Lukas Wick estudió literatura árabe, estudios islámicos y filosofía en Ginebra y Damasco, se doctoró en Berna sobre la teología musulmana y el Estado constitucional, y escribe sobre temas relacionados con el islam.
Ahora ha publicado ‘Los desafíos del islam’ en Ediciones Palabra. Hace notar que la gente no se toma en serio el contenido del islam, y sugiere que sería bueno que se reconociera que “el islam es muy diferente, incompatible con una visión cristiana del mundo en muchos aspectos, y lo expresara abierta y honestamente en el diálogo”.
Comparte con Rémi Brague que el islam y el islamismo son dos variedades de la misma religión, ambas con la intención de someter el mundo al dominio de Alá, y que sólo difieren en los medios y en la paciencia para alcanzar este objetivo.
Al concluir, manifiesta que la progresión del islam es una gran oportunidad para profundizar en nuestra historia, en nuestros valores fundamentales y nuestras raíces cristianas.
En primer lugar, la génesis de su libro, qué le ha llevado a escribirlo. ¿Es sólo la ignorancia que advierte sobre el islam? Parece que hay algo más. Con la inmigración, el islam se extiende.
– Hace 2-3 años organicé una serie de conferencias sobre el islam. Después, me pidieron que editara mis observaciones para un público más amplio. El resultado es el pequeño libro ‘Los desafíos del islam’. Sin embargo, llevo más de veinte años estudiando la fe musulmana y su historia intelectual, en particular en mi tesis sobre ‘El islam y el Estado constitucional’. En vista de la inmigración musulmana a gran escala y de los innumerables estallidos de violencia islamista en los últimos años, no podemos evitar un debate intelectual sobre el islam. Con mi libro, me dirijo ante todo a un público amplio y no a un pequeño círculo de expertos.
Usted señala los desafíos que plantea el islam a la teología, la antropología, el derecho, la política. Y dice que “debemos tomar el islam tal y como es, sin suavizarlo ni pretender adaptarlo a nuestra sensibilidad”. Explíquelo un poco.
– En el discurso público, a menudo me doy cuenta de que el contenido del islam no se toma en serio. La gente intenta pasar por alto los aspectos desagradables y alinearlos con la concepción occidental de la persona, la libertad y los derechos humanos, pero al hacerlo tergiversan abiertamente el contenido del Corán.
Sería mucho más eficaz que la gente no intentara constantemente encontrar paralelismos y denominadores comunes, sino que reconociera que el islam es muy diferente, incompatible con una visión cristiana del mundo en muchos aspectos, y lo expresara abierta y honestamente en el diálogo.
Por ejemplo, las diferencias entre el Dios cristiano y Alá según el Corán, la relación con Dios, la graduación en la dignidad del hombre, la autoridad del hombre sobre la mujer, etc.
– El concepto de Dios distingue fundamentalmente la fe cristiana del islam. Los cristianos creen en un Dios trino. Dios es amor, se revela al hombre, le permite participar en su vida interior e incluso se acerca a él en Jesucristo. El islam, en cambio, tiene un concepto de Alá que apenas difiere de una imagen filosófica de Dios. Aunque Alá es el Dios único, en última instancia permanece distante del hombre. El temor a Dios es enorme en el islam, ya que amenaza constantemente con castigos aterradores en el Corán. Es lógico que estas diferencias se reflejen también en el concepto del hombre y su dignidad.
Los desafíos del islam
En el orden social, no se concibe un orden político que separe el plano espiritual del temporal. Quizá puede ser de interés comentar el concepto de guerra santa o ‘yihad’, con su cita al jesuita egipcio Samir Khalil Samir.
– Durante mi tesis doctoral, analicé un libro de Mahmut Shaltut. Fue jeque de al-Azhar entre 1958 y 1963 y, por tanto, la máxima autoridad del islam suní. En un pasaje escribe que la política y la religión no pueden separarse en el islam, igual que no se puede separar la cabeza del cuerpo de una persona sin matarla. Todos los intentos de ignorar este requisito teológico son deshonestos. Aunque la realidad política de los países islámicos sea a menudo muy diferente, la unidad de la política y la religión sigue siendo el ideal por el que hay que aspirar en el islam.
Lo mismo puede decirse de la yihad. La supuesta diferencia entre «yihad mayor» y ‘yihad menor’ carece de toda base histórica. La idea de que la yihad mayor es la lucha ascética contra las malas inclinaciones, por la virtud y la superación personal, como defienden algunos sufíes, y que la yihad menor es una lucha defensiva contra los enemigos del islam, es pura ilusión. Omar Abdel-Rahman, líder de la organización terrorista al-jama’a al-islamiyya, lo rechazó por ridículo en una extensa disertación en la Universidad de al-Azhar. Se le puede dar la vuelta que se quiera, el islam tiene esta dimensión militante. No tiene por qué expresarse siempre y en todas partes en una yihad bélica, pero el objetivo de la conquista del mundo no desaparece por ello.
Hablemos un momento de libertad religiosa, y de violencia y amenaza de violencia, yihadismo. ¿Cuál es su tesis?
– La libertad religiosa es, en última instancia, la cuestión crucial. Una democracia no puede prescindir de ella. Sin embargo, una democracia sólo puede garantizarla si sus ciudadanos están interiormente convencidos del valor de esta libertad. Ernst-Wolfang Böckenförde, juez constitucional alemán ya fallecido, dijo en una ocasión de forma sucinta: “El Estado liberal y secularizado vive de condiciones previas que él mismo no puede garantizar”.
Por eso, si cada vez hay más personas entre nosotros que no reconocen esta libertad, se erosionará e incluso puede llegar a desaparecer por completo en algún momento. También lo vemos con otros derechos que cada vez se erosionan más por otras razones (libertad de conciencia, derecho a la vida, libertad de expresión).
Los inmigrantes musulmanes suelen ser las primeras víctimas de la disminución de la libertad religiosa. La presión social y la amenaza de violencia a la que se ven expuestos les está imposibilitando en innumerables ciudades europeas ejercer su libertad religiosa y, posiblemente, alejarse del islam y acercarse a otras religiones.
Su libro indica que conviene distinguir entre la doctrina del islam (dimensión normativa), y los fieles del islam (dimensión efectiva). Muchos musulmanes en países occidentales no practican su religión y no querrían vivir con un régimen islámico. ¿Es así?
– La normatividad islámica difícilmente puede reformarse. La inviolabilidad del Corán, la tradición y el peso de la historia son hipotecas infranqueables. Sin embargo, muchos musulmanes en Europa a menudo sólo tienen una vaga idea del islam y se inventan algo que luego venden como “el” islam. Intentan adaptarse y serpentear entre sus creencias tradicionales y las comodidades de la sociedad de consumo moderna. Representan a la mayoría silenciosa que no desea el dominio islámico ni acude a la guerra santa.
Sin embargo, los creyentes fundamentalistas, en particular, intentan hacerse con el control de la interpretación y llegar a un número asombroso de jóvenes desarraigados y en busca de sentido a través de las modernas plataformas de comunicación. Las encuestas indican que un número alarmantemente alto de jóvenes desea un orden islámico bajo la sharia. Por desgracia, la historia nos enseña que pequeños grupos y bien organizados pueden conseguir mucho. Debemos estar vigilantes.
Dos cuestiones para concluir. La primera, usted no cree en un proceso de “suavizar el islam y su doctrina”, porque, siguiendo a Rémi Brague, la diferencia entre el islamismo y el llamado islam moderado es de grado, más que de naturaleza.
– No se puede debilitar el islam sin desnaturalizarlo. Quienes realmente creen que el Corán fue revelado por Alá en árabe puro tienen poco margen para la interpretación. Los llamados musulmanes fundamentalistas son, por tanto, musulmanes más coherentes. Organizan su vida totalmente según el Corán y no hacen concesiones, aunque esto irrite nuestra sensibilidad. En mi opinión, Rémi Brague lo resume bien. El islam y el islamismo son dos variedades de la misma religión, ambas con la intención de someter el mundo al dominio de Alá. Sólo difieren en la elección de los medios y en la paciencia para alcanzar este objetivo, pero no en su contenido.
Segunda cuestión, y última pregunta. Occidente está débil en el plano intelectual y, sobre todo, espiritual, y el islam se expande. Su tesis es que estamos ante una gran oportunidad para el viejo continente, y para los cristianos, de profundizar en nuestra historia, en nuestros valores fundamentales y nuestras raíces cristianas. ¿Cómo lograrlo?
– Sería demasiado fácil estigmatizar a los musulmanes y al islam. A pesar de sus aspectos altamente problemáticos y aterradores, la presencia del islam nos ofrece una buena oportunidad para tomar conciencia de la especificidad de la cosmovisión cristiana. El islam es una llamada de atención al cristianismo burgués y a los innumerables no cristianos o ex cristianos.
Nuestra cultura sigue estando fuertemente caracterizada por las ideas cristianas, que se reflejan en la vida cotidiana y en nuestras instituciones políticas. Los fundamentos cristianos de Occidente y sus manifestaciones muy específicas se ven hoy amenazados, por una parte, por el islam y diversas dictaduras, que rechazan estos fundamentos, y por otra, por una ”élite” laica, indiferente o incluso antirreligiosa, que quiere deshacerse de estos fundamentos. El debate intelectual con el islam es una oportunidad para tomarse en serio el patrimonio cristiano en lugar de gestionarlo como un museo.