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Primer paso del Líbano hacia la estabilidad

Alentado por el Papa Francisco y el cardenal Béchara Boutros Raï, patriarca de Antioquía de los Maronitas, y urgido por la comunidad internacional, el país de los cedros ha anunciado la formación de nuevo gobierno, tras el brutal atentado de agosto de 2020 y trece meses de negociaciones.

Rafael Miner·12 de septiembre de 2021·Tiempo de lectura: 5 minutos
líbano beirut
Foto: Aniversario de la explosión en Beirut. CNS photo/Emilie Madi, Reuters

Líbano llevaba más de un año sin gobierno, después de la dimisión del gabinete en agosto del año pasado, una semana más tarde de la tremenda explosión del puerto de Beirut, que dejó casi 200 muertos, más de 6.000 heridos, y en torno a 300.000 afectados.

El nuevo gobierno estará dirigido por el primer ministro Najib Mikati, dirigente musulmán suní, considerado el hombre más rico del país, y tendrá 24 miembros, según el decreto firmado por Najib Mikati con el presidente cristiano maronita Michel Aoun, en presencia del presidente del parlamento, Nabih Berri.

El nuevo equipo incluye personalidades que gozan de buena reputación, como Firas Abiad, director del hospital gubernamental Rafic-Hariri, que lidera la lucha contra el Covid-19 y llevará Sanidad; o Yusef Khalil, próximo titular de Finanzas. Según las primeras informaciones, el gabinete sólo incluye una mujer, Najla Riachi, ex embajadora del Líbano ante la ONU. Se espera que el gobierno, con 22 carteras, más el primer ministro y el vicepresidente, celebre su primera reunión este mismo lunes.

De los 22 ministros del gabinete, once son musulmanes y once cristianos, de diversas denominaciones. En la actualidad, los cristianos maronitas suponen en torno a un 40 por ciento de la población, mientras que el 60 por ciento son musulmanes, entre chiítas (27 %), sunitas (24 %) y drusos (5% ).

“Si bien es cierto que el sistema político libanés puede facilitar un uso partidista y confesional de los cargos, en realidad el que falla no es tanto el sistema, como el uso que se hace de él. […]. Por el contrario, pretender, en un país como el Líbano, dejar de lado la religión a la hora de estructurar las instituciones no deja de tener un punto de utopía, ya que en esta parte del mundo la religión forma parte de la identidad personal y (en muchos casos) social”, ha explicado Ferrán Canet, corresponsal de Omnes en Líbano.

Grave coyuntura económica

Líbano tiene en la actualidad en torno a 4,5 millones de habitantes, y acoge a más de un millón de refugiados sirios, y más de medio millón de palestinos. Podría decirse que está al límite. La grave crisis económica del país desde el verano de 2019, se ha ido agravando cada vez más, hasta el punto de que el Banco Mundial la ha calificado como una de las peores del mundo desde 1850. Casi el 80 por ciento de la población libanesa vive ahora bajo el umbral de la pobreza, según la ONU.

“Si en cualquier país del mundo los problemas causados por la pandemia del coronavirus han dejado la sensación de esta viviendo un momento especial, en el Líbano el confinamiento y los demás problemas derivados de la pandemia han ocupado en realidad un segundo puesto, por detrás de una crisis económica que ha hecho que muchos libaneses pierdan la mitad del poder adquisitivo, y que los precios de los productos se hayan triplicado en muchos casos”, escribió en octubre de 2020 Ferran Canet desde el Líbano. Y en estos meses, la situación se ha agravado enormemente, con una grave crisis financiera, inflación, y fuerte inestabilidad laboral.

El panorama es ahora de una “caída libre de la moneda local, restricciones bancarias sin precedentes, escasez de combustible y medicinas… El país lleva varios meses sumido en la oscuridad, con cortes de luz de hasta 22 horas diarias. Los generadores que hay en los barrios y que suelen tomar el relevo, también racionan la energía para los hogares, las empresas y las instituciones por falta de suficiente gasolina. El precio de este producto ha aumentado y el petróleo es cada vez más escaso en un país con pocas divisas y en pleno levantamiento de las subvenciones a varios productos básicos”, describe AFP.

El patriarca Raï

Hay que hacer todo lo posible para crear un nuevo gobierno libanés antes del 4 de agosto, cuando se cumple el primer aniversario de la terrible explosión que hace un año devastó el puerto de Beirut. Ese fue el último llamamiento urgente del cardenal Béchara Boutros Raï, patriarca de Antioquía de los Maronitas, a los políticos libaneses para que no dejaran pasar esa fecha simbólica sin dotar al país de un nuevo ejecutivo.

Según la agencia Fides, el llamamiento se produjo durante la homilía de la celebración eucarística que presidió el patriarca el domingo 25 de julio en Diman, en la iglesia de la residencia patriarcal de verano, justo en vísperas de la nueva ronda de consultas entre las fuerzas políticas nacionales y el presidente libanés Michel Aoun, que iba a comenzar el 26 de julio. Si los políticos no habían conseguido reconstruir en un año la dinámica y las responsabilidades de la catástrofe del puerto, deberían al menos sentirse en el deber de dar al pueblo libanés un nuevo gobierno, señaló el cardenal Raï.


El llamamiento del patriarca católico, persona de gran autoridad moral en el Lïbano y en todo Oriente Medio, se producía pocas semanas después de que el Papa Francisco reuniera a primeros de julio, en Roma, a patriarcas cristianos, ortodoxos y protestantes, en una jornada de oración y reflexión, en la que el Santo Padre apeló a la vocación del Líbano como “tierra de tolerancia y pluralismo”.

Francisco: “Soluciones urgentes y estables”

“En estos tiempos de desgracia queremos afirmar con todas nuestras fuerzas que Líbano es, y debe seguir siendo, un plan de paz”, señaló el Romano Pontífice en el Vaticano. “Su vocación es ser una tierra de tolerancia y pluralismo, un oasis de fraternidad donde diferentes religiones y confesiones se encuentran, donde conviven diversas comunidades anteponiendo el bien común a las ventajas particulares”.

A continuación, en una oración ecuménica en la Basílica de San Pedro, el Papa realizó un solemne llamamiento a los ciudadanos libaneses, a los dirigentes políticos, a los libaneses en la diáspora, a la comunidad internacional, y fue dirigiéndose a cada colectivo en particular:

“A vosotros, ciudadanos: no os desmoralicéis, no perdáis el ánimo, encontrad en las raíces de vuestra historia la esperanza de florecer nuevamente”

“A vosotros, dirigentes políticos: para que, de acuerdo con vuestras responsabilidades, encontréis soluciones urgentes y estables a la actual crisis económica, social y política, recordando que no hay paz sin justicia”.

“A vosotros, queridos libaneses de la diáspora: para que pongáis al servicio de vuestra patria las mejores energías y recursos de que disponéis”.

“A vosotros, miembros de la comunidad internacional: con vuestro esfuerzo común, que se den las condiciones para que el país no se hunda, sino que emprenda un camino de recuperación. Esto será un bien para todos”.

Tras su viaje a Irak a primeros de año, el Papa Francisco ha manifestado estos meses que desea viajar a Líbano, pero que esperaría a que se forme gobierno. En un Memorándum sobre el Líbano y la neutralidad activa de agosto del año pasado,cuyas líneas principales adelantó Omnes, el cardenal patriarca Raï formuló una propuesta para la estabilidad del país. El patriarca está convencido de que precisamente la neutralidad garantiza el mantenimiento de la identidad del Líbano, para el que defiende una política de “no alineamiento”. Ahora, lo lógico es que la formación del nuevo gobierno permita a la comunidad internacional proporcionar ayuda humanitaria de emergencia.

En la jornada de julio, el Papa alentó a pedir la paz sin cansancio. “Pidámosla con insistencia para Medio Oriente y para Líbano. Este querido país, tesoro de civilización y espiritualidad, que a lo largo de los siglos ha irradiado sabiduría y cultura, que es testigo de una experiencia única de convivencia pacífica, no puede quedar a merced del destino o de quienes persiguen sin escrúpulos sus propios intereses”.

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