudie si la Iglesia católica todavía necesita el sacerdocio”, si bien Mons. Bätzing aseguró en la rueda de prensa posterior que “no puede haber una Iglesia católica sin sacerdocio”.

Un “Grupo de Trabajo sobre Antropología Cristiana” ha publicado un Manifiesto en el que critica el camino sinodal. En el preámbulo de dicho Manifiesto se dice: “Como cristianos católicos, reconocemos la necesidad de reformas fundamentales en la Iglesia. Sin embargo, nunca ha habido una renovación real y profunda sin la conversión y un redescubrimiento del Evangelio que cambie la vida. En su fijación en la estructura externa, deja de lado el núcleo de la crisis, abandona el camino de la unidad con la Iglesia universal, daña a la Iglesia en la sustancia de su fe y se aboca al cisma”. En el Manifiesto plantean nueve tesis, por ejemplo la “legitimidad” del camino sinodal, y critican que “las exigencias de este organismo, que no está legitimado ni por la misión ni por la representación […] atestiguan una desconfianza fundamental hacia la Iglesia constituida sacramentalmente y por la autoridad apostólica”. En particular, los iniciadores del texto se oponen a que se haga “un abuso con los abusos”.

Como puede apreciarse, la pretendida unanimidad de la que se jacta la presidencia del camino sinodal no es tal: hay un considerable número de voces disonantes y la polémica continuará en los foros que se reunirán próximamente.

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