Vaticano

Papa Francisco: «Para comunicar en la verdad hay que purificar el corazón»

El Papa Francisco ha pronunciado un mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Comunicación Social, celebrada el mismo día que se recuerda a San Francisco de Sales, patrón de los periodistas.

Paloma López Campos·24 de enero de 2023·Tiempo de lectura: 4 minutos
El Papa con periodistas

El Papa con periodistas en el avión de camino a Canadá en julio de 2022 (CNS Photo / Paul Haring)

El Papa Francisco se ha dirigido a todos los comunicadores en la festividad de San Francisco de Sales, que coincide con la Jornada Mundial de la Comunicación Social. Bajo el lema Hablar con el corazón, “en la verdad y en el amor” (Ef 4,15), el Papa se ha dirigido a los comunicadores.

Partiendo de las reflexiones pronunciadas en años anteriores sobre los verbos “ir”, “ver” y “escuchar”, necesarios para una buena comunicación, Francisco ha centrado el mensaje en “hablar con el corazón”.

Una escucha que nace del corazón

El Papa ha dicho que el corazón es “el que nos ha movido a ir, ver y escuchar; y es el corazón el que nos mueve a una comunicación abierta y acogedora”. Después de la escucha, “podemos entrar en la dinámica del diálogo y el intercambio, que es precisamente la de comunicar cordialmente”.

Solo así, escuchando con un corazón puro, “lograremos hablar «en la verdad y en el amor» (cf. Ef 4,15). No debemos tener miedo a proclamar la verdad, aunque a veces sea incómoda, sino a hacerlo sin caridad, sin corazón”. Cuando la comunicación se realiza con este espíritu, “se hace posible el milagro del encuentro, que nos permite mirarnos los unos a los otros con compasión, acogiendo con respeto las fragilidades de cada uno, en lugar de juzgar de oídas y sembrar discordia y divisiones”.

¿Por qué es tan importante tener un corazón limpio? La respuesta del Papa es que “para poder comunicar «en la verdad y en el amor» es necesario purificar el corazón. Sólo escuchando y hablando con un corazón puro podemos ver más allá de las apariencias y superar los ruidos confusos que, también en el campo de la información, no nos ayudan a discernir en la complejidad del mundo en que vivimos”.

Comunicar cordialmente

Hablar con el corazón, “comunicar cordialmente, quiere decir que quien nos lee o nos escucha capta nuestra participación en las alegrías y los miedos, en las esperanzas y en los sufrimientos de las mujeres y los hombres de nuestro tiempo. Quien habla así quiere bien al otro, porque se preocupa por él y custodia su libertad sin violarla”.

En una sociedad llena de polarizaciones y contraposiciones, prosiguió el Papa, “el compromiso por una comunicación “con el corazón y con los brazos abiertos” no concierne exclusivamente a los profesionales de la información, sino que es responsabilidad de cada uno”. La comunicación cordial nos acerca a los otros, “el hablar amablemente abre una brecha incluso en los corazones más endurecidos”.

La comunicación de corazón a corazón

Como ejemplo de esta comunicación, el Papa puso de ejemplo a san Francisco de Sales, al que describió como “intelecto brillante, escritor fecundo, teólogo de gran profundidad”. Sobre él, dijo el Santo Padre que “su actitud apacible, su humanidad, su disposición a dialogar pacientemente con todos, especialmente con quien lo contradecía, lo convirtieron en un testigo extraordinario del amor misericordioso de Dios”.

A través de su vida, “el santo obispo de Ginebra nos recuerda que somos lo que comunicamos. Una lección que va contracorriente hoy, en un tiempo en el que, como experimentamos sobre todo en las redes sociales, la comunicación frecuentemente se instrumentaliza, para que el mundo nos vea como querríamos ser y no como somos”.

La comunicación en el proceso sinodal

Pensando en el proceso sinodal que atraviesa la Iglesia, el Papa dijo que “necesitamos urgentemente una comunicación que encienda los corazones, que sea bálsamo sobre las heridas e ilumine el camino de los hermanos y de las hermanas. Sueño una comunicación eclesial que sepa dejarse guiar por el Espíritu Santo, amable y, al mismo tiempo, profética; que sepa encontrar nuevas formas y modalidades para el maravilloso anuncio que está llamada a dar en el tercer milenio. Una comunicación que ponga en el centro la relación con Dios y con el prójimo, especialmente con el más necesitado, y que sepa encender el fuego de la fe en vez de preservar las cenizas de una identidad autorreferencial. Una comunicación cuyas bases sean la humildad en el escuchar y la parresia en el hablar; que no separe nunca la verdad de la caridad”.

Paz y comunicación

Refiriéndose a los conflictos que se desarrollan actualmente en el mundo, Francisco afirmó también que “hablar con el corazón es hoy muy necesario para promover una cultura de paz allí donde hay guerra; para abrir senderos que permitan el diálogo y la reconciliación allí donde el odio y la enemistad causan estragos. En el dramático contexto del conflicto global que estamos viviendo, es urgente afirmar una comunicación no hostil”.

Y es que, dijo el Papa, “uno se queda horrorizado al escuchar con qué facilidad se pronuncian palabras que claman por la destrucción de pueblos y territorios. Palabras que, desgraciadamente, se convierten a menudo en acciones bélicas de cruel violencia. He aquí por qué se ha de rechazar toda retórica belicista, así como cualquier forma de propaganda que manipule la verdad, desfigurándola por razones ideológicas. Se debe promover, en cambio, en todos los niveles, una comunicación que ayude a crear las condiciones para resolver las controversias entre los pueblos”.

El mensaje finalizó con el Santo Padre haciendo tres peticiones dirigiéndose a Cristo, Palabra de Dios viva: “Que el Señor Jesús, Palabra pura que surge del corazón del Padre, nos ayude a hacer nuestra comunicación libre, limpia y cordial; que el Señor Jesús, Palabra que se hizo carne, nos ayude a escuchar el latido de los corazones, para redescubrirnos hermanos y hermanas, y desarmar la hostilidad que nos divide; que el Señor Jesús, Palabra de verdad y de amor, nos ayude a decir la verdad en la caridad, para sentirnos custodios los unos de los otros”.

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