Vaticano

«La libertad cristiana se basa sobre dos pilares: la gracia de Dios y la verdad»

En la catequesis del miércoles, el Papa Francisco ha centrado su reflexión sobre la libertad cristiana, asegurando que «la llamada es sobre todo a permanecer en Jesús, fuente de la verdad que nos hace libres».

David Fernández Alonso·6 de octubre de 2021·Tiempo de lectura: 3 minutos
libertad cristiana

El Papa Francisco ha centrado la catequesis de este miércoles sobre la libertad cristiana: «En la Carta a los Gálatas, San Pablo ha escrito palabras inmortales sobre la libertad cristiana. Hoy nos detenemos sobre este tema».

«La libertad», comenzó Francisco, «es un tesoro que se aprecia realmente solo cuando se pierde. Para muchos de nosotros, acostumbrados a vivir en la libertad, a menudo aparece más como un derecho adquirido que como un don y una herencia para custodiar. ¡Cuántos malentendidos entorno al tema de la libertad, y cuántas visiones diferentes se han enfrentado a lo largo de los siglos!»

«En el caso de los gálatas, el apóstol no podía soportar que esos cristianos, después de haber conocido y acogido la verdad de Cristo, se dejaran atraer por propuestas engañosas, pasando de la libertad a la esclavitud: de la presencia liberadora de Jesús a la esclavitud del pecado, del legalismo, etc. Por tanto, invita a los cristianos a permanecer firmes en la libertad que han recibido con el bautismo, sin dejarse poner de nuevo bajo «el yugo de la esclavitud» (Gal 5,1). Pablo es justamente celoso con la libertad. Es consciente de que algunos «falsos hermanos» se han infiltrado en la comunidad para «espirar – así escribe – la libertad que tenemos en Cristo Jesús, con el fin de reducirnos a esclavitud» (Gal 2,4), y no puede tolerarlo. Una predicación que tuviera que excluir la libertad en Cristo nunca sería evangélica. Nunca se puede forzar en el nombre de Jesús, no se puede hacer a nadie esclavo en nombre de Jesús que nos hace libres».

Pero el Papa asegura que la enseñanza de San Pablo sobre la libertad es sobre todo positiva. «El apóstol propone la enseñanza de Jesús, que encontramos también en el Evangelio de Juan: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (8,31-32). La llamada, por tanto, es sobre todo a permanecer en Jesús, fuente de la verdad que nos hace libres. La libertad cristiana se funda sobre dos pilares fundamentales: primero, la gracia del Señor Jesús; segundo, la verdad que Cristo nos desvela y que es Él mismo».

«En primer lugar», continúa, «es don del Señor. La libertad que los gálatas han recibido – y nosotros como ellos – es fruto de la muerte y resurrección de Jesús. El apóstol concentra toda su predicación sobre Cristo, que lo ha liberado de los vínculos con su vida pasada: solo de Él brotan los frutos de la vida nueva según el Espíritu. De hecho, la libertad más verdadera, la de la esclavitud del pecado, ha brotado de la Cruz de Cristo. Precisamente ahí donde Jesús se ha dejado clavar, Dios ha puesto la fuente de la liberación radical del hombre».

«Esto no deja de sorprendernos», afirma el Papa: «que el lugar donde somos despojados de toda libertad, es decir la muerte, puede convertirse en fuente de la libertad. ¡Pero este es el misterio del amor de Dios! Jesús mismo lo había anunciado cuando dijo: «Por eso me ama el Padre: porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo» (Jn 10,17-18). Jesús lleva a cabo su plena libertad al entregarse a la muerte; Él sabe que solo de esta manera puede obtener la vida para todos. Pablo había experimentado en primera persona este misterio de amor. Por esto dice a los gálatas, con una expresión extremadamente audaz: «Con Cristo estoy crucificado» (Gal 2,19)».

«En ese acto de suprema unión con el Señor», asegura el Santo Padre, «él sabe que ha recibido el don más grande de su vida: la libertad. Sobre la Cruz, de hecho, ha clavado «la carne con sus pasiones y sus apetencias» (5,24). Comprendemos cuánta fe animaba al apóstol, qué grande era su intimidad con Jesús y mientras, por un lado, sentimos que a nosotros nos falta esto, por otro, el testimonio del apóstol nos anima».

Francisco continúa con el segundo pilar de la libertad: la verdad. «También en este caso es necesario recordar que la verdad de la fe no es una teoría abstracta, sino la realidad de Cristo vivo, que toca directamente el sentido cotidiano y general de la vida personal. La libertad hace libres en la medida en la que transforma la vida de una persona y la orienta hacia el bien. Para ser realmente libres necesitamos no solo conocernos a nosotros mismos, a nivel psicológico, sino sobre todo hacer verdad en nosotros mismos, a un nivel más profundo».

Concluye afirmando que «ahí, en el corazón, abrirnos a la gracia de Cristo. La verdad nos debe inquietar, nos debe plantear continuamente preguntas, para que podamos ir siempre más al fondo de lo que realmente somos. Descubrimos de esta manera que el de la verdad y la libertad es un camino fatigoso que dura toda la vida. Un camino en el que nos guía y nos sostiene el Amor que viene de la Cruz: el Amor que nos revela la verdad y nos dona la libertad. Y este es el camino de la felicidad».

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