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Un actor francés converso del Islam

Entrevista a Mehdi-Emmanuel Djaadi, actor francés de 35 años. Nominado en 2016 al César para el actor más prometedor por su papel en “Je suis à vous tout de suite” de Baya Kasmi, tras su conversión desde el Islam, ahora quiere ser un puente entre las personas, entre su público y Dios.

Bernard García Larraín·4 de enero de 2022·Tiempo de lectura: 5 minutos
actor francés converso

Nos encontramos una noche fría de diciembre en el café “Le café qui parle», en el muy artístico barrio parisino de Montmartre, cerca de la Basílica del Sacre-Coeur. Mehdi-Emmanuel Djaadi, actor francés de 35 años, acaba de terminar su espectáculo en el teatro Galabru, situado a unos cuantos metros. El café está lleno y se respira un aire muy alegre. Casi todos los presentes estuvieron en el espectáculo. Son parte de las 150 personas que llenan este teatro los jueves y viernes para ver a Mehdi desde hace algunos meses. No por nada, a partir de enero, la representación se hará en un local más grande, en el Teatro del Petit Montparnasse.

El actor se pasea de mesa en mesa para charlar, bromear, compartir impresiones. Es como un novio sonriente que saluda a sus invitados durante la cena de bodas. Su interés va más allá de conocer a esas personas, él busca antes que nada que su obra sirva a que los asistentes comprendan su fe. Al cabo de un rato, el actor logra sentarse tranquilo conmigo para cenar y conversar. Su mujer, Anne, se une a nuestra conversación. Nuestra cena será constantemente interrumpida por su público que viene a preguntarle algo, despedirse, agradecerle.

Se respira un gran entusiasmo, su carisma facilita el contacto, la autenticidad de la relación: una pareja protestante le invita a testimoniar en su comunidad, una chica joven le propone unirse alguna vez a las visitas que organiza en la famosa prisión de La Santé (la única cárcel situada en París intra muros), un chico homosexual le plantea una inquietud existencial, el cantante Ekoué, que vive en este barrio, lo saluda. Mehdi-Emmanuel, nominado en 2016 al César para el actor más prometedor por su papel en “Je suis à vous tout de suite” de Baya Kasmi, quiere ser un puente entre las personas, entre su público y Dios. «Coming Out”, su espectáculo en el que relata, a través de un monólogo cómico de más de una hora, su conversión al catolicismo desde el islam, está dando de qué hablar. Le Figaro le dedicó una nota elogiosa en octubre con el título “La risa del converso” y, según el New York Times, la obra “rompe los estereotipos”. 

En tu espectáculo relatas tu asombroso camino hacia la fe, tu conversión al catolicismo desde el Islam. ¿Qué más nos puedes decir de tu historia personal? 

Nací en 1986 en Saint-Etienne (sud este de Francia) en un suburbio de inmigrantes de distintos orígenes dominado a partir de los años 2000 por la presencia de un islam estricto y comunitario. Desde niño practiqué la religión musulmana muy convencido y, al mismo tiempo con los amigos de mi barrio cometíamos alguno que otro delito. Hacerme pasar por otras personas para robar fue como descubrí mi habilidad para imitar a otras personas, mi vocación artística y teatral. Realicé mis estudios de teatro en Valence (Francia) en el 2007 y, luego, en 2010, ingresé a la Escuela superior de arte dramático en Lausana (Suiza). 

Mis padres son argelinos, mi padre es obrero y mi madre niñera. Ellos me inscribieron en una escuela cristiana a la que iba durante la semana. Los fines de semana asistía a la escuela coránica para estudiar el islam. A los 18 años, estando con amigos, entramos a un templo protestante por curiosidad. El pastor nos acogió de manera muy cálida y nos comunicó lo esencial: que Jesús nos ama. Y nos regaló una Biblia. Empecé a leerla en secreto, me interesó mucho y me hizo reflexionar. Los católicos están acostumbrados a que les hablen de la fraternidad, del amor de unos con nosotros. Para mí fue algo totalmente nuevo, un mensaje radical que no me dejó indiferente.

Tres años después de ese encuentro fui bautizado como protestante, y elegí el nombre Emmanuel. Nunca más supe de ese pastor que tuvo una influencia tan importante en mi vida. Durante un retiro que hice en 2011, en una abadía, tuve una experiencia muy profunda y personal con Cristo. Tomé consciencia de que tenía que entrar en la Iglesia Católica. Me emociono cuando recuerdo ese momento.

Se necesita valentía para dar el paso a la conversión al catolicismo de un hijo de inmigrantes argelinos ¿Cómo reaccionaron tus amigos y familiares a tu conversión? 

Perdí a muchos amigos y mis hermanos ya no me hablan.  La incomprensión y el rechazo han sido muy fuertes. Gracias a Dios, me he reconciliado con mis padres, aunque ellos se sienten heridos profundamente por el camino que he tomado. A pesar de todo eso, pienso que no hay que tener miedo; muchas veces las personas dejamos de actuar, paralizadas por el miedo. Tenemos que confiar más en la Providencia. 

En Francia, el tema de la identidad francesa, del islam y de la inmigración está al centro del debate público hace muchos años. En este contexto, ¿cuál es el objetivo de tu obra? 

Siendo hijo de inmigrantes argelinos, me siento completamente francés sin olvidar mis raíces en el otro lado del Mediterráneo. Amo a Francia. Mi abuelo argelino combatió por Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy el tema de la inmigración es efectivamente un tema político mayor, y en particular el islam. Frente a esta encrucijada, los católicos tenemos que ser mejores, más fervorosos, conocer mejor nuestra fe y las raíces cristianas de nuestro país. Aprendí a amar a Francia recorriéndola, viendo sus grandes monumentos, sus iglesias y monasterios que están en cada rincón de nuestro país.

Así veo mi obra como una ocasión de que gente muy diversa entre en contacto con la fe. Mi objetivo es generar esos encuentros, esas ocasiones de poder compartir lo que llevo dentro. En definitiva, trato de ser como un “puente” entre dos mundos muy distintos, el islam y el cristianismo, porque para mí el encuentro precede el diálogo. 

Además de “Coming Out”, ¿qué otros proyectos tienes en mente? 

Por un lado, estoy involucrado en la misión “Ismérie”, una iniciativa de laicos que busca acoger y acompañar a los conversos del islam dentro de la Iglesia. En el Islam no se tolera un cambio de religión, y los conversos son muchas veces vistos como traidores en sus ambientes. En Francia, aproximadamente 300 musulmanes se bautizan cada año (10% de los catecúmenos). El gobierno francés ha publicado una “carta de principios del islam” en la que se exigía no criminalizar la renuncia al islam, ni calificarlo como apostasía. Esta petición ha sido rechazada por tres federaciones musulmanas. Paralelamente, tenemos que mejorar la calidad de acogida en la Iglesia de las personas que vienen del islam. Muchas veces son vistas con desconfianza en la comunidad católica. No por nada en mi espectáculo me burlo, de manera simpática, de ciertos grupos católicos.  

Por otro lado, quiero seguir desarrollándome en el ambiente teatral donde el catolicismo no está de moda. Me gustaría que “Coming Out” sea reconocido también por su calidad técnica y artística, ojalá pudiesen asistir grandes directores de cine o productores. Los católicos tenemos el desafío de ser buenos profesionales en el ámbito artístico para llegar a un público más vasto, más allá de los ambientes católicos. Quiero seguir provocando encuentros con todo tipo de personas. 

El autorBernard García Larraín
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