Mundo

El mensaje de la Virgen, cien años después

Ricardo Cardoso·11 de mayo de 2017·Tiempo de lectura: 2 minutos
Lugar donde se apareció el ángel de los pastorcitos.

Estamos acostumbrados a una sociedad llena de mensajes, incapaz de lo perenne y absorbida en miles de actividades. Confrontar esta sociedad nuestra con un mensaje de hace 100 años, y con una intensidad y profundidad que nos transciende es, a priori, una tarea non grata y con un contenido destinado a los archivos históricos. Lo normal es quedamos con nuestros prejuicios y nuestras miradas de visión humana.

El mensaje de Fátima no solo necesita de una actitud creyente, sino que exige una capacidad de lectura de los acontecimientos de la historia presente y del mundo de los hombres. 

En el siglo XXI

Es verdad que las primeras décadas del siglo XX invitaban a la necesidad de una intervención divina a favor de los hombres. Pero mirando estas dos primeras décadas del siglo XXI, no podemos presumir de que se haya producido un cambio regenerador radical en la salvaguarda del hombre. La verdad es que, con más consciencia y con mucha más violencia, se están cometiendo los más grandes atentados a la dignidad humana y a su protección ética. 

En la actualidad se están proyectando los mayores errores geo-estratégicos en el mundo de la política nacional e internacional; la defensa militar tiene hoy una fuerza destructiva como nunca antes tuvo; la persecución de los cristianos y la Iglesia es radicalmente agresiva; la vida cristiana se torna cada vez más un lugar de testimonio y martirio, y el mundo difunde su deseo de alcanzar la “muerte de Dios” con su ateísmo teórico y práctico.

Una invitación perenne

Llegados al año 2017, no me parece que estemos celebrando un centenario histórico, sino la radical perennidad del mensaje de Fátima. La Virgen nos lanza su mirada no sólo hace cien años sino hoy, y nos invita a estar con ella, a implorar la Paz para todo el mundo y a ofrecer, en un amor total, sacrificios por la conversión de todos aquellos que, distantes de Dios, experimentan el mundo de la muerte y del pecado. 

Hoy, la pregunta de la Virgen a los pastorcitos llega a nuestros corazones: “¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quisiera enviaros, en acto de desagravio por los pecados con que es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?”. 

Es cierto que en este mundo cambiante no es fácil seguir ofreciendo la vida en oración y sacrificio. Pero la verdad es que nada de esto es nuevo. En los albores de este primer centenario de las apariciones de la Virgen Santísima en Fátima, el Corazón de Jesús nos pide total generosidad en una vida de oración y sacrificio, una constante intimidad eucarística que nos haga sondear y acercarnos a la Trinidad, y una profunda confianza que traspase nuestros corazones con la certeza de que Su Inmaculado Corazón será nuestro refugio y el camino que nos conducirá hasta Dios… Y “por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará!”

El autor

Ricardo Cardoso

Vila Viçosa (Evora, Portugal)

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