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Los caminos de Europa hacia Santiago de Compostela

La Via Podiensis francesa, los caminos a Santiago desde Alemania, o la peregrinación de Escandinavia; son algunas de las rutas jacobeas que a lo largo de los años se han constituido en diversos lugares de Europa y que se dirigen hacia un mismo lugar: la Tumba del Apóstol Santiago.

Omnes·24 de julio de 2021·Tiempo de lectura: 6 minutos
Camino de Santiago

Francia: La Via Podiensis de Le Puy en Velay

—texto  José Luis Domingo, Aix-en-Provence

La Vía Podiensis, también llamada “ruta del Puy”, es uno de los 4 caminos principales que atraviesan Francia y convergen hacia España y luego hacia Santiago de Compostela.

Comienza en Le Puy en Velay y atraviesa los Pirineos por el puerto de Roncesvalles. Si es en gran medida la más “popular” de las grandes rutas de peregrinación a Santiago en Francia, se debe sin duda a este primer tramo: desde Le Puy a Conques, que se ha convertido casi en una “peregrinación” en sí misma. Una parte del camino con la que muchos se dan por satisfechos. Con una longitud de aproximadamente 300 kilómetros, lo que representa unos quince días de marcha para el excursionista “clásico”, esta ruta puede ser, en efecto, un viaje muy hermoso en sí mismo. En efecto, por sus lugares excepcionales, la belleza y la diversidad de los paisajes, puede colmar muchas expectativas. Y luego, entre espacios salvajes, riberas y lugares bucólicos, nos sumerge quizás más que ninguna otra en una “dulce Francia” soñada pero muy real.

La Via Podiensis tiene su origen en el nombre de la ciudad de Le Puy-en-Velay, desde donde el obispo Godescalc partió hacia Compostela en el año 950 d.C., acompañado de un numeroso grupo de personas como trovadores, juglares, pajes, barones, senescales y, por supuesto, arqueros y lanceros para protegerlos. El obispo fue entonces el primer peregrino no español que peregrinó a Compostela.

La ruta de Le Puy en Velay a Conques atraviesa 4 regiones ricas en flora, fauna y diversidad geológica: el Velay volcánico, la meseta de Margeride, las alturas de Aubrac y el valle del Lot. Paisajes de una belleza impresionante, como la vista de las gargantas del Allier o la salvaje meseta de Aubrac.

Llegados a Conques, para muchos será el final del viaje. Será el momento de volver a subirse a un autobús y regresar a su vida profesional, a su vida cotidiana. Es cierto que este trayecto casi perfecto, frecuentado ciertamente, pero sin llegar a la multitud de personas que recorren el Camino en España, puede constituir realmente un viaje en sí mismo. Pero continuar, o volver más tarde para seguir caminando, también merece la pena. En primer lugar, porque unas pocas etapas más tarde, se puede recorrer el hermoso valle del Célé, y también porque el camino a Compostela continúa, simplemente, a través de regiones muy hermosas y rincones menos convenientes, ¡pero eso también es parte del viaje! Le Puy-Conques es ciertamente muy bonito, agradable y lleno de sorpresas. Pero es casi demasiado perfecto para apreciar plenamente el carácter tan contrastado de la peregrinación a Santiago, que a veces sumerge al peregrino, en un entorno monótono, para facilitarle quizás la confrontación consigo mismo. El nómada no se pone en marcha si no tiene una tierra prometida con la que soñar; que termina siendo muchas veces una conversión grande o pequeña del corazón del peregrino que se proclama heraldo de su propia transformación.

El peregrino al igual que el héroe de la mitología griega se aventura fuera del mundo de la vida ordinaria y entra en un lugar de maravillas sobrenaturales; allí se enfrenta a fuerzas fabulosas y obtiene una victoria decisiva; el héroe regresa de esta misteriosa aventura dotado del poder de otorgar beneficios al hombre, su prójimo.

Camino de Santiago, camino hacia un lugar sagrado, los peregrinos sienten cada iglesia por la que pasan como su propia casa y los ateos encienden velas y reciben bendiciones.

Alemania: Los caminos germánicos

—texto  José M. García Pelegrín, Berlín

La primera peregrinación que se conoce a Santiago de Compostela desde un territorio alemán procede de la segunda mitad del siglo XI: según una fuente documental, el conde Eberhard VI de Nellenburg —al norte del Lago de Constanza— peregrinó a Santiago con su esposa Ita en 1070, después de su segunda peregrinación a Roma. A la vuelta de Santiago, Eberhard VI “el Beato” ingresó como hermano lego en el monasterio de Todos los Santos, que él mismo había fundado, mientras que Ita se retiraba con un grupo de mujeres piadosas a Schaffhausen.

Durante la Edad Media los peregrinos centroeuropeos, para dirigirse a la frontera hispano-francesa, empleaban los caminos comerciales y militares; en particular destacan diversas “Via Regia” (Camino Real), cuyos orígenes se remontan a los siglos VIII y IX y que cruzaban todo el Sacro Imperio Romano-Germánico. Con la Reforma protestante decayó la peregrinación, sobre todo en el norte de Alemania.

Tras la revitalización del Camino de Santiago a partir de la década de 1980, también en Alemania se comenzaron a señalizar diversos caminos —en la actualidad, son unos 30 en total— con la particularidad de que fue precisamente un pastor protestante, Paul Geissendörfer, quien en 1992 marcó un camino de Santiago que iba de Núremberg a Rothenburg ob der Tauber, y que sería el núcleo del “Camino de Santiago de Franconia” (1995). Los últimos en añadirse han sido, en 2005, los “Caminos de los peregrinos de Santiago en el norte de Alemania”, con dos ramas, la Via Baltica y la Via Jutlandica, que responde a una cooperación germano-danesa.

A la difusión del Camino de Santiago en Alemania contribuyó enormemente el relato autobiográfico del conocido comediante Hape (Hans-Peter) Kerkeling, publicado en 2006, denominado Ich bin dann mal weg – Meine Reise auf dem Jakobsweg (Me piro: mi viaje por el Camino de Santiago); con una tirada de más de siete millones de ejemplares lideró durante 103 semanas (de 2006 a 2008) la más prestigiosa lista alemana de bestsellers, la del semanario Der Spiegel; además, se hizo una versión cinematográfica en 2015. Kerkeling se propone profundizar en la búsqueda del sentido de la vida, pero para ello evita a los peregrinos cristianos “clásicos” (“Terminarán el viaje siendo iguales a como comenzaron”) y busca a los “raros y exóticos”. El éxito de este libro evidencia que la mayoría de los alemanes no recorren el Camino motivados por hacer una peregrinación tradicional. Con todo contribuyó a que, en 2007, el número de alemanes que hicieron el Camino aumentara en un 74 por ciento.

Por otro lado, la inmensa popularidad de que goza el Camino, con independencia de la confesión religiosa, se refleja en su difusión precisamente en regiones tradicionalmente protestantes; así, por ejemplo, en 2011 se fundó la Sociedad de Santiago de Brandenburgo-Región del Oder, que se ocupa -según su propia página web- de “los intereses de los caminos y peregrinos de Santiago en Berlín, Brandenburgo y regiones limítrofes”. Y añade: “la variopinta composición de sus miembros refleja lo que fue ocasión para su fundación y los fines de la asociación: el interés y el gozo de dirigirse por los caminos a Santiago de Compostela”. Como otras asociaciones regionales, concretamente buscan señalizar los recorridos, colocar paneles informativos y conectarlos con la red europea del Camino “para contribuir a la cooperación europea y al entendimiento internacional”.

Suecia: El camino de Escandinavia

—texto  Andrés Bernar, Estocolmo

El cristianismo se implantó en Suecia bien entrado el segundo milenio. El Rey santo Erik murió en 1160 dejando un país cristiano. Evidentemente también llegaban aquí las tradiciones de peregrinar a los lugares santos: Tierra Santa, Roma y también Santiago.

En los países nórdicos existía también la tradición de peregrinar a Nidaros (la actual Trondheim, en el noroeste de Noruega). La tradición medieval de las peregrinaciones encontró en los países nórdicos una buena acogida, dado también su carácter aventurero.

Santa Brígida, la santa nacional sueca y patrona de Europa, les dio un impulso cuando ella misma con su esposo peregrinó a Santiago de Compostela en 1343. Hicieron todo el camino a pie a lo largo de varios meses. Hoy día la distancia es de 3200 km por el camino más corto.  No sabemos exactamente el recorrido que hizo la santa pero posiblemente fuera más largo aún. En el viaje de vuelta -en Arras, en Francia- su esposo Ulf cayó enfermo. San Dionisio se apareció a la santa y le dijo que su marido no moriría en esa ocasión. Lo hizo poco después de su regreso a Suecia y ello supuso el comienzo de la actividad de santa Brígida como fundadora de la nueva orden.

La peregrinación de la santa despertó el fervor popular y poco a poco se hicieron más frecuentes las peregrinaciones, tanto a Roma como a Santiago. En Estocolmo se construyó la iglesia de Santiago (St Jakobs Kyrka) a comienzos del siglo XIV en el actual parque de Kugsträdgården, entonces al norte de la ciudad antigua. Esa sencilla iglesia de madera fue sustituida por una más grande, con tres naves y de ladrillo, en 1430. De ella partían los peregrinos a su largo viaje con la bendición y protección del santo.

El protestantismo borró literalmente el catolicismo y sus costumbres, también las peregrinaciones, durante los siglos XVI y XVII. A partir del siglo XVIII se vislumbra de nuevo una apertura que no se hará completa hasta finales del siglo pasado.

El camino de Santiago se retoma de modo oficial en 1999 cuando la Asociación de Santiago se constituye en Estocolmo bajo los auspicios del obispo diocesano; su presidente es el diácono permanente Manuel Pizarro. La idea inicial era ayudar a redescubrir la espiritualidad de las peregrinaciones entre los católicos de Escandinavia, y se fomentaban las peregrinaciones a los lugares clásicos del cristianismo: Tierra Santa, Roma, Santiago y también Lourdes y Fátima. En el mismo 1999 se organiza una peregrinación a Santiago siendo esta la “Primera peregrinación de Escandinavia” desde la Reforma protestante. Así fue reconocida por el Arzobispo de Santiago cuando los peregrinos llegaron a su destino y fueron recibidos por el prelado, como nos cuenta Manuel. Pocos años después el mismo obispo de Estocolmo les acompaña en otra peregrinación. Desde el comienzo muchos suecos protestantes se fueron sumando a estas peregrinaciones viendo en ellas una estupenda oportunidad para descubrir algo diferente a lo que su iglesia les decía. Buscaban su camino personal y su propia vocación. En los veinte años de esta iniciativa cada vez son más los luteranos que se interesan. El hecho de que sean una Asociación permite también subvencionar la peregrinación a personas con dificultad para pagar un largo viaje.

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