Estados Unidos

Libre de elegir si migrar o quedarse

Del 18 al 24 de septiembre se conmemora en la Iglesia de Estados Unidos la Semana Nacional de la Migración, la cual culmina y se vincula con Día Mundial de los Migrantes y Refugiados.

Gonzalo Meza·18 de septiembre de 2023·Tiempo de lectura: 3 minutos
Migración

Un grupo de migrantes espera en la frontera entre México y Estados Unidos (OSV News photo / Jorge Duenes, Reuters)

Del 18 al 24 de septiembre se conmemora en la Iglesia en los EUA la Semana Nacional de la Migración (SMN), la cual culmina y se vincula con Día Mundial de los Migrantes y Refugiados a celebrarse el 24 de septiembre. El objetivo de la SMN es fomentar la reflexión sobre los desafíos que enfrentan los migrantes especialmente quienes lo hacen debido a conflictos o tensiones sociales y políticas.

La SMN también busca enfatizar las formas en que los migrantes enriquecen las comunidades donde llegan. Con este motivo, muchas diócesis del país tendrán Misas, jornadas de reflexión y oración relacionados con la migración.

Migración libre

El tema que guiará la SMN es el utilizado por el Papa Francisco para la Jornada Mundial del Migrante: “Libre de elegir si migrar o quedarse”. Si una persona decide emigrar, debe hacerlo libremente, por elección y no por necesidad, señala el Santo Padre: “Para que la migración sea una decisión realmente libre, es necesario esforzarse por garantizar a todos una participación equitativa en el bien común, el respeto de los derechos fundamentales y el acceso al desarrollo humano integral. Sólo así se podrá ofrecer a cada uno la posibilidad de vivir dignamente y realizarse personalmente y como familia” (Mensaje del Santo Padre para la 109 Jornada Mundial del Migrante y Refugiado).

En tal sentido, los obispos de México y Estados Unidos dicen en una carta pastoral: “todas las personas tienen derecho a encontrar en sus propios países las oportunidades económicas, políticas y sociales para vivir con dignidad y tener una vida plena” (Carta Pastoral “Juntos en el camino de la esperanza. Ya no somos extranjeros”. 2 de enero del 2003).

La situación en Estados Unidos

Idealmente, los flujos migratorios deberían ser una decisión y no una necesidad. Sin embargo, la realidad presenta un panorama diferente. Según la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU, hasta el 2020 había 281 millones de migrantes internacionales. De ese total, más de 100 millones emigraron no por voluntad sino forzadas a causa de guerras, hambres o conflictos políticos y sociales en sus países. Por razones históricas, geográficas y económicas, los Estados Unidos ha sido y es un país destino de miles migrantes, especialmente de México y América Central. El 13,6 por ciento de la población norteamericana ha nacido fuera del país y cada año se naturalizan millones de residentes.

Aunque la migración documentada es mucho mayor que la indocumentada ─en el 2019 se registraron 2 millones y medio de visitantes y personas que ingresaron con los permisos necesarios─, miles de personas buscan entrar sin papeles. Tan solo en el 2021, autoridades de la patrulla fronteriza norteamericana aprehendieron a 1.6 millones indocumentados. Cálculos conservadores estiman que en el país hay 12 millones de personas que viven a la sombra de la ley, sin documentos.

El sistema norteamericano migratorio actual, que data de 1986, se ha visto rebasado por el número sin precedente de migrantes que en los últimos años han tratan de ingresar a los EUA sin documentos, lo cual representa un riesgo mayor para la persona que lo intenta. Solamente en el 2022 murieron 853 personas que intentaban cruzar a los EUA nadando por el río Bravo, caminando durante horas (incluso con niños) por el desierto, sin agua y bajo temperaturas de más de 50 grados, o tratando de ir por lugares inhóspitos poco vigilados por las autoridades norteamericanas. 

Ante esta situación y con motivo de la Semana Nacional de la Migración, Mons. Mark J. Seitz, Obispo de El Paso, Texas y presidente del Comité de migración de la Conferencia Episcopal de los EUA señaló: “Como creyentes, nos vemos obligados a responder con caridad hacia aquellos que tuvieron que desarraigar sus vidas buscando refugio. Los esfuerzos por gestionar la migración, incluso cuando se basan en el bien común, requieren que abordemos las fuerzas que impulsan a las personas a migrar. Sólo mediante esfuerzos colectivos para aliviar estas situaciones y estableciendo las condiciones necesarias para el desarrollo humano integral, las personas podrán hacer valer su derecho a permanecer en su país de nacimiento”.

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