Iniciativas

María del Carmen Serrano. Llamadas de lo divino y lo humano

Los confinamientos por la pandemia han acrecentado la soledad de tantas personas mayores y enfermos que no pueden salir de casa. Si no se les puede acompañar físicamente, ¿por qué no por teléfono?

Arsenio Fernández de Mesa·17 de mayo de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
María del Carmen Serrano

El confinamiento ha provocado que muchas personas que tienen dificultades físicas para salir de casa, sobre todo mayores y enfermos, se sientan profundamente solas. Ya no reciben las visitas de sus seres queridos o, en el mejor de los casos, con todo tipo de distancias y prevenciones. Si les visitan, es por tiempo reducido. Y las pocas conversaciones que se tienen son sobre la situación de la pandemia, hospitalizaciones, restricciones o vacunas. Esto desliza en el ambiente un halo de pesimismo y desánimo. ¡Cuánta falta hace la compañía y la visión optimista en estos tiempos! Pues eso es lo que se han propuesto en la parroquia María Madre del Amor Hermoso, de Villaverde Bajo: calmar la soledad y la ausencia de noticias animantes en tantas personas. La Hermana María del Carmen Serrano Mayo, religiosa del Verbo Encarnado, está destinada en la casa que su Congregación tiene en esta zona de Madrid y participa activamente en la comunidad parroquial. Ahí ha surgido la iniciativa.

Acompañamiento telefónico

Pensando de forma creativa la posibilidad de hacer llegar a enfermos y mayores una palabra de ánimo y consuelo, han diseñado una pastoral de acompañamiento telefónico. Se trata de una labor que no aparece en estadísticas oficiales ni ofrece frutos llamativos, pero resulta especialmente humana en esta situación de aislamiento provocada por el virus. “Hemos hecho un grupo de once voluntarios que contactan frecuentemente con estas personas para conocerles, interesarse por su situación y ofrecerles ayuda”, nos explica esta religiosa. Al principio aparecen ciertas prevenciones, pues a casi todos les resulta chocante “conversar por teléfono con personas que ni conoces”. La experiencia dice que poco tiempo después terminan forjándose preciosas amistades. El motivo profundo de esta iniciativa es hacer presente la caridad de Cristo en esas almas: “los cristianos tenemos que llevar a todos, especialmente a los que sufren, el calor y la cercanía de un Dios que les ama, les consuela, se interesa por ellos”.  

Una preciosa tarea

La hermana María del Carmen es la encargada de coordinar a los voluntarios y dar impulso a esta preciosa tarea. Reconoce que los mayores y enfermos “viven prácticamente solos y aislados, porque sus familiares no les visitan por miedo a contagiarles pero tampoco les dejan salir a la calle para evitar cualquier peligro”. Confiesa, por la experiencia que está teniendo con ellos, que “tienen necesidad de saber que ellos forman parte de esta vida que está en continuo movimiento, que no son parásitos, que son útiles, que pueden aportar una riqueza a esta sociedad”. Estas personas necesitan ser escuchadas pero también recibir palabras esperanzadoras que les animen a seguir luchando: “han trabajado mucho para construir la sociedad de la que disfrutamos y no podemos abandonarles como si ya no sirvieran”.

Lola, una de las voluntarias, nos cuenta que una vez por semana llama a Isabel, de 86 años, y pasa un rato charlando con ella sobre lo divino y lo humano. Los primeros días fueron momentos para ir conociéndose. “Ahora hablamos hasta de recetas de cocina y comentamos cómo nos han salido de ricos los platos”, confiesa divertida. Isabel ha compartido con ella sus sentimientos, miedos y alegrías. “Procuro acompañarla con cariño, escucharla siempre y, cuando puedo, le echo una mano o le doy ánimos”, apunta Lola. 

Amistades que perduran

Esta voluntaria reconoce que el confinamiento está siendo muy duro emocionalmente para los mayores y enfermos: “A Isabel, aunque recibe atención de sus hijos, le falta el contacto y la cercanía habituales con tantas personas que le animan la vida”. Estas llamadas telefónicas de Lola le han cambiado su día a día, que se hace monótono y rutinario: “una se siente muy acompañada, como si esa amiga estuviera contigo en casa: lo considero un regalo inmerecido de Dios”. La hermana María del Carmen Serrano Mayo comenta feliz los frutos de esa pastoral: “tanto las voluntarias como los mayores y enfermos con los que mantienen ese contacto están deseando conocerse físicamente: sin duda serán amistades que perdurarán en el tiempo”.

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